Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es la Gente y su Libertad
Eduardo García Gaspar
23 febrero 2016
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Una relación de justicia personal con otros necesita una cosa básica. Requiere que tengamos una conducta de abstención.

Una conducta que no impida a otros lo que ellos intentan hacer por sí mismos.

¿Sería justo entonces dejar que otro golpee a un tercero y uno se abstenga de intervenir?

No, claramente no. El que golpea a otro no tiene una relación justa con ese y uno es el testigo de una situación injusta. ¿Somos injustos si no intervenimos? No necesariamente, depende de las circunstancias concretas; quizá cuando mucho uno pueda hablar diciéndole que no lo haga.

El punto, sin embargo, se mantiene. Es justo dejar que los demás actúen de acuerdo con sus intenciones, mientras esas acciones no impidan a los demás hacer lo que deseen. Sería injusto que yo le impidiera a usted abrir el negocio que quiere, o comprar un boleto para el cine. Sería injusto que usted me obstaculizara el leer un libro que yo quiero.

No es muy complicado. Es como dar a cada quien lo que merece y eso que merecen es su derecho a la libertad y a ejercerla para lograr lo que se desea. Por supuesto, si usted va más allá de esta relación de justicia y ayuda al otro, supera el nivel de justicia y llega a lo que puede llamarse caridad, compasión, amor.

Supongamos el caso de una persona cualquiera y que no considere que ella posee el derecho a ser libre, a poseer bienes, a decidir su propia vida. Esas son cosas que no le preocupan a nuestra hipotética persona, simplemente no las valora. Ni se ha puesto a pensar en ellas.

¿Qué sucede entonces? Toda la idea de la justicia se viene abajo. Si esa persona no piensa que tiene el derecho a ser libre, sucederá que tampoco pensará que los demás tienen ese derecho. El respeto a la libertad de la gente será una idea sin sentido para esa persona.

Podrá ella violar la libertad de otros, o ver que otros violan su libertad y la del resto, sin que eso le cause ningún juicio reprobatorio. No verá injusticia en esos actos. Esto es lo que me interesa en esta segunda opinión.

Creo razonable afirmar que las personas que no creen que tienen ellas mismas el derecho a ser libres, a poseer bienes, a decidir su vida, tampoco pensarán que los demás tienen esos derechos. Para ellas, el mundo es uno de personas sin esos derechos.

Y un mundo sin derechos es un mundo en el que no puede existir la noción de justicia, del respeto mutuo de derechos entre las personas. Es decir, en el monto en el que una sociedad está formada por personas que no piensan que esos son derechos, esa sociedad podrá vivir las más grandes injusticias sin que eso sea visto como reprobable.

Si, por ejemplo, una persona no cree en lo sagrado de la propiedad privada suya, verá con indiferencia las confiscaciones de propiedad de otros. Si no valora su propia libertad, le serán irrelevantes las sentencias injustas de prisión en una dictadura. En fin, será una persona útil y dúctil para el establecimiento de un régimen opresor.

En otras palabras, la preservación de la libertad necesita una población que valore sus libertades. De lo contrario, la sociedad en la que vivan esa personas podrá ser víctima fácil de gobernantes que establezcan regímenes opresores.

Lo que la persona debe sentir es algo como esto:

«El valor sustancial que da sentido a nuestra vida, sin el cual ni la entendemos ni la queremos vivir, es la libertad. La libertad es el único camino de la dignidad humana, la única posibilidad de optar, de elegir entre alternativas y alcanzar el mérito […]».

En una mente razonable valorar la propia libertad lleva a valorar la de los demás y eso es un freno a las ambiciones de poder de los gobiernos, los que tienen una tendencia natural a invadir la libertad de la persona cada vez que pueden hacerlo.

Son ellos admirablemente sagaces para poner bonitos nombres a esas invasiones, como «justicia social», «estado social», «programas sociales», a los que sucumben los iingenuos de buenas intenciones.

Mi punto central es que la defensa de la libertad resultará casi imposible cuando en los ciudadanos no domine la idea de valorar a su propia libertad. Esos ciudadanos serán fácil presa de regímenes que anulen a la libertad y sabemos que anulando a la libertad humana, se produce, miseria material y espiritual.

Esa sociedad oprimida no será justa, ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo espiritual.

Post Scriptum

La relación que existe entre libertad y prosperidad puede notarse tanto a nivel nacional, dentro de un país, por ejemplo, España, como a nivel internacional.

La defensa de la libertad, más aún, necesita de cierto refinamiento para comprender las formas en las que ella puede perderse: con el crecimiento gubernamental, con los aumentos de impuestos, con la expansión de las leyes y regulaciones, con la manipulación monetaria, con los frenos al libre comercio…

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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