estado de bienestar

¿Qué es paternalismo? Definición, características, supuestos, elementos, críticas.

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Paternalismo, su contrario

Para comprender qué es paternalismo, una palabra quizá demasiado vaga, el entendimiento de la postura opuesta es de gran ayuda.

La concepción más o menos aceptada del ser humano, lo coloca como una persona con capacidades de razonamiento y que puede actuar.

La persona entiende la realidad, puede encontrar relaciones de causa-efecto y eso le permite actuar en busca de fines posteriores a sus acciones.

Este es el punto de partida de las escuelas políticas que defienden a la libertad personal.

Ellas aceptan que las personas pueden cometer errores en sus decisiones, pero que son capaces de aprender, conocen sus intereses propios y los ajenos y que saben más de lo que les conviene que cualquier otro.

Paternalismo, su creencia

El paternalismo y las escuelas políticas que lo usan parten del punto de vista exactamente opuesto.

Creen que las personas no conocen sus propios intereses ni los ajenos, que cometen errores enormes en sus decisiones, que ignoran lo que en verdad les conviene y que tienen capacidades muy limitadas para razonar.

En resumen, el paternalismo supone que las personas no conocen lo que en realidad les conviene para su propio bienestar, ni eso, ni cómo lograrlo

Paternalismo, definición

La conclusión es, por tanto, la de que alguien más tome las decisiones personales.

La misma palabra ‘pater’nalismo connota el significado, como en el caso del padre de familia que toma las decisiones del hijo que aún no puede decidir por sí mismo.

📌 Paternalismo, por tanto, puede ser definido como la sustitución sistemática de decisiones de personas adultas por parte de otros adultos.

«Tendencia a aplicar las formas de autoridad y protección propias del padre en la familia tradicional a relaciones sociales de otro tipo; políticas, laborales». dle.rae.es

O más ampliamente:

«Paternalismo, actitud y práctica que comúnmente, aunque no exclusivamente, se entienden como una violación de la libertad personal y la autonomía de una persona (o clase de personas) con una intención benéfica o protectora. El paternalismo generalmente implica reclamos competitivos entre la libertad individual y el control social autorizado. Las preguntas relacionadas con el paternalismo también pueden incluir tanto los reclamos de derechos individuales y protecciones sociales como los medios legales y socialmente legítimos de satisfacer esos reclamos. El uso discursivo del término paternalismo es casi exclusivamente negativo, empleado para disminuir políticas o prácticas específicas al presentarlas en oposición a la libertad individual» britannica.com

Uno o más adultos consideran que otro u otros adultos no tienen capacidad para saber lo que les es más conveniente y, por esa causa, actúan en su lugar. Su intención es de protección y cuidado, pero realizan una sustitución de razón y de libertad.

El término es usado con demasiada ligereza. Por ejemplo, en la situación de un padre de familia que toma decisiones de selección de escuela para su hijo de 6 años, la idea de paternalismo resulta comprensible y deseable.

En el caso de un hijo de 18 años, la idea comienza a tener sentido pues el padre sigue decidiendo por su hijo, pero podría ser interpretado como una ayuda paterna que orienta al hijo.

Paternalismo, acción de gobierno

El verdadero paternalismo, aplicado en su total extensión, se da cuando existe entre adultos y uno de ellos tiene poder sobre el otro para forzarlo a actuar de cierta manera. Esto solo puede suceder en las relaciones del gobierno con los ciudadanos.

La justificación de este paternalismo es la obvia. Presupone que el adulto que ordena, el gobierno, sabe más que el otro sobre lo que conviene a este y puede forzar al ciudadano a actuar así.

📌 Ya que el gobierno es la institución que tiene poder sobre los demás, el paternalismo en toda su extensión solo puede ser implantado por los gobiernos y por la vía de la coerción.

Ejemplos

Una situación muy descriptiva del paternalismo se da en muchas órdenes y disposiciones de los gobiernos. Esas que se justifican con el supuesto de que los gobernantes saben más que los ciudadanos sobre lo que a estos conviene.

Por ejemplo, una disposición de gobierno que ordena una aportación obligatoria para ahorrar en fondos de jubilación, es un acto claro de paternalismo. Supone que la persona que ordena sabe más que la otra en el manejo de los ingresos de esta.

O bien, la prohibición de fumar en restaurantes. La de venta y producción de bebidas alcohólicas o marihuana. La obligatoriedad de uso de cinturones de seguridad en automóviles.

Sustitución de decisiones

El paternalismo es un mecanismo de sustitución de decisiones, por medio del que una persona manda realizar a otra acciones que esta no necesariamente realizaría.

Se justifica suponiendo que la persona que ordena sabe más sobre el bienestar de la otra que esta misma.

En un extremo que ilustra esto, sería paternalismo que un gobierno decidiera el lugar para vacacionar de sus ciudadanos y les ordenara, por ejemplo, ir a la montaña porque ello es más sano que ir a la playa.

Tal orden sustituiría la decisión propia de cada persona, la que podría optar por ir a la playa a pesar de mayores riesgos (si es que eso es cierto).

Más ejemplos

La realidad muestra un caso en las disposiciones que hacen obligatorio el uso del cinturón de seguridad en los autos. La autoridad ha anulado la decisión de usarlo o no por parte de la persona.

Sabiendo un adulto los riesgos que corre usando o no el cinturón, podría decidir por sí mismo siendo adulto. Pero en este caso, el gobierno no lo considera capaz de tomar esa decisión personal y por eso lo obliga.

Otra faceta del paternalismo es el tratamiento de grupos considerados vulnerables, de los que siempre se tiene una imagen de inhábiles e incapaces. Y a los que se suele ayudar con mecanismos que sustituyen sus decisiones personales (una táctica que asombrosamente es causa de popularidad del gobernante).

Por ejemplo, las ayudas a madres solteras sustituyen las decisiones que ellas pueden tomar haciéndolas pasivas al esperar recursos que otros creen que son mejores que el dejarlas actuar por su cuenta y en conjunto con sus familiares.

La educación universitaria gratuita supone que el bienestar de todos los ciudadanos está en lograr un título y no en la decisión personal de quizá pensar que no.

Paternalismo desde el poder

Los gobiernos son fuente clásica de acciones paternalistas cuando aplican medidas que son justificadas por el bienestar de la población. Aunque en realidad sustituyen las decisiones de esos mismos ciudadanos con un efecto colateral muy indeseable, el hacerlos dependientes del gobierno.

El ciudadano termina creyendo que efectivamente el gobierno sabe mejor que él lo que a él le conviene.

El paternalismo que tiene como efecto fomentar la inmovilidad del ciudadano, es en buena parte apoyado por una compasión mal canalizada que convierte a las ayudas a personas necesitadas en dependencia personal de esas ayudas.

Este es un rasgo muy esencial de los llamados gobiernos de bienestar, que son paternalistas por excelencia.

En resumen

Un gobierno que toma decisiones que sustituyen a las de las personas es, por esa causa, un gobierno que excede los límites naturales que surgen de la capacidad de las personas. Un caso de paternalismo claro.

La posición opuesta al paternalismo es la liberal —la que parte de la idea de que las personas tienen capacidad de razonar, pensar y decidir por sí mismas.

Por eso, suplantar sus decisiones es equivalente a ir en contra de la naturaleza humana.

Otra breve y buena definición es la siguiente:

«Paternalismo es la tendencia a aplicar las normas de autoridad o protección tradicionalmente asignadas al padre de familia a otros ámbitos de relaciones sociales tales como la política y el mundo laboral. Su aplicación conlleva una reducción de la libertad y autonomía de la persona o grupo sujeto a trato paternalista, y la justificación utilizada es la protección de la persona o grupo frente al posible daño que esa persona o grupo pudiera causarse a sí mismo en caso de disponer de mayor autonomía y libertad». es.wikipedia.org



Y solamente unas pocas cosas más…

Debe verse:

El ciudadano creado por el Estado de Bienestar

Otras ideas relacionadas:

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Notas y precisiones acerca del paternalismo

Por Eduardo García Gaspar

Fue Juvenal, Décimo Junio Juvenal. Un poeta de principios de nuestra era y autor de sátiras. Se burló de la muchedumbre, de la masa romana, y lo resumió muy bien en esa frase de «pan y circo».

Otras frases se le conocen, como «¿quién vigilará a los propios vigilantes?».

La definición de la muchedumbre que solo quiere panem et circenses es quizá la peor calificación que se ha dado a la masa de una sociedad, reducida a ser satisfecha dándole dádivas y diversión. A cambio de eso, la masa paga con lealtad a su benefactor.

Póngase usted ahora en los zapatos del gobernante. Será muy tentador pensar que usted tiene una responsabilidad ante el pueblo y con facilidad acepte que no es mala idea distribuir alguna comida básica a la gente, a precios bajos, subsidiados.

Tiempos anteriores

Es una buena causa, una obra de compasión con la gente. El gobernante descubre que eso lo hace popular y querido. El pueblo agradece el regalo y la cadena se facilita. Otros alimentos, más subsidiados; incluso otros regalados. La gratitud aumenta junto con la lealtad del pueblo.

La lección no pasa desapercibida. Los otros gobernantes la asimilan y entienden como una regla para ganar elecciones: los regalos, las dádivas, producen votos y lealtad.

La lección se extiende a otros campos, como el del circo romano. Los espectáculos de carreras, los gladiadores, dados como diversión gratuita, aumentan la popularidad del gobernante.

Llega en ese camino el punto en el que retirar ese pan y ese circo produce lo opuesto a la lealtad y la sumisión del ciudadano. El candidato que lo proponga será impopular y tendrá escasas probabilidades de elegirse.

Este es el punto en el que la masa ha dejado de ser agradecida y se ha convertido en ingrata. Se ha acostumbrado a esas dádivas. Lo que antes aceptaba complacida, ahora exige desagradecida y egoísta.

El arreglo entre gobierno y masa se convierte en una relación veleidosa. La masa y sus cabecillas han tomado el poder, o están cerca. Deben ser complacidas, pues de lo contrario el gobernante se tambalea. La relación entre ambos se mantiene mientras existan medios para cubrir los gastos de pan y de circo, como guerras y el botín logrado.

El arreglo debilita a toda la sociedad, pues es un juego de consumo de recursos sin generación de riqueza. Ella tiene que ser tomada de otros para que subsistan el gobierno y la masa. No tiene ya el poder para enfrentar retos externos ni internos. Cualquier dificultad seria podría echar todo por tierra.

Nuestros tiempos

Ahora, en nuestros días, vemos con desprecio esa situación romana del pan y circo. Nosotros, pensamos, me imagino, que no somos así. Somos refinados, civilizados, superiores a esos romanos. ¿Lo somos? No, en realidad no. Tenemos el pan y el circo también.

No lo llamamos así. Se le ha puesto un nombre nuevo. Nuevo, respetable y admirado. Le llaman estado de bienestar y aunque da pan y circo, eso se entiende como labor social, como responsabilidad social. Es cumplir con el deber gubernamental de cuidar a la masa, desde que nace hasta que muera, de hacerla feliz.

El mecanismo es igual. Más dádivas producen más lealtad al gobernante, hasta el punto en el que es inconcebible la idea de que un gobernante que no dé pan y circo tenga probabilidades de ser elegido.

También, el agradecimiento inicial se ha convertido en exigencia ingrata. A las ayudas compasivas voluntarias les llaman ahora derechos que los gobiernos deben respetar.

Ha vuelto la máquina que consume recursos. El dinero ya no viene de botines de guerra, sino de impuestos y créditos, pero lleva el mismo camino hacia el punto imposible. Las crisis de finanzas públicas son avisos de ese punto de colapso general.

¿Repetición del error? Quizá Juvenal, de vivir en estos tiempos, habría escrito de nuevo eso de pan y de circo como las cosas con las que la masa se contenta, mostrándose como niños malcriados cuando se les amenaza con retirar las dádivas.

Lo que me parece extraordinariamente llamativo es la actitud actual, nada infrecuente, incluso entre personas pensantes, de aprobación general del estado de bienestar. Quienes aceptan la sátira del sistema de pan y circo, curiosamente aprueban al estado de bienestar, que es casi lo mismo.

Una aprobación que en mi experiencia contiene un elemento de pereza confortable: «pagas muchos impuestos y luego no pagas educación, ni salud, ni…». La explicación es fantásticamente errónea porque al final, en el neto, no hay nada gratis y sí pagas.

Lo que me lleva a la otra frase de Juvenal, «¿quién vigilará a los propios vigilantes?». ¿Quién cuidará al que dice que nos cuidará?

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[La columna fue revisada en 2020-07