Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Por una Navidad Libre
Eduardo García Gaspar
14 diciembre 2009
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quienes defendemos a la libertad como parte de la esencia misma del ser humano, lo hacemos señalando los peligros que tiene la expansión del gobierno. Cada vez que el gobierno aumenta su poder, nuestra libertad disminuye sin remedio y nos deja siendo menos humanos.

Pero en esa defensa de la esencia humana, solemos quedarnos sin llevar la discusión a otro nivel. Por estar atentos a los ataques de los adoradores del gobierno, dejamos de hablar de otra faceta de la libertad y lo que este olvido produce es una idea inexacta de la libertad.

Sí, la libertad es parte misma de nuestra esencia. Sí, la libertad es la ausencia de obstáculos para decidir y hacer. Sí, la libertad es un derecho universal, más aún, es el derecho. Pero hay más que eso en la libertad y estos días son buenos para hablar de la otra faceta de la libertad.

Existe, estoy seguro, una imagen incompleta de la libertad cuando se ilustra con las acciones de personas que actúan de acuerdo con decisiones frígidas y desapasionadas, como haciendo cálculos matemáticos que buscan optimizar el bien personal sin consideración alguna por los demás.

En esa imagen de la libertad hay frialdad y aislamiento. No parece haber en ella lugar para la compasión, la caridad, ni la solidaridad. Y así, los defensores de la libertad solemos ser descritos como partidarios del egoísmo extremo y la codicia sin límites. Es falso, pero muchos nos ven así.

Nos ven así porque se nos olvida poner sobre la mesa algo tan obvio que pasa desapercibido: sólo con libertad es posible ser compasivo, altruista y solidario con los demás. Cuanta menos libertad tengamos, menos podremos ser de servicio a los otros. Es decir, a más expansión gubernamental menor oportunidad de que seamos compasivos con los demás por iniciativa propia.

Podemos verlo en esta época del año imaginando dos situaciones. En una de ellas, usted es muy libre, el gobierno es limitado y puede usted hacer lo que guste respetando esa misma libertad en los otros. Podrá optar por portarse como un avaro codicioso que a nadie ayuda, pero también podrá comprar regalos de Navidad a otros, como sus amigos, familiares y personas pobres. Es maravilloso porque es meritorio: nadie obliga a hacerlo y sin embargo se hace.

En la otra situación, usted no es libre. El gobierno es muy grande y caro, cobra muchos impuestos y tiene muchas leyes que bloquean la libertad. El gobierno se ha echado sobre sus hombros el hacer obras caridad y de bienestar social. Usted ya no tiene que hacerlas y si lo quisiera, no será fácil con tantas limitaciones a su libertad. Lo que sea que se haga para ayudar a los pobres, en esta situación, ya no tiene mérito de nadie.

Claro que entre esos dos extremos hay una gran gama de situaciones intermedias, pero en todas ellas se ha reducido la posibilidad del mérito personal que hay en los actos voluntarios de ayuda a otros. La conclusión es obvia: sólo siendo libres podemos ser realmente compasivos con los demás. Cada porción de libertad que perdemos por causa de la expansión del gobierno es una pérdida también para tratar a otros como quisiéramos ser tratados.

La Navidad es un buen tiempo para recordar las libertades personales. Dios pidió a María ser la madre de Jesús. No la obligó. Ella podía haber dicho que no. José podía haberse negado a casarse con María. Nadie lo obligó a hacerlo. Los Magos de oriente hicieron un viaje libre y dieron regalos voluntarios. Los pastores fueron al pesebre porque quisieron, no porque alguien los obligó.

Esa es la maravilla de la libertad, la de poder decidir sin que medie la fuerza de otros. Si acaso existiera una ley que obligara a dar regalos de Navidad a los vecinos, y un policía nos acompañara a verificarlo, lo haríamos de mala gana y con obsequios de escaso valor. Pero si somos libres, pocas cosas habrá tan satisfactorias como ver la sonrisa de un niño al que se le da un regalo, o de un vecino al que se le da la cerveza que uno sabe que le gusta.

Hablar de estas cosas es lo que se nos olvida a los que defendemos a la libertad. Solemos estar tan pendientes de los ataques que nos hacen los adoradores del gobierno que dejamos de mencionar esta faceta de la libertad. Sólo si somos libres podremos ser compasivos y solidarios con los demás. A más libertad, más ayuda podremos dar a otros. Y cuanto menos libres seamos, menos caridad podremos realizar.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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