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Oferta Crea Demanda
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi, Y MATERIAL ACADEMICO
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Este resumen presenta una de las más famosas ideas en la historia del pensamiento económico, la llamada Ley de Say. Esta contenida en la más popular de las obras del economista francés. Say (1767-1832) es considerado uno de los mayores defensores de la libertad económica.

La exposición de su “ley” es la propia de un libro de texto, su célebre tratado. Clara, organizada y directa, permite encontrar el sentido y la solidez de lo que en una primera impresión parece paradójico. Causa desilusión, por otro lado, que la obra, de 1803, no haya sido asimilada por grandes sectores gubernamentales, en donde aún se piensa en las bondades de los estímulos a la demanda como receta de progreso.

La idea fue encontrada en Say, Jean-Baptiste. A Treatise on Political Economy. Transaction Publishers, 2001, pp 132-140.

Say inicia el famoso capítulo 15 mencionando un conocido lamento de muchos productores. Se quejan ellos de que sus dificultades no están en producir los bienes, sino en venderlos.

Cuando la demanda de sus artículos es baja, dicen ellos que es porque el dinero escasea. Lo que ansían es tener una demanda amplia.

Pero si acaso se les pregunta en detalle qué es lo que facilitaría la demanda de sus bienes, sus respuestas son vagas. A menudo proponen cosas contrarias a su interés y suelen acudir a las autoridades en busca de protección. Su queja central es la de que falta dinero en circulación.

Con esta observación de la vida diaria, que incluso hoy en día es común escuchar, el autor da comienzo a lo que más tarde se llamaría Ley de Say, o ley de los mercados.

Ella ha sido expresada en la frase, “la oferta crea su propia demanda”, que por cierto, nunca fue usada por Say.

Una persona cualquiera, trabajador o empresario, explica Say, que aplica su esfuerzo y usa sus recursos en la producción de un bien, no esperaría venderlo si los demás no cuentan con los medios para comprarlo. Esos medios de los demás provienen de su esfuerzo de producción.

Comprendiendo esto, la conclusión es clara, aunque a primera vista puede ser paradójica: es la producción la que abre la puerta a la demanda de bienes.

No habría gran dificultad en convencer a un productor de que si quiere vender sus textiles, los demás no podrían comprarlos sin que ellos antes hayan vendido sus cosechas o lo que sea que hayan producido. Cuanto más vendan sus bienes, más podrán comprar textiles y otros productos.

El productor, en realidad, no quiere dinero, lo que quiere son otros bienes. El dinero se quiere para comprar otros bienes, sean recursos para producir, o bienes para consumir.

Por tanto, decir que las ventas son bajas porque el dinero es escaso no tiene sentido, es confundir a los medios por la causa. Es una confusión causada por la impresión inicial de que toda venta esta representada en dinero en un inicio, y no se percibe que ese dinero es convertido en otros bienes producidos por tercero.

Llega Say a otra manera de expresar esto: no puede afirmarse que las ventas son bajas por causa de la escasez de dinero, sino por la escasez de producción de otros bienes. Siempre existe dinero suficiente para la circulación y los intercambios, cuando los bienes existen.

La idea es repetida por Say, ahora en otras palabras: tan pronto un bien es creado, en ese instante mismo permite la existencia de un mercado para otros productos por el monto total de su valor.

Cuando un productor ha terminado de producir sus bienes, desea venderlos de inmediato, recibir dinero y con él comprar otros bienes. La sola creación de un producto crea la compra de otros.

Una buena cosecha, por ejemplo, es por supuesto buena para el agricultor, pero también lo es para el resto de los productores de otros productos. Con más ingresos los agricultores comprarán más. Una mala cosecha causa el efecto opuesto, es mala también para el resto de los productores, aunque no sean agricultores.

El éxito en una actividad de producción produce buenos efectos en el resto de las industrias. La mala situación de un sector económico, daña al resto también.

Por esto es que puede saberse la causa por la que en ocasiones sucede que se tienen demasiadas existencias de algún bien: puede haberse producido más de lo que su demanda indicaba, pero puede ser también que la producción de otros bienes haya caído.

Esta última causa es en la que Say ha puesto su atención: algunos bienes son abundantes en exceso porque la producción de otros se ha reducido. Decir que la producción crea su propia demanda es, por tanto, explicar la escasez de venta de algunos bienes: no se venden porque ha caído la producción de otros bienes.

La gente compra menos porque ha tenido menos ingresos y han tenido menos ingresos por una de dos causas: han tenido dificultades en el empleo de sus medios y capacidades de producción, o esos medios de producción han sido deficientes.

Debe hacerse muy claro que esto incluye a toda persona capaz de producir, sea un empresario grande o pequeño, sea un obrero especializado o un trabajador.

Teniendo la obra de Say una intención didáctica muy clara, es natural que anote con orden conclusiones deducidas de la idea anterior.

1. En una comunidad cualquiera, cuanto más numerosos sean los productores y más variados los bienes producidos, más extensos serán los mercados de esos productos. Serán también, mayores los ingresos de los productores. Esto es causado por la producción real que produce ingresos que se traducen en demanda de otros bienes.

En los sitios en los que la producción es abundante es donde se produce lo único que puede comprar, el valor. La función del dinero es momentánea porque los productos en realidad se compran con otros productos.

La queja de la escasez de dinero, a la que Say se refirió antes, no tiene sentido. Esa supuesta escasez es ficticia. Es la oferta abundante lo que produce una demanda igual.

2. Cada persona está interesada en la prosperidad general del resto. El éxito de una rama de actividades beneficia a todos. La persona rodeada de numerosos productores tiene oportunidades mayores de éxito ofreciendo sus bienes.

No tiene mucho sentido la división de ramas agrícolas, industriales y comerciales, porque el éxito en una de ellas es de beneficio para el resto.

Hay una conexión entre todos, sean ramas de actividad económica, naciones, provincias, ciudades, regiones. El éxito de una de ellas beneficia al resto.

3. No hay daño alguno a la industria nacional al importar bienes del extranjero. Si todos están relacionados con todos, el beneficio ajeno es también el beneficio propio.

No pueden comprarse productor extranjeros si no es con productos propios del país. La producción nacional de bienes es la que hace posible la compra de otros productos, en el extranjero o localmente.

4. También puede tenerse otra conclusión: el fomento del consumo no beneficia a la economía. Las dificultades están en proveer los medios, no en estimular el deseo de consumo. Ha sido visto ya que la producción en sí misma provee esos medios. Un buen gobierno estimula la producción. Un mal gobierno fomenta el consumo.

Sabiendo que la demanda de bienes es alimentada en proporción a la producción de los mismos, ya no hay necesidad de ocuparse decidiendo que industria debe ser estimulada.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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