Magia del gasto público

Funciona como el truco de un mago —como las artes de un brujo— que realiza las mayores imposibilidades y que promete curar todo gracias a alguna poción mágica.

En Economía existe esa poción mágica —y se le llama gasto público, el que todo puede curar y resolver. Si el gobierno gastara más, se dice en tantas partes, eso tendría efectos milagrosos.

Un autor ha comentado esto (énfasis mío):

«La ilusión detrás de todo este intervencionismo estatal es la de que el gasto público puede revivir la economía. Nada más falso. El gasto público debe financiarse ya sea con impuestos que asfixian la economía, con deuda que debe ser pagada después mediante mayores impuestos o con inflación cuyos efectos destructivos ya hemos analizado. No existe algo así como volver a la prosperidad por la vía del gasto público». Kaiser, Axel. La miseria del intervencionismo: 1929-2008 (Biblioteca de la Libertad Formato Menor nº 17) (Spanish Edition) (Kindle Locations 2725-2728). Unión Editorial, S.A.. Kindle Edition. Mi traducción.

La razón es la obvia: para que un gobierno gaste más necesita quitar recursos a la gente, hoy o mañana. ¿Es posible prosperar retirando a las personas la riqueza que han creado y tienen en su manos? La respuesta es obvia.

«[…] basta estudiar la misma historia de Estados Unidos para entender que no fue el consumo sino el ahorro y la producción, acompañada de un bajísimo gasto público, lo que permitió al gran país del norte convertirse en la economía más formidable de la historia mundial», Ibídem (Kindle Locations 1808-1810). Énfasis mío.

El fondo del asunto es uno sencillo de ver —¿en manos de quiénes se usan los recursos más productivamente, de los gobernantes o de los particulares?

Los incentivos indican lo obvio: son las personas quienes usarán con mayor cuidado y eficiencia sus propios recursos y eso producirá más progreso.

Si se desea prosperar de forma sustentable el principio es poner pocos recursos en manos gubernamentales —y dejar que las decisiones económicas sobre la mayoría de los recursos sean tomadas por sus propietarios.

Incluso así, muchos se negarán a admitir que el gasto público no es la poción mágica que todo cura y resuelve. Un caso ejemplifica esto.

Por la vía del gasto público, el nuevo gobierno en México ha decidido construir refinerías que aprovecharán crudo mexicano y permitirán que el país consuma combustibles producidos localmente. La justificación no es financiera, ni económica, sino política.

Se producirá gasolina en el país sin considerar si eso significará precios más altos —y sin pensar en el costo de oportunidad de los recursos dedicados a construir refinerías. Una persona que use sus propios recursos no hará eso porque le interesa la productividad de su inversión.

Nadie puede prosperar descuidando la eficiencia y la productividad de los recursos escasos disponibles.

Addendum

Esto me permite hacer un pronóstico general acerca del desempeño del gobierno de López Obrador: no producirá la prosperidad que promete porque sus políticas está basadas en sustituir a a las decisiones económicas libres de los particulares con las decisiones personales del Presidente.

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