Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bien Común: Indefinición
Eduardo García Gaspar
10 noviembre 2009
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Los libros de texto, para secundaria en México, que conozco, enfatizan con fuerza la necesidad de considerar el bien común cuando las personas actúan. Se les enfatiza a los alumnos que para que una acción sea éticamente correcta debe estar conforme con el bien común… con un problema: el bien común nunca es definido.

Se les dice que las acciones realmente buenas contribuyen al logro de ese bien común y que, por eso, los intereses de las personas deben estar subordinados a los intereses de su comunidad… con otro problema: nunca se establecen cuáles son los intereses de la comunidad.

Todo el sabor que dejan esos libros es la superioridad de la comunidad frente a la persona e implantan una definición de bien común que no sirve de nada para la vida futura del estudiante.

Esa lección que los alumnos mexicanos reciben es parte del rollo estándar de lo políticamente correcto: una cosa tan vaga e indefinible que no tiene utilidad ni significado. Puede ser usada para justificar las ideas de Adam Smith, pero también las de Marx. Y, por eso, es una pena que los alumnos reciban una instrucción tan mala.

Si usted dice que debe considerarse el bien de la comunidad en las decisiones personales, podrá justificar de inmediato la apertura de empresas particulares que producen satisfactores de necesidades, empleo y otros beneficios. Pero también podrá justificar la nacionalización de esas empresas.

Usando al bien común como criterio, es posible defender la privatización del monopolio estatal petrolero, pero también su conservación como empresa estatal. En concreto, la idea de considerar al bien común en las decisiones personales no aporta nada específico y es un criterio de escasa utilidad. Ante la indefinición, cualquiera que vea esto con un poco de sentido común, concluirá que el bien común, no es ni bien ni es común.

Pero no sólo tiene poca utilidad, sino que presenta una consecuencia lógica. Por un lado, presupone que las personas tienen libertad para actuar decidiendo por sí mismas. Esto es comprendido con facilidad: usted y yo podemos hacer cosas según nuestros criterios, y también lo pueden hacer el resto de las personas.

Si existe esa misma libertad en todos, la única posibilidad de definir el bien común es un estado de cosas en las que la libertad individual es respetada. El bien común no es otra cosa que tener personas que son libres para decidir por sí mismas y el “mal común” significaría violar esa libertad de cada persona.

Esto es lo que hace que no tenga sentido decir que la persona deba estar subordinada a la comunidad. Lo único que tendría sentido seria afirmar que las personas no pueden alterar las libertades de los demás y nada más que eso. Si alguien reclamara el bien común para limitar la libertad de otro, sería sólo porque quiere anular la libertad del otro… que es el propósito de los dictadores.

La razón de lo anterior es obvia: si usted o yo hacemos una cosa, la que sea, es porque creemos que será en nuestro beneficio y nada más por eso [véase el post scriptum]. No hay otra razón de nuestras decisiones. Por eso es que, siendo libres las personas, con cada acción que realicen mejorarán, poco o mucho, pero lo harán.

Y así logramos una mejor definición del bien común: el respeto a la libertad de todos los que habitan en una comunidad. Siendo libres, por iniciativa propia, sus acciones individuales elevarán el bienestar de los que las realicen.

Pero queda por resolver un problema. ¿Por qué tanto énfasis en decir que el individuo es inferior al bien común? No tiene sentido lógico hacerlo, pero se dice con frecuencia y se les enseña a los alumnos como un dogma. Una explicación es inocente, la otra es malévola.

La explicación inocente vería a ese énfasis como el resultado de una equivocación, un error de razonamiento y nada más. Una repetición de lo políticamente correcto y ya.

La explicación malévola vería a ese énfasis en la sumisión de la persona a la noción indefinida del bien común como un riesgo autoritario: se le dice al ciudadano que debe someterse a un interés colectivo vago, que nadie en realidad conoce, pero que es una buena excusa para que un gobierno se imponga sobre las personas. Cuando el gobernante define al bien común, la libertad se termina.

Todo lo que quise hacer es tomar una de las muchas ideas chatarra que existen en los libros de civismo y en política, para analizarla siquiera un poco. Y demostrar que la frase de que la persona está subordinada al bien común significa que ella debe respetar en los otros la libertad que tiene.

Pero además demostrar que si no se tiene una definición clara del bien común, la frase puede ser con facilidad usada para que todos pierdan su libertad.

Post Scriptum

Cada vez que trato este tema, surge una observación. Alguien dice que buscar nuestro beneficio personal significa  necesariamente producir un daño a los demás, que se deba actuar sin egoísmo, que debemos renunciar a nuestros intereses personales y sacrificarnos en aras del bien común.

Hacer ese comentario es pueril.

Primero, actuar de acuerdo con mis intereses no significa que inevitablemente dañaré a los demás; no todo es suma cero. Y, un mínimo conocimiento de economía indicará que en todo intercambio voluntario hay beneficios mutuos.

Segundo, actuar de acuerdo con mis intereses no significa que soy un egoísta codicioso que lo único que busca es un beneficio personal y ninguna acción altruista. El buen samaritano pudo ayudar gracias a tener recursos propios, como también los tenían los que pasaron si ayudar al hombre asaltado. Los intereses personales pueden incluir obras altruistas, pero también acciones inmorales.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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