Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Talento Versus Sorpresa
Leonardo Girondella Mora
31 agosto 2010
Sección: ARTE, FAMOSOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Por estos días pasados se ha visto con frecuencia un video —el de una niña, Jackie Evancho  y en el que se le muestra cantando una muy famosa aria de Puccini, O Mio Babbino Caro.

Uno de los noticieros de la televisión mexicana lo mostró y los comentaristas hicieron eso que se supone deben hacer, dar sus comentarios —uno de los que debió llamar la atención de muchos.

Dijo que María Callas podía estar dando vueltas de envidia en su tumba. Es dudosa esa posibilidad, no porque Callas esté muerta, sino porque Callas es muy superior a la niña Evancho. Mucho muy superior.

El video forma parte de una campaña de comunicación de programas de televisión, los destinados a descubrir talentos: Paul Potts cantando Nessun Dorma (otra de Puccini); Susan Boyle; y ahora la niña Evancho.

Lo que quiero explorar es el común denominador entre ellos tres y de allí sacar algunas conclusiones sobre este tipo de sucesos. Me parece que estos tres casos son parte representativa de un tipo de fenómeno que es atractivo y popular por un corto período de tiempo: la anormalidad de algunas personas.

De ninguno de esos tres personajes se esperaba esa manera de cantar.

Y lo que llama la atención es la inconsistencia entre lo esperado y lo obtenido —una niña de pocos años que canta como una soprano llama la atención. Las apariencias de Potts y Boyle son incongruentes con lo que de ellos se escuchó.

Tal vez pueda ser esto visto más como parte de un circo que como un descubrimiento de talento.

Porque si es el talento lo que se admira, ése ya se conoce y es fácil encontrarlo en un disco de los de María Callas y que es mucho mejor que esa niña, sin comparación —pero si lo que se busca es el espectáculo y el entretenimiento rápido, la Evancho le gana a Callas.

Pero no todo es negativo, hay algo positivo.

Es posible encontrar casos duraderos de genialidad infantil —con Mozart como tal vez el más célebre, pero que debe ser completado con Paganini, Liszt, Beethoven, Rubinstein y muchos otros. Esos son los que conocemos porque sí dejaron herencia cuando mayores. Los que no la dejaron están en el olvido.

Me parece que en estos casos recientes lo que ha predominado es el factor sorpresa —el de la inconsistencia entre la persona y lo que hace; y que en segundo lugar, muy atrás, se encuentre la admiración del talento de esos tres casos y que no es mucho comparado con el que sí conocemos.

Si la persona en realidad admira el canto de la niña Evancho tiene a su disposición otras cantantes mucho mejores, de mayor técnica y enorme calidad —pero si lo que en realidad admira es un fenómeno extraño, la moda de la Evancho durará unos pocos días y será suplantado por el siguiente fenómeno descubierto.

Recuerdo a la película Shine —la que pinta la vida de David Helfgott, un pianista con problemas mentales y la obsesión con Rachmaninoff.

Sus discos se vendieron bien y una crítica los calificó como una de las peores grabaciones de Rachmaninoff. La gente compró el fenómeno de Helfgott, no la calidad de otros intérpretes mejores.

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