Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mienten a los Jóvenes
Eduardo García Gaspar
30 julio 2009
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Fue como un viaje al pasado. Fue escuchar de nuevo, palabras muy conocidas, que eran sólo nuevas para unos. Fue ver el mismo rollo, como una repetición no instantánea. Era un programa de televisión, uno de esos en los que se reúnen personas para hablar de política.

El conductor del programa había reunido a unas seis personas, la mayoría de ellas eran lo que él llamó “jóvenes”, a los que llenó de adjetivos y frases.

“Ustedes son el futuro”, “dejaremos el mundo en sus manos”, “los jóvenes son el futuro del país”, “ las nuevas generaciones tienen la capacidad”.

Y, lo peor, es que a esas frases usadas y sin sentido, los jóvenes contestaban con frases igualmente vacías.

“Los jóvenes estamos conscientes de nuestros derechos”, “la juventud quiere participar”, “somos esperanza del cambio”, “estamos unidos y preparados”.

Era francamente curioso que los jóvenes tomaran las frases de los viejos y las creyeran suyas.

Neto, neto, lo mismo que escuchamos los que éramos jóvenes en mi generación. Lo mismo que he escuchado decir a quienes hablan a la juventud desde entonces. Muy descorazonador, la verdad.  Pero más aún lo es, escuchar a jóvenes creyéndose nuevos y repitiendo las frases que otros les han enseñado. Los mismos clisés.

Me parece que es esto parte del escenario en el que todos recitan líneas memorizadas cuyo contenido es vacío, nada significan, nadie puede definir y todos aplauden. Es una exageración de la juventud, que engaña a todos. Los mayores creen que dicen cosas profundas y los jóvenes piensan que todo lo pueden.

La exageración juvenil se une a otra patología semántica, el abuso de nombres colectivos que agrupan por igual a todos. Gustan usar colectividades, hablar de jóvenes como si todos ellos fueran iguales. O de mujeres como si también lo fueran. O de mayores. O de lo que sea.

Lo hacen porque eso permite igualar a todos, esa pasión desbordada de los tiempos actuales. Presupone que todos los jóvenes son iguales, que todos tienen la misma capacidad. Que ninguno de ellos puede ser diferenciado. Equivocan la palabra. No deberían hablar de que el futuro es de la juventud. No lo es, excepto por el hecho inevitable de que los mayores morirán antes que ellos.

El futuro no es de la juventud en el sentido que lo quieren decir. El futuro es de quienes sean más capaces, mejores, más preparados, con más ansias de triunfar, de los más curiosos, de los esforzados. El resto de la gente dependerán de ellos.

Una vez no hace mucho, un tipo de mi edad, ya maduro, argumentaba en favor de Obama. No era eso lo importante, sino que se justificaba diciendo que “hay que darle oportunidad a los jóvenes para gobernar”. Un razonamiento por demás curioso.

Cualquiera habría dicho que entre las cualidades de un buen gobernante, la edad es una de las menores consideraciones. Sería razonable hablar de prudencia, de experiencia, de conocimientos amplios… pero, ¿de edad? Peor aún, muchas cualidades del gobernante son opuestas a la juventud, como la prudencia y la experiencia.

En fin, creo que estamos severamente afectados en nuestro lenguaje por dos cosas. Una es el empleo sin sentido de palabras que denotan colectivos que se presupone incluyen a personas que son todas iguales. Nunca habrá dos personas iguales. Los humanos somos todos diferentes. Y eso es grandioso.

La otra es esa desmedida exaltación de la juventud a la que se engaña diciéndole que ella es el futuro, que son la nueva sangre, que el mundo estará en sus manos. Son pamplinas. La pena que da es que existen jóvenes que se tragan esas mentiras y terminan pensando que el mundo es suyo y que todo lo saben por el simple hecho de tener cierta edad.

Una vez hace tiempo, vi un programa de concurso en la televisión. Competían varios jóvenes cantando para convertirse en una estrella famosa. La única cantante que escuché lo hizo mal, desafinaba en serio y olvidó la letra en un momento. Los jueces del programa la alabaron, la exaltaron, le dijeron que tenía futuro. Le mintieron. Quizá ella aún crea que puede cantar.

Quizá sea que en el fondo existe un terrible miedo a decir la verdad. A decir a los jóvenes que el futuro no es de ellos, sino de los mejores entre ellos. Preferimos los colectivos porque ellos nos cobijan de la realidad. Pero a ella no la podemos evitar. Nos alcanza siempre.


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