Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Legislador Desconocido
Eduardo García Gaspar
18 octubre 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una cierta vez, una buena persona regaño severamente a otra, también buena y razonable.

La razón del reprimenda fue un tanto exagerada, según yo.

Todo comenzó con una pregunta inocente, “¿Cómo se llama el diputado de tu distrito?”

El otro se quedó azorado, no lo sabía. Y fue así que resultó regañado.

Regañado en serio. Se le acusó de ser un ignorante de la política, de no tener derecho a opinar sobre ella, de incluso haber dado un voto inválido.

Lo que resultó interesante, mucho más que esa excesiva admonición, fue la respuesta del regañado: “No tiene sentido recordar su nombre si no puedo reelegirlo”.

No creo haber escuchado un mejor argumento en favor de la reelección de diputados y senadores. ¿Qué caso tiene saber quiénes son si ellos no pueden repetir en la elección siguiente y vendrán otros nuevos y desconocidos?

Usted, me imagino, está interesado en saber la marca de la cerveza que ha bebido. Recordando su nombre, en la siguiente ocasión usted podrá decidir si la quiere volver a beber o no.

No tendría ningún sentido conocer la marca de esa cerveza si la siguiente vez ella ya no existe o no está disponible. No es complicado entender esto y se trata, al final de cuentas, de un caso de lealtades.

Bien vale la pena ver esto de manera esquemática. Tome usted un extremo, el de una nación con un sistema democrático con reelección y compárelo con el otro extremo, el de un país con un gobierno democrático sin reelección.

Dentro de la nación con reelección se entiende que los miembros de las cámaras legislativas ejercen un papel de representación. Representan a las personas de sus jurisdicciones geográficas, sus electores. Y actúan de acuerdo con lo que ellos piensan sea del interés y el beneficio de esas personas.

Suponga usted que ese representante hace un mal papel de representación. Si existe la posibilidad de reelección y él compite, posiblemente no sea reelegido.

Y, lo mejor, si según sus electores ha hecho un buen papel de representación, podrá ser premiado con la reelección y los ciudadanos se beneficiarán con esa buena representación legislativa.

Pero dentro del otro país, sin reelección, se presentará una situación distinta. Obviamente tendrá un gobierno. Pero sus senadores y diputados no tienen posibilidad de reelección.

Esto modifica notablemente la conducta de ellos. Si bien en teoría tienen el papel de representar a sus electores, hagan un buen papel o uno malo, no podrán llegar a la siguiente elección y su tendrán que contentar con encontrar otro puesto dentro del gobierno.

De allí que este legislador sin posibilidad de reelegirse tenga como prioridad central servir bien no a sus electores sino a quienes tienen el poder para darle un puesto cuando termine su período como diputado o senador.

Es un cambio de miras y uno muy notable. Con la posibilidad de reelegirse se esforzará en servir a sus ciudadanos. Sin esa posibilidad se esforzará en servir a los que dentro de su partido lo puedan llevar a otro puesto y como consecuencia, servir a los ciudadanos tendrá una prioridad secundaria.

En resumen, la no reelección de legisladores invierte lealtades en ellos. Estarán más dispuestos a servir a sus partidos que a sus ciudadanos. Es un asunto de incentivos, como dicen los economistas con toda razón. Un clásico de efectos no intencionales.

La conclusión es la que usted ya ve: la reelección es una buena medida para tener un gobierno que sea mejor para los ciudadanos.

Puede esto verse en lo referente a la cercanía del legislador con los ciudadanos. Teniendo reelección, el legislador buscará estar próximo a los electores. Querrá conocerlos más y mejor.

Y, sin la reelección, tenderá a alejarse de ellos y acercarse a los más poderosos de su partido. No es complicado entender esto.

Vayamos ahora a las élites de los partidos para entender que con la reelección los miembros de sus partidos serán más autónomos e independientes. Incluso podrán retar a la alta jerarquía porque tienen el respaldo de los ciudadanos.

En cambio, sin la reelección esas élites saben que sus miembros les serán más leales e incondicionales.

Estas y otras razones muestran cómo los mecanismos políticos trabajan con sutileza poco entendida. Y cómo el principio de “no reelección” en México es en la realidad un sinsentido que crea gobiernos alejados de la gente.

Post Scriptum

El caso del PRI en México es un buen ejemplo de lo dicho antes. Siendo la no reelección en esos tiempos del primer PRI un dogma inviolable, y seguramente justificado en la presidencia, hizo que los legisladores fueran totalmente leales al presidente del que dependía su supervivencia en el gobierno. El resultado fue un gobierno alejado de los ciudadanos, que se mantiene hasta ahora así.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “El Legislador Desconocido”
  1. Alejandro Dijo:

    El problema central de esta tesis de la reelección/no reelección es una fuerte desconfianza alimentada del miedo y la constante reprobación del ciudadano hacia sus gobernantes. Por un lado, se sostiene que darle la reelección a un político que tiene recursos abundantes en sus manos mediante el puesto público es una invitación al abuso, y que la no reelección evita una perpetuación en el poder de ese “abusador en potencia”. Sin embargo, la realidad es que al tener poco tiempo y margen de acción, el político usa su tiempo en obtener la mayor cantidad de poder y diner que pueda en el puesto que tiene en sus manos, y se olvida de las razones por las que debería estar en ese cargo público (servir a los ciudadanos). Pero eso da menos miedo a la población que el segundo escenario, en el que si hay reelección pero que se sabe (o se cree) de antemano que el aparato del estado será usado para perpetuar a ese gobernante en el poder. En México se sigue teniendo una imagen electoral mala y de que los resultados electorales no son confiables (y lo acabamos de vivir este año, donde un gran porcentaje de la población sigue desconfiando del resultado de la elección pese a que no hay evidencias de fraude) y mientras que eso no cambie, será muy difícil permear esa idea que finalmente es una trampa que empantana el avance político de este país.





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