«Haz lo que quieras», el significado de esa mentalidad, su análisis y el problema que enfrenta.

Introducción

Es una narrativa que interpreta a la libertad de una forma particular, como una ausencia total de restricciones a la conducta de una persona, una liberación personal. Se expresa en frases como estas:

«Soy libre y hago lo que quiero». «Nadie puede decirme qué debo hacer». «Todos deben hacer lo que les venga en gana, sin limitaciones». «Cada quien es el propio juez de su propia conducta».

El centro: «haz lo que quieras»

Esa mentalidad puede resumirse en un solo principio de acción que tiene un mandamiento central y una regla ética:

  • Mandamiento central: haz lo que quieras, sea lo que sea, porque eres libre y esto es la libertad.
  • Regla ética: tú haces las reglas según tu criterio y conciencia, tú eres tu propio juez y nadie más.

Está bien expresada esa mentalidad en este texto:

«Realmente me siento libre cuando hago las cosas que yo quiero hacer. Y también cuando digo lo que yo quiero decir a la persona o personas que necesito. decirlo. También me siento libre cuando me dejan actuar de la manera en que yo quiero». prodevivio.blogspot.com

El esquema operativo de la mentalidad

La mentalidad de «haz lo que quieras» legitima a cada persona para actuar de la manera siguiente.

  • Cada persona crea su propia teoría moral o filosofía ética.
  • Ya que eso es muy complejo, se simplifica a una norma: si el acto es libre es bueno.
  • Cada persona es su propio juez y aprueba o no su conducta bajo ese principio.
  • Ese veredicto de juez es inapelable. Nadie puede reprobarlo.

Un pequeño gran problema

Justificar un acto porque fue realizado en libertad es una avenida cómoda, en la que nada hay que pensar. Si se tratara de un tribunal, el juicio seguiría un proceso como este:

Juez pregunta: ¿Realizó usted la acción de manera totalmente libre?
Persona: Sí, señor juez, hice lo que hice en total libertad, sin que nadie de forzase a hacerlo.
Juez juzga: Está bien. Declaro que su acto es legítimo y válido. Por tanto, usted no es culpable de nada.

El lector agudo ya habrá visto el problema: todo acto realizado bajo el principio de «haz lo que quieras» es bueno y válido, sin importar cual sea. Obviamente es absurdo.

Tan justificada estaría la obra de caridad de quien da clases gratuitas a alumnos pobres, como la conducta de quien detona una bomba en una plaza pública. Los dos son actos libres y, según esa mentalidad, ambos serían legítimos.

Otro ejemplo

Para entendernos mejor, usemos un caso de libertad económica. Si usted justifica las acciones solo porque son libres tendría que considerar buenas a estos dos actos.

  • Uno, la persona A abre un negocio que produce lápices.
  • Dos, la persona B pone una bomba en el negocio de A porque es su competencia.

Si usted justifica a los actos usando el criterio de hacer sido decididos en libertad, se tendrá que aprobar todo, o casi todo. Ese es el significado de la frase «Haz lo que quieras».

La legitimidad de toda acción se coloca en la selección de una opción de conducta. Si la selección es libre, se concluye que la acción es legítima. Y lo contrario, si la selección no es libre, la acción será reprobable.

El problema visto del otro lado

La mentalidad dictaminaría que la persona que impida a otra el realizar un robo estaría cometiendo una acción indebida. Esquemáticamente:

  • La persona A está realizando un asalto decidido libremente por ella.
  • La persona B impide a A la realización de ese asalto.
  • Dictamen: B realizó un acto indebido al evitar que A realizara un acto decidido libremente.

No tiene sentido, pero eso es lo que la libertad es interpretada como «haz lo que quieras».

Resulta curioso que ese criterio pueda tener una manifestación en la publicidad de salchichas («si te divierte, hazlo»). Por no mencionar el «Just do it».

Una cómoda autonomía

El tema puede ser entendido como una posición moral de extrema comodidad. La persona no tiene ya la molestia de atender y conducirse respetando normas morales. Ella misma ha producido una moral simple: si tu conducta es libre es buena y legítima.

Es, también, una posición de total autonomía personal por el que cada persona se autonombra juez inapelable de su propia conducta. Con facilidad se producirá una moral personalizada a la carta, cambiante a gusto cotidiano.

Un análisis

La mentalidad del «haz lo que quieras» puede ser analizada en mayor profundidad.

Primero

La creencia en la libertad como centro de las acciones personales. En esto estoy de acuerdo con el lector. Sí, la libertad es un gran valor humano.

Segundo

Otro elemento, el de no dañar a otros. Esto si es que incluye este principio porque no necesariamente lo incluye. Es una limitación de la libertad propia. Es eso que dice que mi libertad termina donde comienzan las narices del resto.

Se trata de una norma moral de mero sentido común: en el trato con los demás debo evitar acciones que limiten su libertad.

Tercero

El problema de fondo: si mi acto es libre y no daña a terceros, eso lo hace permitido. La conclusión es la lógica: no importa lo que haga la persona, si ella lo hace voluntariamente, entonces esa acción es admisible y nada hay que pueda verla como negativa.

El argumento cae por su propio peso. Si mis actos libres tienen la limitación de no dañar a otros, por lógica debo aceptar que hay otra limitación, la de tampoco dañarme a mí mismo.

No tendría sentido limitar mi libertad para no dañar a terceros, al mismo tiempo que no tengo limitaciones para dañarme. Una limitación seria para la mentalidad de «haz lo que quieras».

La condición que tiene la persona de no lesionar a otros con sus acciones, debe aceptarse para no perjudicarse a uno mismo.

Después de todo, el principio general es universal: es reprobable realizar actos que hagan daño a todas las personas, lo que me incluye a mi mismo, y al lector también.

En resumen

La libertad tiene límites que claramente son los de no lesionar a personas y dentro de esas personas se encuentra la persona misma que no puede dañar a otros, pero tampoco a ella misma.

He tratado de hacer es analizar la mentalidad que establece como principio moral el «haz lo que quieras», descubriendo los problemas que presenta y que no son pequeños.

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Y unas cosas más para los curiosos…

Conviene ver alguna de estas ideas…

Bonus track: más sobre la mentalidad de «haz lo que quieras», la conversación de Leonardo Girondella Mora con uno de los creyentes en esa forma de pensar.

—Muchos me han dicho y yo estoy de acuerdo, «haz lo que quieras» y eso me parece que es un buen consejo porque las personas deben ser libres y tienen derechos.

—¿Podrías explicar eso un poco más? Quiero comprender bien lo que dices —pregunté.

—Es el hacer lo que uno quiera, sin que nadie se meta en mis asuntos y mis decisiones, siendo yo responsable solo de mis actos. Eso es lo que quiero decir —dijo el joven.

—Creo entenderlo, pero dime una cosa. ¿Qué es lo que quieres?

—Pues lo que yo quiera, lo que yo decida hacer —respondió.

—Pero eso no es una respuesta. Hacer lo que tú quieres hacer solamente tiene sentido cuando defines lo que quieres. Si no lo haces, en realidad dices poco o nada.

—Pero hacer lo que uno quiera es un principio de la libertad, ¿o no? —dijo el joven.

—No creo que sea cierto. Insisto en la obligación de definirte, de decir qué quieres para que tenga sentido el decir «yo hago lo que quiero».

—Bueno, creo que hacer la voluntad propia, lo que uno piensa, eso es libertad. Mis padres me han dicho varias veces «haz lo que quieras».

—¿Todo lo que quieras, sea lo que sea? No creo sea eso lo que te dijeron. Creo que más bien te dijeron «haz lo que creas que es mejor».

—No entiendo a lo que quiere llegar con todo eso. Dígamelo.

—Mi tesis es que hacer lo que uno quiere no tiene sentido cuando no se sabe qué es lo que uno quiere. Solo tiene sentido cuando se sobreentiende que existen alternativas conocidas —dije.

—Sigo sin entender —dijo el joven.

—Eso que tú dices que tú quieres y haces, tiene un elemento de selección de acciones. Tu decides hacer lo que tú quieres y significa que debes pasar por un proceso de selección que diga qué es lo que quieres, qué es lo que no quieres y qué es lo que te da igual.

—¿Y tengo que seleccionar eso por anticipado para lo que haga en el futuro?

—No, pero lo que haces es tener algunos principios que te ayuden a decidir lo que quieres o no en casos que no puedes anticipar. Ahora puedes querer salir de fiesta y lo haces porque quizá estás de vacaciones, pero tal vez no lo quieras hacer cuando hay un examen al día siguiente.

—Okey, lo que usted me dice es que tengo que tener ayudas para saber lo que quiero, como el no querer fumar marihuana o sí quererlo.

—Más o menos eso, con una modificación importante. Tú hablas de hacer lo que uno quiere, y con eso resuelves el asunto por medio de la voluntad. No está mal, nada mal, pero qué pasa si quieres hacer cosas que no debes.

—Pues, según usted, no querer hacer lo que no se debe hacer.

—Y entonces terminamos en «haz lo que debes hacer», sustituyendo el «quieres» con el «debes». Y si los haces equivalentes estarás diciendo algo más concreto que antes —dije.

—Pero muchos de mis amigos no lo entienden así y en grupo nos comportamos haciendo lo que se nos ocurra en ese momento pensando que somos libres.

—Es natural que no se entienda bien siempre y en todo momento, pero tú no eres tonto, ni tus amigos lo son. De seguro tienen nociones de cosas que no deben hacer y entonces se trata de algo muy simple, usar la voluntad para que lo que uno quiera hacer sea igual a hacer lo que uno debe hacer.

—Comprendo lo que usted me quiere decir, pero le digo que actuar así no es fácil —me dijo.

—Por supuesto que no lo es.