Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Violencia de Género
Eduardo García Gaspar
29 abril 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Las dos cosas son muy similares, a pesar de su supuesta oposición. Es eso que se dice de que los extremos se tocan. Hablo de machismo y de feminismo. Empecemos por el primero.

Si queremos tener una definición de machismo, podemos decir que es la exaltación exagerada de la masculinidad. Pero eso queda en nada, si al mismo tiempo se dice que el feminismo es la exaltación exagerada de la feminidad. Los dos sexos, cada uno por su lado, está siendo exaltado de forma exagerada sin aparente conflicto mutuo.

No hay mucho de malo en eso. Al contrario, quizá. Los problemas comienzan cuando al machismo y al feminismo se les añade un componente que es el que resulta dañino: el poder, dominio, o como usted quiera llamarle, que termina en la opresión del otro. El caso quizá más usado es el del hombre que considera a las mujeres seres inferiores.

Y, por supuesto, está el extremo de la violencia física del hombre contra la mujer. Esta es la imagen clásica del macho. Esto nos ayuda a distinguir dos niveles de machismo: el del que simplemente piensa que todas las mujeres o la mayoría son inferiores al hombre, y el de quien las violenta física o mentalmente como un patrón general de conducta.

La reacción a esas situaciones fue la llamada liberación femenina, un movimiento muy complejo y de diversas intensidades. En algunas versiones pide la desaparición de los hombres, una especie de machismo en reversa e igual de reprobable. En otra intensidad menor, pide la igualación absoluta de los dos sexos, una meta extraordinariamente difícil dadas las diferencias obvias que existen.

El problema que se sufre en este terreno es uno poco examinado. Lo podemos adivinar en lo anterior. Cuando la liberación femenina es interpretada partiendo de la violencia machista, el problema sale de una base sesgada: el poder y el dominio de uno sobre otro. Me explico.

Si se quiere combatir el machismo y éste es entendido como ejercicio violento de poder del hombre sobre la mujer, se corre el riesgo de apuntar una decisión que también se basa en el poder. Esto es lo que produce el desafortunado efecto de entender a las relaciones entre mujeres y hombres como un conflicto al estilo de la lucha de clases del marxismo.

Es un error colosal, porque una lucha de poder sólo puede terminarse con la victoria de uno sobre el otro, sea el que sea. En la lucha de clases de Marx, al final gana el proletariado. En la lucha de hombres y mujeres, tendría que ganar uno de los grupos, o en e lmejor caso mantener un equilibrio precario de poder. Ya no serían relaciones amables de cooperación, sino juegos de poder y dominio.

Es el gran error de algunas versiones de feminismo, de las que entienden el tema como una lucha entre sexos en busca del dominio. Y el yerro se debe a haber partido de una base parcial, la de la violencia. Existe un mejor punto de partida, el de la colaboración entre todos.

Si se define, por otro lado, al feminismo como el movimiento que busca la igualdad de los sexos, se incurre en un error de vaguedad. Tendría que serse mucho más específico en el significado de igualdad entre seres que son muy diferentes. No sólo hay grandes diferencias entre mujeres y hombres, también dentro de cada grupo existen diferencias notables.

El punto bien vale una segunda opinión para apuntar esos dos errores del feminismo.

Uno, el de la comprensión del problema como uno de lucha de poder entre los sexos.

Dos, el de la vaguedad del significado de igualdad entre sexos (sería absurdo buscar la igualdad del canto de una soprano con el de un tenor).

Pero hay una solución posible, sin esos errores. Está sustentada en el entendimiento de la igualdad esencial de todas las personas, que poseen la misma dignidad y valor. Bajo este entendimiento, es igual de reprobable el que un hombre golpee a una mujer, que el viceversa. No es una lucha de poder, sino el respeto a las libertades de todos.

Con esto, además, se aportaría algo muy valioso: el respeto a las diferencias personales, no sólo las biológicas entre sexos, sino las físicas y mentales entre todos, sean mujeres u hombres.

Esta avenida de solución es mucho más prometedora que la del feminismo que se sustenta en querer ser un machismo al revés, y que sólo puede conducir a más violencia. Tan sólo basta salir de una perspectiva miope y ver que todos somos seres humanos libres.


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