Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entre Nuevos y Buenos
Eduardo García Gaspar
22 marzo 2012
Sección: ARTE, EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es una situación desconocida.

Ha sido usada muchas veces y, sin embargo, en este caso parece única.

Es la historia de una película dirigida por Akira Kurosawa (y en parte, escrita por él). Se llama Ikiru, que significa “vivir”. Es de 1952.

Cuenta la historia de un burócrata que ha pasado la vida haciendo lo que pide su puesto, nada realmente valioso. Le diagnostican cáncer estomacal. Sabe que morirá en cuestión de meses.

Decide vivir la vida, pero no sabe cómo. Lo intenta en una noche de tragos y cabarets. Lo intenta con una mujer. Nada parece satisfacerle hasta que decide hacer algo diferente.

Y lo hace. Después, ya durante su funeral, sus compañeros de trabajo hablan de él y lo que ha hecho. Eso es todo y es suficiente como para recomendar la cinta ampliamente.

La actuación del protagonista es excelente. La historia está bien contada. Se goza la historia en el nivel humano, pero hay otro nivel que gozará el crítico de los gobiernos.

Pocas críticas tan devastadoras de la burocracia como ésta: gente que sólo coloca sellos moviendo papeles de un lado a otro, cerros de legajos, formas a llenar, desatención al ciudadano. En fin, si usted tiene oportunidad, véala y ponga atención en los ojos de los personajes.

La misma semana que vi esta cinta, leí una novela que me prestó un amigo. Una sobre el detective inglés Lynley, creado por la inglesa Elizabeth George. No está mal, pero tampoco es algo maravilloso. Me hizo pensar que debería haber leído otra cosa, algo más trascendente o importante.

Lo que bien vale una segunda opinión es reunir en una sola idea la película de Kurosawa y la novela de George.

Ver una y leer la otra toma tiempo y la decisión de hacerlo es una de selección de importancia: hacer lo que más valga, lo que tenga más valor. Me explico con un caso extremo.

Digamos que una persona tiene sólo dos opciones frente a sí. Leer una de dos biografías, la de una celebridad de moda o la de un pensador célebre. Más concreto: la vida de Kim Kardashian o la de Aristóteles.

Sí, habrá gustos, pero en una cuestión de importancia no puede haber duda. El tiempo dedicado a saber de uno es mejor empleado que el dedicado a saber de la otra.

Por ejemplo, la novela de George me hizo pensar si no hubiera sido mejor usar ese tiempo para leer otra novela, una de otro detective mejor, digamos de Maigret. Lo mismo va para el cine.

Ver Ikiru me pareció un tiempo mejor empleado que ver una cinta de Jim Carey. Y esto es lo que me lleva al punto que quiero tratar.

Nuestros tiempos, mucho temo, son unos en los que se enfatiza totalmente lo novedoso a costa de lo importante.

Estamos más dispuestos a ver la película más reciente, no importa qué tan mala sea, antes de considerar ver otra cinta de tiempo atrás que es mucho mejor.

La novedad gana a la calidad. Lo nuevo mata a lo bueno.

Igual en libros. Se prefiere comprar y leer el último éxito comercial literario antes que leer un clásico. En el género de terror, por ejemplo, resulta que Stephen King es preferido a H.P. Lovecraft (quien tal vez ni siquiera sea conocido, a pesar de su calidad).

¿Ve usted lo que digo? Lo más nuevo y reciente, por el sólo hecho de serlo, desplaza a lo de mayor calidad. No importa que la calidad sea excelsa, si es considerado “viejo”, se pone de lado.

No sostengo que sólo deba leerse lo antiguo y reconocido. Pero sí digo que debe existir un mejor balance entre lo reciente y lo tradicional.

La pasión por lo nuevo y más reciente, en ciertos terrenos, nos daña haciéndonos descuidar la calidad ya probada de otras cosas. La música muestra ese panorama: música novedosa de pésima calidad ha desplazado a música anterior de mucha más calidad.

Otra manera de ver esto es contemplarlo como un desprecio de los cimientos en los que estamos parados. Eso es peligroso para nuestra civilización.

Nos vuelve soberbios y la soberbia debilita la razón. Nos hace creer que somos autosuficientes, que los de otras generaciones fueron unos tontos y que lo único que vale la pena es la novedad.

Es la misma mentalidad que hace creer sin fundamento que un gobierno nuevo debe ser mejor en la siguiente elección, sin comprender que nuevo no es sinónimo de bueno. No podía haber descubierto Ikiru sin descuidar a lo de moda. Habría sido una lástima.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Entre Nuevos y Buenos”
  1. Lily Audelo Aun Dijo:

    … en su columna hace referencia a la escritora Elizabeth George y su personaje el inspector Lynley, he leído muchas novelas de esta escritora norteamericana de nacimiento pero cambió su nacionalidad por la inglesa, y concuerdo con su opinión. Soy admiradora de Gerorges Simenon y su personaje el comisario Maigret , y he encontrado más recientemente en Henning Mankel y su personaje el inspector Wallander la misma sensación de admiración. En lo que no concuerdo con Ud. es con su conclusión sobre que debería haber leído otra cosa mas trascendente o importante, por lo que me permito darle una tercera opinión, abusando de su tiempo.
    Hubo la coincidencia de que el día de hoy quería comprar una novela policíaca o de tema divertido, el motivo es que acabo de terminar la novela “Vida y destino” de Vassili Grossman, no se si Ud. la conoce porque a lo largo de su lectura me recordaba reflexiones que he leído en su columna, es una novela trágica que nos hace reflexionar sobre la vida y las circunstancias que llevan a las personas a comportarse de maneras que atentan contra cualquier signo de humanidad. Por lo que al leer novelas entretenidas y no tan importantes recuerdo la expresión de Disreli cuando hacía referencia a los chismes de sociedad que le contaba su esposa refiriendose a ellos como “pantuflas mentales”. Para mí las novelas policíacas, las históricas o las humoristas son mis “pantuflas mentales” y comparto con Ud. una lista de las últimas ” pantuflas mentales” esperando que alguna vez le resulten de utilidad.
    La trilogía sobre Publio Cornelio Escipión escrita por Santiago Postegillo, las novelas de Henning Mankel de la serie Wallander, las novelas de Ken Follet.
    No puedo dejar de recomendarle novelas que me han parecido importantes que son de escritores nuevos y buenos como Orhan Pamuk, Haruki Murakami, y un viejito Sandor Marai.
    Gracias por su atención.





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