Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Promesas Políticas
Eduardo García Gaspar
27 enero 2010
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Visto de manera breve, Obama ilustra en estos días muy bien la diferencia entre las promesas electorales y las realidades posteriores. Prometer un retiro de tropas al día siguiente de la elección o unos meses después es mucho más sencillo que hacerlo. Las campañas electorales simplifican demasiado las cosas.

La realidad es más compleja. Tome usted al pacifista extremo: él dirá que ninguna guerra debe pelearse, ninguna. Por supuesto reprobará las guerras de Irak, la de ahora en Afganistán, las de Vietnam y Corea hace años. Pero se encontrará con una dificultad insuperable si ve la Segunda Guerra Mundial: tendría que haber dejado al nazismo invadir todo.

La posición pacifista extrema no es sostenible y si se mantiene, se derrota a sí misma. El pacifista extremo terminará bajo el dominio de otro.

Otro argumento usado por los pacifistas es el numérico. Calculan ellos muertes en los combates y afirman que ellas no hubieran sucedido en caso de no haber tenido tal o cual guerra. Cometen un error primitivo muy común. Un problema de simplismo.

Se olvidan de comparar. Un ejemplo: durante el primer año de la invasión de Irán, iniciada en marzo de 2003, murieron unos 10 mil civiles. La cifra se ha usado en medios y, por supuesto, es efectiva para impresionar al ingenuo. Hay otra cifra que sirve de comparación.

Sadam Husein estuvo en el poder 25 años. Durante esa dictadura, hay cálculos de que fueron asesinados 600 mil civiles. Es decir, 24 mil por año, bastante menos que en ese primer año de la invasión. Comparadas, las dos cifras proveen alguna perspectiva. Por supuesto, la historia no está completa y no es tan simple. Falta calcular las muertes en la guerra Irán-Irak y los efectos de las sanciones declaradas por la ONU.

O tome otro caso muy real, la decisión de bombardear Hiroshima. Esa acción aceleró notablemente la rendición de Japón. ¿Qué hubiera pasado de mantener una guerra tradicional? Sólo hay cálculos y ellos indican que habría costado mucho más tiempo y más muertes.

Creo que voy demostrando mi punto: las promesas electorales son cápsulas simplificadas e irreales destinadas al convencimiento del votante y sí, sí ilustran la personalidad de cada candidato. Pero en el momento de la realidad, la simplicidad ya no aplica. Todo se complica. Y, por lo visto, más ahora que antes. Sigamos con el ejemplo de la guerra.

En los viejos buenos tiempos, la guerra iniciaba con acciones de agresión de una nación sobre otra, contra las que se reaccionaba comenzando una guerra. No era complicado: el ejército del país A entra en el territorio del país B y ambos ejércitos oficiales se enfrentan. Pero en los tiempos actuales ya no es así.

Tres cosas al menos han cambiado.

Una, las naciones que inician la guerra no lo hacen abiertamente. Ellas fomentan o dejan actuar a fuerzas bélicas ocultas y no oficiales con unidades y miembros clandestinos en muchas partes.

Otra, el armamento ha cambiado. Pequeñas armas pueden causar daños extremos.

Tercero, el objetivo descarado es la población civil, no el ejército.

¿Cómo enfrentar esa amenaza? Ya no puede ser la guerra tradicional que es la reacción a un acto de agresión oficial y abierto por parte de un gobierno conocido. La solución general se llama “guerra preventiva” y pone sobre la mesa una realidad: ya no puede un país darse el lujo de esperar a ser atacado (la frase es de G. Becker).

He usado algunos ejemplos explicados brevemente y que tienen que ver con la guerra. Lo quise hacer para mostrar que las simplificaciones son peligrosas, que la realidad es compleja. Y que las decisiones de gobierno, como las del resto de los mortales, están basadas en conocimientos incompletos e inciertos.

Aún así, no hay manera de evitar tomar decisiones. A lo que le temo es a enfrentar a la realidad con hipótesis simplistas, lo que suele ser un error consistente de todo gobierno, del signo que sea. La simplificación comienza con las campañas electorales y sus promesas fáciles a las que los votantes nos acostumbramos, creyendo que todo se puede hacer sin problemas.

Es el problema del pacifista extremo, pero también del simplista postrero. Están ellos condenados a no comprender a la realidad que existe más allá de su voluntad y deseos.

Post Scriptum

Las cifras de Irán fueron tomadas de Baggini, J. (2006). The Pig That Wants to Be Eaten: 100 Experiments for the Armchair Philosopher. Plume. Tiene un blog que vale la pena.

La frase de Becker está en Becker, G. S., & Posner, R. A. (2009). Uncommon Sense: Economic Insights, from Marriage to Terrorism. University Of Chicago Press.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Promesas Políticas”
  1. José Luís Samper Dijo:

    Efectivamente la posición de los pacifistas es simplista al igual que los pronunciamientos durante las campañas electorales. Pero también lo es, creo, hacer la comparativa solamente en términos númericos. Hay respuestas bélicas inevitables y justas, como el caso del nazismo. Pero esto supone estar apoyado por una autoridad moral que haga limpia la intención.

  2. Mario Dijo:

    Opino que el ejemplo que Don eduardo nos trae sobre Hiroshima es desafortunado.La bomba sobre aquella pequeña ciudad fue un *crimen de guerra*. Como estrategia bélica fue equivocada e innecesaria. Los japoneses, tan dados a rituales y con tan fuertes sentimientos de honor, sólo esperaban un gesto del presidente Truman para rendirse *dignamente*. Don eduardo: es propio de un verdadero liberal reconocer sus errores. NOTA DEL EDITOR: existen evidencias de lo opuesto, de que Japón estaba dispuesto a no rendirse, véase Modern Times de Paul Johnson.





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