Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Sociedad de Consumo?
Leonardo Girondella Mora
29 junio 2011
Sección: Sección: Análisis, SOCIEDAD, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


La expresión “sociedad de consumo” es usada con alta frecuencia, casi siempre con connotaciones despectivas y críticas y sin un sentido objetivo.

El propósito de lo que sigue es proveer los elementos de una razonable definición de sociedad de consumo y las críticas que recibe.

Con una definición de sociedad de consumo será posible unificar criterios que eviten conversaciones improductivas más basadas en prejuicios que en objetividad.

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Establezco primero lo evidente: todas las sociedades consumen, todas las personas consumen. De otra manera no podrían sobrevivir.

La existencia de la vida humana sólo es posible de mantener por medio del consumo de, por ejemplo, alimentos, bebidas, ropa y demás.

Ante esa realidad, es posible concluir que la expresión “sociedad de consumo” se refiere a todas las comunidades humanas, desde las más primitivas hasta las más refinadas. Igual podría hablarse de “sociedades de producción”, las que producen bienes capaces de consumirse.

De lo muy evidente paso a lo menos obvio —es claro que esa expresión debe referirse a otro fenómeno, no al del consumo, sino a otro. Dado el uso acostumbrado de la expresión, es posible apuntar los elementos de una definición de “sociedad de consumo”:

• una sociedad o una comunidad de tamaño considerable, como por ejemplo, un país.

• un país con una alta capacidad de producción de bienes posibles de consumir por parte de sus habitantes.

• en donde se otorga una gran importancia a la adquisición de bienes de consumo para la satisfacción de necesidades de esos habitantes.

Con estos elementos quizá sea posible afinar la expresión a otra más descriptiva —sería deseable dejar de usar “sociedad de consumo” para sustituirla con algo más descriptivo como “sociedad de gran consumo”.

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Con esos elementos de una definición de “sociedad de gran consumo” puede concluirse que es ella una meta deseable para todas las personas —vivir en una sociedad así sería vivir en un país rico, con alta capacidad de producir bienes que satisfacen necesidades humanas.

Sin embargo, contraria a esa percepción favorable de una sociedad de gran consumo, la expresión suele usarse con amplias connotaciones negativas —las que apunto a continuación:

• las personas gastan en exceso, es decir, por encima de lo que sería razonable según su nivel de ingresos.

• las personas usan en demasía el crédito, es decir, por encima de lo que sería razonable según el ahorro que realizan.

• las personas consumen bienes y servicios para satisfacer necesidades que razonablemente pueden ser consideradas vanas y superfluas, en buena parte motivadas por la búsqueda de estatus social.

Estos elementos críticos de una sociedad de gran consumo tienen legitimidad.

Son una especie de reprimendas frente a conductas de consumo que violan principios de prudencia —como el hábito de gastar por encima de posibilidades personales, la contratación excesiva de crédito, el desahorro y el materialismo de compras en busca de imagen personal.

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Pero la crítica a la sociedad de gran consumo no se queda en esa insistencia en la prudencia con la que debe usarse el ingreso personal —es frecuente que las críticas a la sociedad de gran consumo añadan censuras al sistema económico que culpan:

• son los mercados libres, sin regulación, los que producen una sociedad de consumo.

• las empresas, compitiendo en el mercado, manipulan a los consumidores haciéndolos comprar más de lo razonable

• las personas, los consumidores, son muy ingenuos e inocentes —siguen ellos sin remedio lo que les dicta el marketing de las empresas y terminan siendo adictos a las compras.

Esta ya no es una crítica de tipo moral o ética, como la anterior. Es una crítica de naturaleza económica que surge en los oponentes a los sistemas de mercados libres —a los que acusan de promover el consumo excesivo.

Es una parte de los argumentos usados por socialistas contra liberales y que es parte de una controversia mayor que aquí no trato.

Sólo enfatizo lo que me parece una crítica insostenible: suponer que los consumidores son ingenuos e inocentes, incapaces de tomar decisiones razonables de consumo, es igual a decir que tampoco podrían ser capaces de votar eligiendo gobernantes.

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Se ha visto antes una crítica basada en el uso imprudente del ingreso propio y, también, una crítica de índole más bien ideológica —a ellas añado una tercera crítica que se hace a la sociedad de gran consumo, la basada en preocupaciones ecológicas y en contra del libre comercio.

Ella tiene varios aspectos:

• niveles muy altos de consumo necesitan usos intensivo de recursos naturales no renovables que necesitan ser cuidados.

• muchos recursos naturales son usados en la satisfacción de necesidades superfluas.

• la producción contaminante se traslada a países pobres, en donde la naturaleza se daña y se explota a los trabajadores locales.

Este tercer tipo de crítica a la sociedad de gran consumo sigue la línea del cuidado del medio ambiente, en lo que tiene razón —pero padece un problema serio: las limitaciones que impone tienen consecuencias graves sobre el bienestar.

Al limitar seriamente la producción, elevarían los precios de todos los bienes sin discriminación.

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Lo que he intentado hacer es proveer una mejor definición de la expresión “sociedad de consumo” llevándola a una mejor llamada “sociedad de gran consumo”.

Más aún, he examinado tres tipos de críticas a ese tipo de sociedad, concluyendo que la crítica que más base tiene es la de un consumo imprudente —la que está en desacuerdo con un uso de sentido común del ingreso personal.

La crítica de índole económica pertenece más a una discusión ideológica y no llevaría a nada más que un mayor intervencionismo estatal sin garantía alguna de resolver el problema —que es lo mismo que sucedería con la crítica ecológica.

La crítica al consumo imprudente es más prometedora y, lo mejor, evita las generalizaciones tratando a las personas de manera individual.

La crítica económica y la ecológica, por el contrario, tratan por igual a todas las personas suponiendo que todas ellas son culpables de un consumo imprudente, lo que es a todas luces falso —las acusaciones colectivas son demasiado vagas y por eso mismo, resultan inútiles.

Nota del Editor

El mérito del autor está en dar un giro al tema, dejando de lado la discusión vaga de una “sociedad de consumo” y poniendo sonre la mesa una noción más concreta, la del consumo imprudente, que sí es capaz de ser evaluado caso por caso y no colectivamente.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios

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