Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Hombre, Un Ángel
Eduardo García Gaspar
6 julio 2012
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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Había una vez un joven hombre de grandes vicios y costumbres malas.

Un día tuvo una gran sorpresa, pues por la mañana, se le apareció un ángel.

Frotó sus ojos, dudó hasta convencerse. Un ángel le hablaba.

Lo más interesante, sin embargo, fue lo que el ángel propuso.

Le dijo que recibiría un premio enorme, el más grande placer de todos, a cambio de una sola cosa.

“Durante siete días y sin falta alguna, respetarás los Diez Mandamientos. Si lo haces pasarás seis meses en la mayor felicidad que jamás hayas conocido”, le dijo el ángel.

Siendo de mente calculadora, el hombre hizo cuentas. Serán siete días de sacrificio a cambio de 180 días de gozo, razonó. Una proporción de 26 a 1, concluyó.

“No está mal”, se dijo, “aceptaré la apuesta a cambio de ese gozo tan dulce que promete y que desconozco”.

Y así fue que el hombre, en busca de un placer mayor a los que conocía, aceptó la apuesta y la cumplió. Al octavo día, el ángel hizo lo que prometió.

Terminados los seis meses, el hombre regresó a su vida anterior, pero no sin cierta inquietud. Dedicado de nuevo a sus bajos placeres, los encontraba insatisfactorios. Recordaba esos seis meses anteriores y deseaba en su interior que se repitieran.

“Incluso”, se dijo, “estaría dispuesto a cumplir con esa condición a cambio de un mes de cumplir con los Diez Mandamiento, lo que me daría, 26 meses de tiempo en esa felicidad”.

Sus deseos se hicieron realidad, pues al poco tiempo, el ángel volvió a aparecerse. “Traigo una nueva propuesta”, dijo el ángel, “ahora a cambio de un mes de buen comportamiento y de alejamiento de tus vicios, te daré dos años y dos meses de esa felicidad que ya conociste”.

El hombre aceptó de inmediato y acordó comenzar al día siguiente con el respeto a los Diez Mandamientos.

Los amigos del joven hombre, al cabo de dos semanas, se dieron cuenta de un cambio en su conducta. Sorprendidos por su nueva conducta, trataba él de explicarles lo sucedido, pero no podía. Las palabras no alcanzaban a describir ese gozo y, además, jamás le creyeron lo del ángel.

Y es que el joven hombre no encontraba las palabras para describir su gozo y la felicidad que sentía. Lo intentaba, trataba de hacerlo, pero fracasaba. No encontrabab las palabras adecuadas, con la intensidad correcta. Era imposible explicar a los demás y sólo se limitó a convidarlos a hacer lo mismo que él, lo que ocasionó grandes carcajadas entre sus amigos.

No le importó y razonó, “si haciendo eso durante un mes, tengo esta felicidad que disfruto durante más de dos años, estaría dispuesto a hacer otro intercambio, digamos un año a cambio de 26 años de este gozo”.

Terminado el plazo de su segundo trato, el hombre sólo pensaba en lo bueno que sería encontrar al ángel otra vez. Pasaron algunos meses, y el hombre ya no regresó a sus grandes vicios y malas costumbres.

Cierto que a veces sucumbía, pero tenía ahora un nuevo sentimiento que no conocía, el arrepentimiento. Un día, de nuevo apareció el ángel, muy temprano por la mañana.

Comenzaron a hablar como amigos que ya eran. El hombre dejó ver sus intenciones. Quería otro trato: más tiempo de buen comportamiento, digamos, un año, a cambio de quizá más de 26 años, de esa felicidad que no podía describir.

El ángel le dijo, “voy a hacerte otra proposición, más extrema, a cambio del respeto a los Diez Mandamientos durante el resto de tu vida, y te quedan 45 años, se te dará esa felicidad que ya conoces por toda la eternidad, jamás terminará”.

El hombre no respondió de inmediato. Hizo sus cálculos. Pensó, meditó. Volvió a pensar.

Reflexionó y al fin respondió, “Acepto, pero no creo poder siempre respetar esos mandamientos, puedo fallar algunas veces y ¿qué pasaría si fallo en algunas ocasiones?”

Respondió el ángel, “Por haber reconocido con humildad tu condición de humano, te digo que esas faltas te serán perdonadas si muestras arrepentimiento”.

El hombre, al escuchar eso, aceptó.

Dijo para sí mismo, “Es el mejor trato que pude haber hecho en mi vida, a cambio de 45 años de buen comportamiento, obtendré una cantidad infinita. Aceptaría el trato aunque me quedaran cien años de vida”.

Fue así que el hombre vivió una vida ejemplar, tanto que perdió a sus viejos amigos y hizo nuevos.

La historia, que no creo que sea nueva, muestra la faceta racional de la decisión humana más importante que puede haber. La más larga de las vidas humanas es un plazo realmente corto en comparación con la eternidad.

Si es cierto que existe el Cielo después de la muerte, lo que ese hombre hizo es lo más lógico y de sentido común. Sólo queda un punto, estar totalmente seguro de que no existe el Cielo para rechazar esa propuesta.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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