Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Todo Inicia Con Dos Hábitos
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un lamento general. Algo que preocupa y aflige.

Sucede en el terreno de la política. Es la queja frecuente: los ciudadanos votan con una información mínima y trivial.

Basan su voto en impresiones visuales, en palabras aisladas, en situaciones pintorescas.

Olvidan las ideas de los candidatos.

La preocupación es obvia: un voto sustentado en información débil contiene un alta probabilidad de contribuir a la elección de un mal gobernante. Los ejemplos sobran.

Lo que bien vale una segunda opinión es que no es un fenómeno único de la Política. No es algo excepcional. Sucede en otras situaciones.

Casi podría hablarse de una ley: lo trivial desplaza a lo trascendente, lo baladí ocupa el lugar de lo vital.

Esta ley es la que describe el fenómeno por el que los temas más importantes de nuestras vidas suelen ser ignorados. Es decir, antes son tratados las cuestiones de menor importancia que las que más importan.

Mi comentario no es nuevo. Ha sido apuntado antes por otros. Uno de ellos fue Blaise Pascal (1623-1662), el científico y filósofo francés.

Su explicación es fascinante: los temas centrales y más importantes de nuestra vida son causa de infelicidad. Esos temas inquietan, afligen. No es sorprendente que ellos sean pasados por alto.

Esos temas tienen consecuencias en nuestras vidas y no son consecuencias fáciles de aceptar. Piense usted, por ejemplo, en las consecuencias que tiene el creer que Dios existe.

No hay creencia que más afecte la vida que llevamos. Muy bien, pero ¿cómo ignorarlos? Fácil, no les damos tiempo nuestro. Nos ocupamos de los asuntos del día, nuestro trabajo y, cuando queremos descansar, buscamos distracciones.

Esa palabra es vital, “distracciones”. Quitar la mente de un asunto para dejarla sin trabajar un tiempo. No está mal hacerlo. Necesitamos descanso. Pero volver a la distracción un hábito y una costumbre, eso no está bien.

La cosa empeora por otra variable, ocuparnos de los temas trascendentes significa trabajar, pensar. Es como tener otro trabajo.

Y esto nos regresa al tema inicial, el del ciudadano que vota con muy escasa y muy débil información. Es menos laborioso sentarse frente al televisor y ver imágenes que buscar información escrita sobre la historia de los candidatos y sus acciones, para sacar algunas conclusiones.

Es nuestra tendencia humana: el trabajo es evitado y si se realiza, se prefiere un resultado tangible en inmediato.

Esta visión de muy corto plazo y de beneficios que se perciban con facilidad es otro obstáculo al tratar los temas trascendentes. Ellos son de consecuencias a muy largo plazo y poco tangibles en el momento.

La suma de todo esto es la natural: las cosas inmediatas cobran una importancia que no tienen y desplazan a las cosas más importantes que son de largo plazo.

¿Soluciones? Sí, las hay. Son todas ellas un asunto de educación convertida en costumbre.

Algo que se inculca desde pequeños dentro de las familias sobre todo y que tiene que ver con dos hábitos centrales, el de la lectura y el razonar.

Ellos dos son los que minimizan el desplazamiento de lo importante con lo trivial. Y, en una situación muy positiva, se llega a entender que las cosas más importantes son también amenas y chispeantes.

Las costumbres de la lectura y el uso de la razón comienzan en la familia, pero se apoyan en las escuelas. Más aún, esto permite tener una idea de qué tan inclinada a lo trivial es una comunidad.

Examine la venta de libros, investigue los programas más populares de televisión, cuente las revistas más populares, analice los contenidos más frecuentes de las conversaciones.

Con una medida más o menos razonable de variables como esas, usted podrá concluir qué tan sólida será la base de juicio para emitir votos en su país.

No es realista esperar votos total y perfectamente razonados, pero sí es deseable tratar de reducir la cantidad de votos basados en trivialidades. Más aún, mejorará la vida en general si la gente lee y piensa.

Una población con buenas costumbres de lectura y razón será menos fácil de engañar por gobernantes que aprovechan la ignorancia. Y de esa población, además, saldrán mejores candidatos a puestos de gobierno.

Todo comienza con esos dos hábitos, el leer y el pensar razonadamente. No es difícil de comprender.

Post Scriptum

La idea de que leer más libros es mejor es demasiado simple. Será mejor o peor dependiendo de los libros que sean leídos.

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