¿Quién es el hombre-masa? Una generación nueva de algo como niños mimados. Personas que reclaman como derecho sin costo el bienestar que generaciones anteriores crearon con trabajo, esfuerzo y virtud.

Introducción

El siglo XX vive condiciones cuya causa ignora. El siglo XX es el producto de algo que sucedió antes. Algo que hizo posible que estas generaciones gocen de avances sin darse cuenta de sus razones. 

Esta es la idea de José Ortega y Gasset. Quienes vivimos en el siglo XX somos generaciones de niños mimados. Creemos tener derechos sin darnos cuenta de que lo que gozamos viene de generaciones anteriores.

Generaciones cuyos esfuerzos no realizamos y cuyas virtudes no tenemos. 

El libro consultado para esta carta es el de Ortega y Gasset, José (1995). La rebelión de las masas, Barcelona. Planeta DeAgostini, pp. 103-114.

 Vida actual: circunstancias y decisiones

El autor, en estas páginas del libro, aclara su propósito, que es el hacer un diagnóstico de la vida actual. Ese diagnóstico lo llevará a desarrollar su idea central, la del hombre-masa.

Comienza diciendo que la vida es un conjunto de gran cantidad de opciones, un repertorio de posibilidades mayores a las existentes en épocas pasadas.

Hay tantas alternativas en la vida actual que esa cantidad ha rebasado lo conocido antes y esta es la causa por la que no podemos ver el pasado, sino inventar el futuro que nos espera.

Continúa el autor diciendo que la vida es lo que podemos ser cada uno. Eso significa que la vida es escoger entre las posibilidades existentes. Para lo que es necesario entender que hay circunstancias y hay decisiones.

La circunstancia es lo que está dado, lo fijo, lo que no puede cambiarse. Las circunstancias no deciden, de hecho ellas son el dilema ante el que decidimos. No hay predeterminación, ni trayectorias que no puedan cambiarse dentro de esas circunstancias.

Estamos irremediablemente obligados a utilizar la libertad y en esto no hay salida, pues el no tomar una decisión es en sí mismo una decisión

Vivir implica sin remedio el ejercicio de la libertad para decidir lo que vamos a ser en medio de las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Lo dicho antes para el individuo también vale para la sociedad. En un nivel colectivo las decisiones salen del tipo de persona que predomina en la sociedad.

El hombre-masa

Por tanto, es natural que al autor le interese conocer a ese tipo de hombre que predomina en la actualidad. En nuestros tiempos, dice Ortega y Gasset, el hombre que predomina es el hombre-masa.

No hay que confundir al hombre-masa con la democracia.

En la democracia los hombres con sus votos apoyan o no una serie de propuestas que hacen las minorías. La cuestión ahora es diferente. Ahora las masas dominan y se vive al día en cuestiones políticas, cuando el poder está en representantes de masas sin oposición alguna.

Donde las masas son dueñas del poder, el gobierno vive al día, no hay visión, no se sabe a dónde ir, ni cómo ir.

Por esta razón los gobiernos de las masas se limitan a eludir y rehuir los problemas. Si acaso los confrontan es para esquivarlos y dejarlos sin solución de fondo. Dejan esos problemas para el futuro cuando serán tropiezos mayores.

El hombre-masa no tiene rumbo, carece de dirección. Por eso no edifica, ni levanta, ni crea cosa alguna, a pesar de tener un gran potencial para hacerlo.

Un poco de historia

Desde el siglo VI, cuando inicia la historia de Europa y hasta el año de 1800, nunca hubo más de 180 millones de personas en esa parte del mundo. Pero de 1800 a 1914 esa cifra es ya de 460 millones.

Estos datos tienen mucho significado en Ortega y Gasset. En un tiempo muy corto han sido lanzados al mundo cantidades enormes de personas. El ritmo ha sido tan acelerado que no ha permitido enseñar a esas personas la cultura gracias a la cual ellos existen.

El hombre-masa tiene un alma con fortaleza y salud, pero que es más simple. El hombre-masa es una persona primitiva, sencilla y rudimentaria que se encuentra en medio de una civilización refinada y compleja.

A esa gran cantidad de personas no se les ha podido educar. Lo único que se les ha enseñado es la técnica y a vivir con pasión. Ellas no tienen, según Ortega, ni sensibilidad, ni espíritu.

El hombre-masa se ha hecho responsable del mundo entendiéndolo como un paraíso sin problemas. Resulta lógico, por tanto, pensar que algo bueno y algo malo se hizo en el siglo XIX, cuando se gestó esa catarata humana.

Lo bueno fue la combinación de técnica y democracia liberal, que hizo posible ese caudal humano y tantos adelantos.

Lo malo fue el procrear generaciones de hombre-masa que ponen en peligro las causas mismas que les dieron la vida de la que gozan.

Hombre-masa, de suerte a derecho

Este hombre-masa pertenece a las generaciones que han podido resolver sus problemas económicos como jamás antes en la historia.

La posición de estas generaciones es cada vez más segura. Para el hombre-masa lo que antes era una cuestión de suerte en la vida, es para él un derecho que ni siquiera agradece.

Es una vida con comodidades, dentro del orden, sin impedimentos, ni limitaciones. Ya no hay castas, ni clases sociales que no puedan saltarse. No ha habido época alguna en la historia que sea igual a esta situación actual y sus causas son la democracia liberal y los avances técnicos.

Se ha creado un hombre diferente. En tiempos anteriores, incluso para los ricos, el mundo era una situación de estrechez e indigencia, con dificultades y peligros.

Pero, ahora, este hombre-masa no tiene esas limitaciones. Él satisface sus necesidades y apetitos, estando convencido de que puede crecer sin restricción ni condición.

Cree el hombre-masa ingenuamente que sus goces han crecido gratis en los árboles. Piensa el hombre-masa que mañana gozará de más ingresos y más comodidades, como si viviera dentro de una naturaleza gratuita que le provee de manera espontánea e inacabable.

Él se cree habitante de un mundo perfecto y piensa que ese mundo es un producto natural, logrado sin esfuerzos.

El hombre-masa ignora que ese mundo en el que vive ha sido posible gracias a grandes esfuerzos de personas geniales y sustentado en virtudes que al ignorarse destruirán lo que crearon.

En resumen

Se trata, dice Ortega y Gasset, del síntoma de los niños mimados, que creen poder satisfacer sus deseos sin la gratitud hacia eso que los hace posibles.

Este ha sido el efecto de lo sucedido el siglo XIX y de sus logros, los que se han tomado como algo que es natural y espontáneo, que no ha costado esfuerzo.

Al final, el enorme mérito del autor es recordarnos que nuestra vida es la consecuencia de los esfuerzos y de las virtudes de generaciones anteriores.

El bienestar que vive el hombre-masa no ha sido gratuito, pero él cree que lo es. Ese bienestar fue producido por los esfuerzos y las virtudes de la generación anterior. No es un derecho a reclamar, es un fruto a cultivar.

[La columna fue revisada en 2019-07]