Está en la naturaleza humana hacer juicios, tener opiniones, poseer convencimientos y desarrollar creencias. Es imposible solicitar a las personas que se abstengan de eso. El natural desarrollo de juicios, algo imposible de evitar.

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Introducción

Existe una mentalidad que considera positivo el abstenerse de emitir juicios y tener opiniones. Es lo que en inglés se llama non-judgmentalism.

Hace referencia específica a la posibilidad de que una persona evalue la opinión de otra con un juicio propio. La expresión de ese juicio de un tercero es lo que se solicita detener.

Como parte de las solicitudes que exige lo políticamente correcto, se considera bueno que unos se abstengan de emitir juicios acerca de otros.

Es decir, si la persona A opina que nada hay de utilidad en leer libros de los filósofos griegos, todos los demás deben mantener la boca cerrada (al parecer excepto si manifiestan su acuerdo con ese juicio).

Es una especie de prohibición de desarrollo de juicios acerca de las opiniones de otros. La pregunta obligada es si eso es posible y, segundo, si es razonable.

📍 Este es el campo de ideas como el derecho a tener opiniones, el dilema de respetar opiniones o personas y las características de las opiniones comunes.

El desarrollo de juicios

El examen de esa exigencia de abstención de juicios personales sobre otros puede iniciar con la idea de un autor. Dice Charles Murray: «Mi primera objeción a esta postura de no juzgar es que ella es internamente contradictoria y una imposibilidad». Y para probar su punto, recurre a ejemplos extremos.

Los ejemplos usados por Murray ayudan a comprender lo dificultoso que sería solicitar que se prescindiese de desarrollar un juicio al respecto.

La información disponible acerca de cada una de esas ternas hace imposible impedir una valoración. Incluso cuando se juzga, por ejemplo, entre las composiciones de Mozart y las de Beethoven, con calidades excelsas las dos, es posible tener juicios.

Las opciones

Ante esa petición de evitar dar juicios acerca de las opiniones de otros, se tienen opciones.

🔴 Solicitar que no se examinen las diferencias entre esas obras, por ejemplo. Ni tampoco distinguir entre las telenovelas y El jardin de los Finzi Contini.

🔴 Suponer que realmente no existen diferencias entre Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo y The shining de S. Kubrik.

La primera opción es posible. Por injustificada que pueda parecer, es una posibilidad pedir que las personas se abstengan de desarrollar juicios acerca de las cosas.

En cambio, la segunda opción es irrealizable. Esas cosas, se quiera o no, no son iguales. Puede proponerse que se ignoren las diferencias, pero no que dejen de existir.

Aún así, examinando la petición de ignorar las diferencias entre las cosas, es inevitable llegar a la conclusión de que tampoco eso es posible. El desarrollo de juicios acerca de las cosas es imposible de frenar. Lo que lleva a la tercera opción.

🔴 Exigir que aunque se reconozcan diferencias entre las cosas, ellas no sean expresadas por las personas. Es una petición de censura y autocensura. No es posible frenar el desarrollar opiniones acerca de las cosas, pero sí es posible crear un escenario en el que sea arriesgado o prohibido expresar los juicios propios.

El pensador, Auguste Rodin, CC0, via Wikimedia Commons

Otros terrenos

Hasta aquí se han considerado ejemplos que contrastan ejemplos de producción artística. Ellos se ha usado para mostrar las opciones que se presentan ante la petición de dejar de desarrollar juicios personales.

La conclusión general es que esa petición significa al final solo una exigencia para quedarse con la boca callada. Es decir, renunciar a expresar a otros las opiniones que inevitablemente se tienen. Desnuda, se trata de una mera petición de censura en una modalidad distinta a la tradicional. No puede dejarse de pensar, pero sí de hablar.

📌 El punto ahora es si esto mismo puede trasladarse a otros terrenos, como el de los campos de la moral, o el de la política. Por ejemplo, emitir un juicio sobre las políticas de cuotas por género, o acerca de los matrimonios de personas del mismo sexo. Sin duda se tienen juicios personales sobre esos temas, pero ¿es justificable pedir que no sean expresados por quienes los han desarrollado?

Casos

La persona A dice a la persona B: «Estoy convencido de que los embriones no son seres humanos aún». La persona B escucha esa opinión y, sin poderlo evitar, por causas naturales reacciona con un juicio. Puede ser que B esté de acuerdo. Podría ser que no.

La solicitud de evitar juicios acerca de opiniones ajenas dicta una sentencia: B debe quedarse callado y no expresar su juicio contra la opinión de A. Solamente podría expresar su acuerdo, no su desacuerdo.

Se postula que es imposible detener el desarrollo de juicios personales acerca de las ideas de terceros, así sean primitivos y simplistas.

Cuando alguien dice que deben aumentarse los salarios mínimos para elevar el bien común, quien eso escucha reacciona con un pensamiento que enjuicia esa afirmación. Y se le pide que se quede callado como signo de respeto y tolerancia a quien ha hablado.

Otra persona habla diciendo que en el matrimonio deben ser aceptada la infidelidad sexual de los cónyuges porque es algo natural que se tiene en el reino animal. Se le exige a quien eso escucha que no exprese su opinión al respecto, a pesar de que ha formado un juicio al respecto, especialmente si es negativo.

Es obvio que así como existen diferencias entre expresiones artísticas, como las mencionadas antes, también existen diferencias entre los juicios de las personas.

Quien afirma que las parejas homosexuales tienen el derecho a adoptar niños, necesariamente enfrenta la opinión opuesta. El que cree que el aborto debe ser permitido está frente al juicio que dice lo contrario. Y entre esas opiniones hay también diferencias.

La consecuencia

El efecto no intencional más claro de quien pide cerrar la boca expresando los juicios desarrollados ante la opinión de otros es el mantenimiento de la ignorancia. Un par de ejemplos extremos ayuda a comprender eso.

Alguien afirma que la tierra es plana y ante esa opinión se pide al resto que no enjuicien la afirmación, que se queden callados. El resultado de esto es que quien eso cree conservará su desconocimiento. Quien dice que diez más veinte suman cincuenta mantendrá su ignorancia si los demás se quedan mudos.

¿No hay acaso una obligación de ayudar a los demás a corregir sus errores? ¿Acaso no sirven los diálogos para enriquecer los juicios de quienes intervienen?

No resulta racional dejar a cada persona por su cuenta con la responsabilidad de crear su propio conocimiento sin la ayuda de los demás. ¿Tiene cada persona la tarea de descubrir por sí misma el teorema de Pitágoras y las leyes de la Economía?

Es un error de consecuencias el suponer que es una muestra de respeto el quedarse callado ante las opiniones ajenas cuando la ocasión lo requiere. ¿Respeta un profesor a un alumno que dice admirar a un régimen totalitario porque así se respeta al estudiante? Es una mejor opción el expresar juicios que le ayuden a corregir su creencia.

Conclusión

Ha sido examinada una petición usual de tolerancia y respeto hacia las personas. La que solicita que se evite expresar juicios acerca de opiniones ajenas, de manera que no se hiera la sensibilidad de otros y lleguen a sentirse ofendidos.

Dada la naturaleza humana, es imposible pedir que las personas no desarrollen opiniones acerca de lo que los otros dicen y hace. Desde la crítica de la vestimenta del vecino hasta la de sus opiniones acerca de la moral, las personas reaccionan con ideas que examinan a los otros.

La exigencia, por tanto, solo puede ser la de abstenerse de expresar los juicios acerca de los otros, es decir, quedarse callado sea lo que sea que hagan o digan. Esto equivale a una petición de censura.


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Más de cuatro décadas de escribir columnas de opinión y análisis políticos en periódicos y en línea. Autor de tres libros.