Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Centralizada
Leonardo Girondella Mora
6 abril 2009
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La existencia diaria, cuando se piensa en ella, suele en algunas personas producir una reacción que es la opuesta a la que otros tienen —muchos ven en la vida una serie de sucesos sin orden, ni sentido, que no tiene caso siquiera tratar de explicar. Para otros, lo opuesto es cierto, el pensar en la vida como una serie de sucesos predeterminados ordenados antes y que no pueden cambiarse.

No creo que ninguna de esas posturas sea satisfactoria —la existencia humana no es un desorden absoluto y tampoco es el orden preestablecido e incambiable. La existencia, y los sucesos que la forman, son mucho mejor entendidos como el resultado de las decisiones libres de personas que actúan bajo las limitaciones de sus circunstancias.

Y esto da pie a ver a la existencia propia como una que la libertad explica —una libertad que no es total. Es decir, se quiera o no, se es libre; las personas lo son y el punto es uno de qué tantos pueden ejercer esa libertad hasta el punto en el que es posible. Puede ser que la libertad sea ejercida por unos pocos, o que lo sea por muchos.

Dentro de una comunidad cualquiera, la existencia de sus miembros se da en un ambiente creado por la libertad humana y los sucesos que ella produce —cuando sólo unos pocos de esos miembros tienen libertad, ese arreglo social se llama dictadura (o cualquier otro apelativo similar): la libertad es de unos pocos, cuyas acciones son impuestas en la vida del resto, que no tienen ese mismo nivel de libertad.

El otro arreglo social posible, es en el que todos son miembros tienen una libertad de similar nivel, es decir, la libertad se encuentra dispersa entre las personas —que es lo opuesto al caso anterior, cuando sólo unos pocos tienen libertad.

Con lo anterior quiero intentar especular sobre un razonamiento que no he encontrado en otras partes y que puede ser muy poco ortodoxo —parto de la premisa de que la libertad existe y ella es inevitable en las personas: ser libre está en la naturaleza humana se quiera o no reconocer. La libertad es parte de la esencia natural de las personas, pero ella puede o no realizarse dependiendo del arreglo social bajo el que se viva.

Dentro de un sistema político de poder concentrado, en el que caben una dictadura sea del signo que sea, o el totalitarismo más extremo, sigue existiendo la libertad en todas las personas, al menos en potencia, pero ella se ha concentrado en quienes detentan el poder. Se suele hablar de concentración de poder y lo que yo quiero proponer es que quizá puede hablarse de concentración de la libertad —sólo unos pocos son libres en un sistema dictatorial.

Por ejemplo, en Corea, Venezuela y otros países, la libertad está concentrada en unas pocas personas —como lo estuvo en la España de Franco, o en Chile con Pinochet. La dispersión de libertad es el caso opuesto, en países como Irlanda, Chile ahora y otros más. La diferencia está en la concentración o dispersión de la libertad entre los ciudadanos de cada país.

Como consecuencia de esta manera de plantear a la política de un país, como de libertad concentrada o dispersa, se tiene algo que debo hacer explícito. Cuando la libertad en una comunidad se encuentra muy concentrada en unos pocos, también está concentrada la responsabilidad —y por tanto, las personas comunes en este caso son irresponsables, no porque sean inmaduros, sino porque la responsabilidad se les ha retirado: quizá puede mejor usarse la palabra aresponsables.

En el otro extremo, de una comunidad de libertad dispersa, las personas son responsables en mucho mayor grado pues pueden realizar actos decididos voluntariamente.

En conclusión, la especulación anterior propone que puede ser de utilidad explorar a los sistemas políticos sobre una dimensión de concentración/dispersión de libertad, adicionalmente a la dimensión de concentración/desconcentración de poder —con la ventaja de que hacer esto añade el examen de la responsabilidad de las personas y su realización como tales.

La exploración del nivel de dispersión de la libertad y su inseparable responsabilidad incorpora de manera más explícita a la naturaleza humana —o como a veces suele hablarse, de la antropología de la política: la facilidad con la que la política reconoce y hace florecer a la esencia humana.

Si se reconoce a la esencia humana como una que tiene libertad por naturaleza, resultará más fácil argumentar en favor de sistemas políticos de libertad dispersa —y mucho más difícil defender a sistemas de libertad concentrada en unos pocos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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