Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felicidad: Elementos, Ideas
Eduardo García Gaspar
1 octubre 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La conversación fue interesante. Hablábamos de la felicidad.

¿Qué es realmente? No es sencillo responder.

Uno dijo que “felicidad es leer un buen libro”, otro que “discutir buenos temas con amigos”.

Sí, de acuerdo, son momentos de felicidad, y en su fondo deben mostrar algo en común.

“Felicidad es poder comer cuando tenemos hambre”, podemos pensar con buena base. O, bien, “tener abundante agua en el desierto”.

Son estas ocasiones de felicidad y contento que muestran muy claramente la satisfacción de algo deseado. Si nos quedamos con esta idea, podemos encontrar otras ocasiones de felicidad.

Por ejemplo, tener salud, no faltarnos dinero, ver a los hijos graduados, visitar a los amigos, conocer algo, viajar.

El problema ahora ya no es hacer una lista de deseos, necesidades, o como quiera usted llamarles. Podemos hacer una tipología de esas ocasiones de felicidad, aunque sea momentánea.

Mejor que eso, no tenemos que hacerla. En un libro hay una clasificación muy razonable de esas necesidades y deseos. Los coloca en uno de cuatro tipos de satisfacciones. Comencemos por lo más obvio y terminemos con lo menos

Primero, las cosas físicas que satisfacen necesidades, como el agua, la comida y el resto. También está el dinero en el banco, el sitio en el que se vive, la ropa, el auto.

En fin, creo que es claro esto. Y tiene sus niveles como por ejemplo en el caso del agua: puede ser tomada del grifo, o vertiendo Evian en un caso de cristal.

Segundo, las cosas corporales, donde el ejemplo clásico es la salud, lo que hace incluir aquí a las medicinas, a los hospitales y doctores. Incluso al dentista.

Hay algo más aquí, como el placer corporal, en cosas como hacer deporte, descansar y demás.

Tercero, las cosas sociales, como la familia, los amigos, el vivir en sociedad, el estar en una sociedad donde vivimos seguros.

Si somos animales que no pueden vivir solos, estas cosas son las que satisfacen nuestros deseos de compañía, para hablar, comunicarnos, decir chistes, beber en compañía, discutir sobre la felicidad.

Cuarto, cosas que son de otro tipo y que incluyen al saber, a la sabiduría, a la virtud, el pensar, a la belleza. Discutir sobre la felicidad, por ejemplo, proponiendo ideas, o leer libros.

El orden es importante, conforme se avanza esas cosas van siendo más y más humanas.

Por ejemplo, todos los animales necesitan comer y beber. No hay diferencias contra nosotros, pero aún así, nosotros les hemos añadido algunos extras. Usamos condimentos, tenemos recetas, producimos vinos y cervezas, todo destinado a elevar la satisfacción.

En las cosas corporales, las segundas, igual que los animales tener salud es bueno, pero las adiciones que hemos hecho son importantes. Sólo los humanos hemos añadido elementos adicionales, como la aspirina, la anestesia, los estudios de medicina y demás.

Igual en las cosas sociales. Cierto que hay animales solitarios, pero con los sociales tenemos parecido. Sin embargo, también hemos añadido extras, como la escritura, el teléfono, los medios de transporte, los gobiernos y sus leyes. Las redes sociales.

En esos tres tipos de cosas anteriores tenemos alguna similitud con los animales, pero incluso en las más básicas hay acompañamientos netamente humanos que no tienen los animales.

Ninguno de ellos produce champaña para beber, ni aparatos de ejercicio físico, ni códigos de vestimenta para banquetes.

El cuarto tipo de cosas es lo más humano que podemos encontrar, son esas cosas que “son buenas para el alma”.

No hay aquí ninguna similitud posible con los animales. Es la satisfacción de leer un libro, de escuchar música, de estar enterado de las noticias, de viajar y conocer otras partes, de entrar a un museo, de colgar un cuadro, de tener fotografías de los hijos.

No hay animal alguno que llegue a ese nivel de satisfacción al saber, conocer, tener ideas. Es decir, el simple hecho de conversar acerca de la felicidad, tratando de definirla, no es propio más que de humanos, al igual que estar en desacuerdo con las opiniones del resto (o de acuerdo).

Entonces, estamos ya en la posibilidad de definir a la felicidad de manera más o menos razonable.

Ella puede entenderse como un estado personal en el que nada más se desea. ¿Posible llegar a ese estado de cosas? Mucho me temo que no. Tome usted, por ejemplo, al hombre que tiene cien millones en el banco. La experiencia nos muestra que seguramente querrá aún más.

Peor aún en el caso del saber. Es imposible saberlo todo y llegar a ese estado de ya no hace falta saber más. Quizá sea que jamás llegaremos a la felicidad plena, al menos en este mundo, pero sí tenemos ocasiones en las que gozamos instantes de lo que ella podría ser.

Post Scriptum

Ante esa definición de felicidad, la de ya no desear nada más, hay dos caminos posibles de tomar.

Uno es el de la renuncia a absolutamente todo en el sentido de educarse para no desear nada, absolutamente nada. Es como una especie de abandono personal que desprecia todas las cosas.

El otro camino es lo opuesto. Es la lucha por ser feliz, incluso sabiendo que nunca se será. En este camino, creo, el sentimiento de felicidad se incrementará notablemente conforme se suba de nivel.

El libro del que hablo y del que sale la cita entrecomillada es el de Adler, M. J., y Weismann, M. (2000). How to think about the great ideas. Chicago: Open Court.

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