Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Está Mal?
Eduardo García Gaspar
23 febrero 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos lo hacemos. Es parte de nuestra naturaleza. androjo

Una parte que contiene la idea del “deber ser”.

Podemos distinguir entre el “ser”, es decir, la realidad, y el “deber ser”, eso que debiera ser la realidad.

Una cosa que nos distingue del resto de los animales.

Una parte que también contiene otra cosa que nos distingue también. Nuestra capacidad para diferenciar a la verdad de lo falso. Pongámonos a trabajar con estas ideas, sentados en un cómodo sillón.

En el terreno de “lo que es”, la meta es determinar que nuestras ideas coincidan con lo que es. Cuando una opinión nuestra coincide con lo que es, esa opinión se vuelve conocimiento correcto. Se trata de una verdad, es decir, de una información que corresponde con lo que es y existe.

En el terreno de “lo que debe ser”, también hay esa preocupación por encontrar un conocimiento correcto, una verdad acerca de lo que debe ser. Tenemos una dificultad seria en estos terrenos, la de no poder verificar nuestras opiniones de acuerdo con la realidad.

Un campo resbaladizo, que vale la pena ver de cerca.

Para verificar que nuestra opinión de que el sol saldrá mañana por la mañana, a las 6:47 am, basta con que lo observemos y constatemos. Y si hay nubes, podemos acudir a otras fuentes de información. Si encontramos que coincide con nosotros, con confianza razonable podemos pensar que nuestra opinión es verdadera.

Pero si nos movemos al terreno de lo que debe ser, las cosas cambian. Cierto que también buscamos verdades, pero no tenemos el poder de verificarlas contra la realidad. Por ejemplo, podemos tener la opinión de que robar es malo, algo que no debería ser. ¿Cómo probar esto y determinar que es una verdad?

Podemos, por ejemplo, observar que en la realidad, una banda de delincuentes ha robado un par de bancos. Podemos aceptar que eso es verdad, que es realidad. Nuestra opinión acerca de la existencia de esos asaltos es verdadera, coincide con lo real.

Muy bien, pero es algo que debe ser ¿o no?

Es otro terreno completamente. Uno muy distinto, en el que no podemos usar a la realidad como criterio de verificación. Podemos comprobar que lo que sabemos es falso o verdadero; que, por ejemplo, la picadura de mosquitos puede contagiar la malaria, o que el agua tiene una composición química exacta.

O podemos comprobar que el robo de los bancos fue real. Pero la realidad no provee el criterio para verificar la hipótesis de que robar es malo.

Para hacerlo, es necesario tener una noción distinta, quizá la de una realidad ideal. Si en ese mundo ideal que podemos imaginar el robo no existe, entonces podríamos concluir que el robo es malo.

Podemos, entonces, concluir algo razonable.

• Usamos las palabras “correcta” o “exacta”, “falsa” o “inexacta” en el caso de opiniones que coinciden o no con la realidad. Es el caso de verdades posibles de comprobar por medio de su apego a lo que existe. Por eso, se habla de conocimiento verdadero.

• Pero usamos otras palabras, como “bueno” o “malo”, “debido” o “indebido” en los casos de realidades según ellas coincidan o no con ese mundo ideal que podemos imaginar. También son verdades, pero no están sujetas a comprobación por la vía de su correspondencia con la realidad.

¿Aburrido y obvio todo lo anterior? Quizá, pero necesario para apuntar algunas de las realidades de nuestros días.

Tiempos en los que creo tenemos una gran capacidad para diferenciar lo verdadero de lo falso cuando se trata de conocer a la realidad. Esto es una enorme capacidad científica y técnica y que poca necesidad tiene de probarse.

Pero tiempos también en los que tenemos enormes dificultades cuando nos movemos en el campo de lo que debe ser. Nos adentramos en ese campo y lo hacemos sin miedo, pero mucho me temo que no tengamos en él las grandes habilidades que tenemos en el otro.

Son tiempos de gran Ciencia pero pequeña Ética. Se sabe mucho de ciencia, pero poco de Ética. Hacemos Ética, pero la que hacemos mucho me temo que sea Ética mala. La causa de esto, creo, es algo que apuntó G. K. Chesterton hace tiempo.

Lo que está mal en nuestros tiempos es que no sabemos qué es lo que está bien. Ignoramos cómo es ese mundo imaginario e ideal al que debemos aspirar y que nos sirve para verificar si los que hacemos es bueno o no, si coincide con lo que sucedería en ese mundo o no.

Quizá sea que se ha perdido la idea de aspirar a lo que debe ser y ha sido creada la mediocre complacencia de unirse a la uniformidad del promedio de opiniones. Quizá sea que en estos tiempos, se quiere que la ética coincida con la realidad, cuando la ambición es lo opuesto, que la realidad coincida con la ética.

Post Scriptum

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