La defensa de la libertad económica hace bien en mostrar sus resultados muy superiores. Pero comete un error si en su defensa no incluye argumentos filosóficos, que tiene y también son superiores. La filosofía de la libertad económica.

17 minutos

Introducción

Esta columna presenta un examen de los aspectos filosóficos de la libertad económica, especialmente los éticos. Poniendo atención en los resultados prácticos de mayor progreso que ella produce, suelen hacerse de lado consideraciones de mayor profundidad y consecuencia.

Un olvido del capitalista y el liberal

Comienzo por apuntar el olvido de la dimensión filosófica de la libertad económica, específicamente ética. Sus argumentos están correctamente sustentados en sus resultados muy superiores a otros sistemas económico, pero eso no es suficiente.

📌 La defensa de la libertad económica queda incompleta si no se agregan aspectos filosófico-éticos y sus derivados legales.

Demasiado ocupados en defenderse de los ataques socialistas y en explicar las bondades de los mercados libres, los liberales tienen poco o escaso tiempo para ver los cimientos que sostienen sus ideas.

Dejándolos de lado, debilitan su posición. Me explico.

Sí, es cierto que los sistemas de libertad económica son mejores que los de intervencionismo estatal. Producen más prosperidad y, mejor aún, respetan a la naturaleza humana. Poca duda hay sobre esto.

Los opositores al liberalismo, al capitalismo, a todo lo que signifique libertad económica, mantienen así ocupados a los liberales y capitalistas. Los distraen y les hacen olvidar algo vital, la superior filosofía que tiene.

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La libertad económica necesita estado de derecho y ética

Para que funcione, la libertad económica necesita un orden legal, eso que se llama estado de derecho. Otros pueden llamarle imperio de la ley.

Es ese estado en el que el gobierno se responsabiliza de hacer respetar las libertades y los derechos de personas individuales: cumplimiento de contratos, respeto a la propiedad, castigo a delitos y demás.

Sin eso, la libertad económica no puede funcionar. Así de simple, lo que lleva al siguiente nivel, que es cuando se aprecia mejor la filosofía que está detrás de esa libertad económica.

Necesita principios éticos

Si requiere de leyes, eso inevitablemente significa que también requiere de normas éticas. Esta conclusión, que es ineludible, suele irritar a algunos. Pero es cierta y es parte de la filosofía detrás de la libertad económica.

Cuando alguien propone una ley, la que sea, eso se debe a que ha hecho una evaluación ética previa. Ha concluido que esa ley es buena.

Por ejemplo, una ley que castigue el robo, o el secuestro, o la invasión de propiedades. Todas ellas reconocen que hay un elemento anterior de valuación ética. El robo es malo, la propiedad es buena, lastimar a otros es malo.

Es decir, sobre la ley, anterior a ella, por encima de ella, hay un juicio ético que es imposible de ignorar. La conclusión es obvia, si la libertad económica necesita un estado de derecho, el estado de derecho necesita una moral.

Sí, la filosofía de la libertad económica tiene que tener una filosofía ética que lo apoye y que se base en al menos un elemento clave, la libertad humana.

Por tanto…

Hasta aquí, apunto estas ideas que muestran que la libertad económica tienen una filosofía y una ética que deben usar en su defensa integral.

  1. La defensa de la libertad económica usa su superioridad clara de resultados, pero olvida sus aspectos filosóficos.
  2. La libertad económica necesita un estado de derecho para poder dar resultados y eso implica reconocer un marco legal, el que no puede existir sin normas éticas.
  3. Ya que ella defiende a la libertad personal, la propiedad privada y la vida, eso significa que está aceptando principios filosóficos.

📌 La consecuencia de ignorar a la filosofía es la obvia: no puede mantenerse el sistema de libertad económica a la larga sin esa implantación de la ley y la ética que están detrás. Hacen mal, por tanto, los liberales que ignoran el tema.

La libertad necesita filosofía y ética

Quienes defienden a la libertad humana, y en especial a la libertad económica, tienen frente a sí un desorden potencial cuando ignoran el otro componente de la libertad, su filosofía ética.

En otras palabras, defender a la libertad económica sin usar argumentos filosóficos y éticos, es una defensa débil e inefectiva.

«Los hombres están calificados para las libertades civiles, en exactamente la proporción que su disposición para poner cadenas morales a sus apetitos; en proporción a que su amor por la justicia esté por encima de su rapacidad».

— Edmund Burke (1729-1797)

La idea puede ser esquematizada con estos elementos:

La libertad defendida sin atención a otra cosa puede convertir a su defensa en un llamado ilimitado de autonomía personal que no contiene elementos de respeto y conservación —una ruta a su extinción.

Ella debe ser aunada a elementos que la hagan sostenible indefinidamente y para todos —lo que lleva a consideraciones que la conserven universalmente.

La libertad es esencialmente personal, ejercida individualmente —lo que conduce a la existencia necesaria de normas aceptadas por la persona, las «cadenas morales a sus apetitos» y el «amor por la justicia por encima de su rapacidad».

La filosofía conservadora de la libertad

Quien sea que quiera defender a la libertad y lo haga sin consideración limitativa, destruirá eso mismo que quiere defender — es decir, los liberales deben ser también defensores de normas morales y eso es lo que les añade un elemento conservador.

Creo que esto puede ser demostrado con la propiedad privada como una norma moral de respeto necesario que hace posible a la libertad y su conservación.

Si la propiedad privada no es defendida, tampoco lo es la libertad, pues entre ellas existe una conexión vital.

La libertad de ningún tipo puede existir donde no exista también la propiedad privada de bienes personales y también de medios de producción —por lo que tiene que existir también ese «amor por la justicia» que lleva a sojuzgar a la rapacidad del robo.

Los necesarios argumentos filosóficos

Si proyecto lo anterior hasta extremos razonables, debo concluir que el defensor de la libertad económica debe ser, de cierta manera, un conservador razonado que también resguarde un código filosófico que fortalezca sus argumentos de defensa.

La inadvertencia de la importancia ética para la defensa de la libertad es lo que ha producido —en mi opinión— la acusación común y acostumbrada.

La siguiente crítica muestra el efecto de hacer olvidado los argumentos filosóficos de la libertad económica:

«Si bien el capitalismo ha llevado al mundo a lograr enormes avances y alcanzar un desarrollo importante, las inmoralidades propias del sistema capitalista lucen como un precio elevado por el progreso que hasta el momento se ha alcanzado. El capitalismo, liderado por los gobiernos, multinacionales y hasta por pequeños imperios económicos locales, ha cometido grandes injusticias y atropellos en su propósito por hacer crecer su riqueza». csocialescm.blogspot.mx

Esto muestra el fenómeno por el que se tiene la percepción de un socialismo humano y un capitalismo inmoral.

La grieta indebida

Cuando se olvida que quien defiende a la libertad económica también tiene una filosofía ética, se abre sin gran conciencia una grieta considerable a su defensa —por la que puede entrar su opositor apropiándose de ideas como la dignidad humana y usarlas en provecho de los ataques a la libertad.

El defensor de la libertad económica necesariamente sostiene una idea filosófica acerca de la dignidad humana. Pero al relegar que también defiende la ética de la dignidad humana cede ese elemento a su opositor, quien la usará humana para su provecho contra la libertad.

Es decir, quien defiende a la libertad económica tiene que tornarse en un defensor de «cadenas morales» opuestas a los apetitos y excesos; y ser un defensor de la justicia por encima de codicia y avaricia. Y si no lo hace, su defensa será en extremo débil.

La libertad económica es, sin duda, el mejor sistema para la creación de riqueza y el combate a la pobreza y ningún sistema es mejor que él. Esto ha sido demostrado hasta la saciedad.

Pero esa defensa fuerte de la libertad económica, por esa vía exclusiva, es endeble sin su componente filosófico —que es lo que hace posible lo que ha sucedido, es decir, la defensa moral del socialismo. Una falla notable del liberal.

No solamente la libertad económica

Quienes defendemos a la libertad en contra de los ataques de las mentalidades socialistas, comunistas, intervencionistas, dictatoriales, totalitarias y el resto de ellas, deseamos proteger no solo a la libertad económica.

Por lógica inapelable, defender al capitalismo y al liberalismo por ser libertad económica, también significa la defensa de otras libertades.

Esta es otra de las creencias obligadas de la filosofía de la libertad económica: hay una sola libertad y ella tiene manifestaciones diferentes

1. Libertad política

Ella equivale a la defensa de sistemas demócratas y republicanos que promueven gobiernos limitados y bajo estricto control.

2. Libertad cultural

Equivale a las libertades de expresión, educación, religión, opinión, arte y demás, que colocan a estas áreas fuera del control político.

3. Libertad económica

Es la libertad de trabajo, producción, innovación empresarial, venta y consumo, en un ambiente libre de interferencia gubernamental. El libre mercado.

Las tres son una sola

Otro punto central de la filosofía de la libertad económica es que ella es una sola con las otras dos. Es decir, no puede existir libertad económica si no hay libertad política y cultural.

La interferencia estatal

¿Es la libertad el poder hacer lo que la persona quiera, sea lo que sea? Incluso el más radical de los liberales respondería que no porque entendería que el acto libre de robar un banco no es bueno —aunque sea realizado en total libertad por el ladrón.

Esto es lo que ha llevado a pensar en el principio de no afectar la libertad ajena —concluyendo que todo acto libre es bueno con tal de que no afecte la misma libertad que otros tienen.

La idea es la de igual libertad para todos y eso prohibiría robos, asesinatos y similares.

📌 El principio de no dañar a otros, sin embargo, parece incompleto porque deja abierta la posibilidad de considerar aceptable la libertad de la persona para dañar a su propia libertad —una situación incongruente: no poder dañar a otros pero poder dañarse a uno mismo.

¿Qué hacer entonces?

La respuesta más común es pragmática y establece límites a la interferencia estatal:

  • El gobierno debe intervenir para evitar que la acción de uno dañe la libertad de los otros —es la prohibición y castigo de robos, fraudes, asesinatos y similares;
  • No debe meterse en los actos decididos por voluntad libre de ambas partes, como la prostitución y la compra-venta de drogas —o el de fumar en restaurantes;
  • Tampoco debe intervenir en actos propios que dañan a uno sin lastimar a otros, como el no usar cinturón de seguridad.

Poniendo toda su fuerza en limitar a los gobiernos su poder para anular con leyes a las libertades personales hace una defensa enérgica y razonable. Efectivamente, nada tiene qué hacer el gobierno prohibiendo bebidas alcohólicas, por ejemplo.

Pero eso hace olvidar al defensor de la libertad económica que acciones como el consumo de drogas, el abuso del alcohol, o la prostitución son moralmente reprobables. La ley no los debe prohibir, pero falta responder si la persona misma debía libremente prohibírselas a sí misma.

Es un olvido del liberal, el que preocupado con la tarea de defender a la libertad de los ataques gubernamentales, ha puesto toda su atención en aspectos legales —y se ha olvidado de la posibilidad de que haya acciones tomadas en entera libertad y que sean contrarias a la misma libertad personal.

Un punto central

📌 La defensa de la libertad económica, si quiere ser completa y efectiva, debe ir más allá de centrarse en la innegable superioridad para producir prosperidad general.

De no incluir los aspectos filosóficos y éticos de la libertad para defenderse, sus argumentos resultarán débiles. Peor aún, dejarán un vacío filosófico y ético que sus enemigos aprovechan gustosos.

Argumentar que la libertad consiste en hacer lo que a la persona venga en gana es una posición débil que afecta a la defensa de la libertad y provoca la más fácil victoria de sus enemigos.

La defensa de la libertad económica debe incluir argumentos filosóficos sobre la naturaleza humana y eso conduce a creencias éticas que también deben ser parte de esa defensa.

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Otro elemento filosófico de la libertad económica

Un mercado libre se reconoce porque en él funciona un mecanismo de determinación de precios que son el producto acumulado de decisiones libres personales —las que son efecto de las valoraciones individuales.

Diferentes personas, con diferentes estándares de valoración de los bienes, interactuando entre sí, forman precios que varían mostrando los valores asignados por ellas a esos bienes, en su intercambio.

Siendo propietarias, las personas siguen su natural inclinación al intercambio, ofreciendo lo que menos valoran en relación a lo que más valoran en un cierto momento y un cierto lugar —los precios formados son información indispensable para tomar decisiones de compra y venta.

Esto obliga a concluir que la información que permite a las personas actuar y formar precios no es posible de acumular centralmente —es decir, nadie puede determinar precios reales centralmente.

La libertad económica es la mejor forma conocida para determinar precios reales que puedan ser usados para tomar decisiones eficientes y aprovechar al máximo recursos limitados.

Es decir, abandonar el sistema de libertad económica tendrá el efecto de desperdiciar recursos y eso afectará negativamente el bienestar de las personas.

Surge un dilema moral inevitable

Si se acepta, como es cierto, que la libertad económica es lo que mejores resultados produce creando prosperidad general, eso hace surgir un dilema moral.

¿Es correcto y debido seleccionar otro sistema económico que produce menos prosperidad y que incluso causa pobreza y miseria? El problema puede ser visto esquemáticamente:

  • El sistema económico A es el que más prosperidad sostenida produce.
  • El sistema B produce menos prosperidad que el sistema A —incluso el sistema B en dosis intensas eleva la miseria.
  • ¿Cuál de los dos sistemas económicos debe implantarse como obligación moral y ética?

La respuesta es obvia y representa la aplicación de un principio ético de aprovechar el conocimiento para hacer el bien.

📌 Con un pequeño gran detalle adicional —las personas actuarán moral o inmoralmente con independencia de si viven bajo el sistema económico A o el B.

Libertad económica: defensa completa

La libertad económica manifestada en mercados libres, con derechos de propiedad bien establecidos e intercambios voluntarios, es la mejor forma para lograr prosperidad.

Es verdad, ese sistema de libertad económica dispersa riesgos, aprovecha conocimientos esparcidos, usa talentos abundantes y permite crear riqueza sin precedentes en la historia. La evidencia es abrumadora examinado esto con datos de pobreza.

La defensa de la libertad económica tiene demostraciones fuertes que son prueba de la solidez de los razonamientos que promueven a la libertad económica como el mejor régimen posible para crear bienestar creciente.

Esa es la defensa acostumbrada de los mercados libres, de la libertad económica. Y no es mala, al contrario, es vigorosa y contundente. Sin embargo, es una defensa incompleta por lo general.

Los defensores de la libertad económica usan muy buenos argumentos y tienen pruebas fuertes acerca de los resultados, no perfectos, pero sí admirables de los mercados libres. Pero es una defensa insuficiente e inacabada de los mercados libres porque no tiene una dimensión filosófica y ética.

Los faltantes

Suele carecer de una dimensión integral que comprenda que al defender a la libertad económica de las personas se tienen otras creencias que también deben valorarse y defenderse.

Sobre todo, hay una defensa de la creencia en una naturaleza humana que es esencialmente libre y que tiene capacidades para razonar, decidir y actuar; que puede tener conductas buenas pero también malas; que crea leyes y costumbres y necesita guías de comportamiento.

Y todavía más. Esa naturaleza humana acumula experiencias y conocimientos produciendo cultura, tradiciones, costumbres, reglas, civilización, normas que permiten la existencia de la vida en común. Todo en un conjunto de convivencia que es difícil de explicar racionalmente y con diseños espontáneos que son frágiles e imperfectos.

Todo ese conjunto de convivencia con múltiples elementos que interactúan entre sí es lo que sostiene a la libertad económica y son su defensa filosófica.

Cosas como leyes aplicadas objetivamente, protección ante abusos de autoridad, libertades adicionales a la económica; instituciones estables y una razonable expectativa en un futuro con poca incertidumbre en buena parte creada por la existencia de normas de comportamiento que premian la convivencia y castigan el daño ajeno.

«Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.».

— Thomas Jefferson (1743-1826)

Conclusión

Quien defiende a la libertad económica debe también defender todo eso que la hace posible: esa razonable expectativa en el futuro estable y que permite trabajar ahora para gozar mañana. Y eso lo logran los principios filosóficos y éticos.

Ese futuro estable que debe defenderse en conjunto con la libertad económica, es el olvido usual que hace incompleto el argumento a favor de la libertad económica.

¿Cómo crear ese futuro percibido como estable, es decir, sin amenazas a los frutos del trabajo propio?

Ese futuro es producto de gobiernos limitados que funcionan bajo el imperio de la ley, y que se encargan de hacer cumplir. Leyes derivadas de experiencias acumuladas durante siglos. Pero también, es producto de una cierta expectativa de conducta de la gente común que respeta normas basadas en la naturaleza humana más allá de lo que marca la ley.

Y tanto la ley como las normas de comportamiento cotidiano tienen una fuente común, que es una filosofía con contenido ético, o como usted quiera llamarle.

Es decir, para sorpresa de muchos, la libertad económica necesita también una defensa ética. La de ese sistema filosófico que le permite existir, sin el que la libertad económica no sería posible.

Eso significa que suponer que ella apoya a la idea de una sociedad liberada de toda moral crea el enemigo interno que la destruirá. Sin una cierta ética no puede existir esa libertad económica que tanto se desea defender.

La libertad económica, los mercados libres, el capitalismo, el liberalismo, necesitan un sustento filosófico ético para poder existir.

Ahora el punto es de dónde sale ese código moral que produzca leyes justas y comportamientos buenos. Mucho me temo que solamente hay una fuente última, firme y sólida, para ese código moral que permita defender a la libertad económica: la naturaleza humana y su dignidad.

Acerca de la notable disminución de la pobreza en el mundo véase también Global Poverty Rates and Economic Growth.


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[Actualización última: 2021-12]

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Lector frecuente y culto, defensor de la libertad y de la moral objetiva. Cofundador de Contrapeso.info.