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Sacrificio e Interés Propio
Selección de ContraPeso.info
28 noviembre 2012
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jordan Ballor. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es ir más allá de la simpleza con la que se presupone que un mercado libre da rienda suelta a los egoísmos más radicales. El tema es menos simple, más sutil.

Una de las quejas a menudo lanzadas en contra de la economía de mercado es que ella fomenta una conducta egoísta.

Esta visión del mercado es la de una especie de guerra de todos contra todos, con cada participante buscado maximizar sólo su beneficio individual.

Como sostuvo el defensor del evangelio social norteamericano, Walter Rauschenbusch, en su Cristianización del Orden Social, “El comerciante ha sido siempre el caso excepcional de un hombre que hace su propio juego y sacrifica la solidaridad social al beneficio privado”.

Esta característica, afirmó Rauschenbusch, se ha exagerado en la era moderna, de modo que

“la clase comercial se ha convertido en la clase dominante, y por lo tanto el egoísmo del comercio ha sido elevado a la dignidad de un principio ético. A cada hombre se le enseña a buscar su propio beneficio, y luego nos sorprendemos que haya tan poco espíritu público”.

Hay varias razones por las que es problemática esta representación simplista de la motivación y la práctica de participantes en el mercado. Las características de la economía de mercado realmente requiere que aquellos que egoístament buscan sus propios y estrechos intereses orienten su actividad hacia el bien de los demás.

Como el economista Walter Williams lo resume: “En un mercado libre, recibes más por servir a tu prójimo. No tienes que preocuparse por él, sólo sírvele”.

Incluso Adam Smith, quien codificó el reconocimiento de esta verdad en la teoría económica, se dio cuenta de que la benevolencia era moralmente superior al egoísmo, pero también vio que los filos cortantes del egoísmo suelen ser mitigados mediante las interacciones del mercado.

Los incentivos que subyacen a la posibilidad de un intercambio mutuamente beneficioso también tienden a alinear los intereses en lugar de simplemente llevarlos al conflicto.

Pero más allá del nivel de los incentivos estructurales, también es cierto que los actores del mercado están generalmente orientados hacia el bien de los demás de otra forma aún más fundamental.

Si usted le preguntara a la gente por qué deja la cama todos los días para ir a trabajar, en la parte alta de la lista de respuestas habría algo como esto: “Para mantener a mi familia”. De esta manera la esfera económica no es un reino de individuos desconectados cuyos corazones están distorsionados por sus propios intereses individuales.

En cambio, el mercado es un lugar de encuentro de los que vienen a servir a los demás a través del trabajo con el fin de que puedan hacer el bien de aquellos a los que están íntimamente ligados.

En un sentido muy real, entonces, cuando actuamos en el mercado, no estamos actuando como individuos abstractos, sino como personas humanas incrustadas en una profunda realidad social y moral. Actuamos en nuestros deberes como representantes de los intereses de otros.

El padre sacrifica un día en el que de otro modo podría buscar su propio bien limitado para dirigirse a la línea de montaje a fin de poder llevar a casa un sueldo para mantener a su familia: para poner un techo sobre sus cabezas, comida en la mesa y la ropa sobre sus cuerpos.

Una madre hace un turno extra en el hospital para poder ser capaz de conseguir algo especial para su hijo en esta Navidad. Este tipo de sacrificios son tan comunes y tan conocidos que a menudo olvidamos lo extraordinario que son.

Familias de todo el mundo hacen grandes sacrificios todos los días, de tiempo y de esfuerzo, que los padres (y a veces niños) expenden en el mercado.

Esta visión más compleja y realista de la vida económica es lo que inspiró al teólogo holandés Herman Bavinck cuando escribió que,

“el llamado a la moral de trabajo no se sitúa por encima de nosotros en el aire y no es una teoría abstracta, sino que está incrustado en la vida misma, en la familia. A través de la familia, Dios nos motiva a trabajar, inspirándonos, alentándonos y dándonos el poder para trabajar. A través de este trabajo, nos capacita para sobrevivir no por el bien de la satisfacción de nuestros deseos sino por el bien de proveer para nuestra familia, ante Dios y con honor, y también para extender la mano de la compasión cristiana a los pobres “.

Es moralmente significativo, entonces, cómo definamos nuestros intereses y donde coloquemos nuestra felicidad. Como señaló el economista Paul Heyne: “Si bien el amor propio o el interés propio es ciertamente capaz de producir un comportamiento egoísta, no tiene necesariamente que hacerlo”.

En su lugar, dijo Heyne, “el interés propio no es lo mismo que el egoísmo, y la búsqueda estrecha de propósitos particulares no tiene ninguna conexión necesaria con la codicia, el materialismo, o la falta de preocupación por los demás”.

Podríamos, de esta manera, optar por alinear nuestros intereses económicos con los de nuestras familias, nuestras iglesias, y los que están materialmente empobrecidos.

El mercado es, en realidad, más que en la teoría abstracta, es un lugar donde se realiza este amor y sacrificio por el prójimo, un amor que no es de ninguna manera incompatible con el interés propio bien entendido.

Nota del Editor

La idea de Jordan Ballor tiene gran mérito por adicionar una faceta generalmente ignorada en este tema.

Las acusaciones de que el mercado libre desata el egoísmo más repugnante, son respondidas con tino al señalar que en un mercado libre los beneficios recibidos están asociados con los beneficios ofrecidos.

Pero a esto, Ballor adiciona que la motivación propia de mayores beneficios personales no opera en el vacío, sino que obedece a las metas personales que no son abstractas y que usualmente son tan concretas como el buscar pagar la colegiatura de los hijos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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