Sea una buena persona

Quizá sea yo un tanto lento. Incapaz de comprender ciertas cosas.

Lo acepto y pongo un ejemplo de mi inhabilidad cuando leo cosas como la siguiente.

«Necesitamos activarnos como sociedad, necesitamos inyectarnos el ánimo de que esto no puede caminar así» Carmen Aristegui.

La célebre periodista hablaba de México y de lo que debe hacerse para salir de la situación actual. No es malo hacer algo al respecto, especialmente en lo que se refiere a un gobierno de mala calidad y perspectiva de tener otro aún peor.

Comprendo y apruebo esa inquietud, pero lo que mi mente no llega a comprender es ese sujeto gramatical «como sociedad». Es algo demasiado vago, demasiado colectivo, con un problema severo, el de ser indeterminado. Nadie se siente realmente responsable de eso.

Me sucede lo mismo con esa otra expresión:

«El exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Juan Ramón de la Fuente, consideró como un desacierto que no haya un proyecto de Nación para la próxima elección presidencial». eleconomista.com

¿Proyecto de nación? Alguien tendría que hacerlo. Habría varios y muy diferentes. ¿Cómo armonizarlos? ¿Por votos? Las personas tendrían que estudiar realmente cada proyecto y eso, mucho me temo, no sucederá.

Tengo una solución más simple, un proyecto de nación que se basaría en solamente tener gobierno y leyes bajo los que cada uno pudiera lograr su propio proyecto de vida. No es un proyecto lo que debe tenerse para forzar a todos a vivir según lo crea tal o cual partido.

Se trata de tener millones de proyectos personales y eso solo puede ser posible en un estado de derecho.

Mi incapacidad es la de no alcanzar a comprender el significado de esos sujetos colectivos indeterminados, como «sociedad». No es infrecuente en mi experiencia escuchar comentarios legítimos de indignación ante la mala calidad de los gobiernos que concluyen «Y como sociedad debemos hacer algo».

A lo que suele seguir un cierto lamento, el de «¡y como sociedad no hacemos nada!». No me sorprende porque ‘sociedad’ es un algo amorfo que se cree que funciona como un organismo con conducta propia. Es decir, pienso que que los llamados a la sociedad son llamados al vacío.

Y, la verdad, son demasiado ambiciosos. Pretender que la sugerencia de que como sociedad debemos «inyectarnos el ánimo» para cambiar presupone que todos deben hacer eso y que de lo contrario, no funcionará.

¿Como pretender cambiar a la sociedad entera? La única manera de alterar a todos es por la fuerza dentro del totalitarismo y no se inyectará ánimo, sino pasividad.

Esto es lo que pienso que merece una segunda opinión, el volverse menos ambicioso dejando de pretender que la ‘sociedad’, ese sujeto colectivo indeterminado, cambie. Y tratando de hacer otra cosa en pequeña escala: cambie usted.

Trate de ser eso que llamamos «una buena persona». Olvide lo de que se han perdido los valores.

«La crisis de valores que vivimos en la actualidad se manifiesta en todos los aspectos de la vida humana: en el modo de hablar, de relacionarse, de vestirse, en la forma en que se quiere acumular todo». laprensalibre.cr 

No hay crisis de valores. Los valores siguen allí y los conocemos. Lo que existe es una pérdida de virtudes, que son esos valores convertidos en hábitos de conducta. Y la buena persona es la persona que actúa virtuosamente, habitualmente con apego a valores.

Ese cambio no es social, ni colectivo. Es personal, uno por uno. ¿Quiere usted cambiar a la sociedad? Comience por usted y trate de ser virtuoso, bueno. Sea una buena persona.

Me refiero a ser usual y consistentemente honesto, justo, esforzado, casto, sabio, prudente, caritativo, disciplinado, ahorrativo, moderado, responsable y todas esas cosas que usted ya conoce.

Y esa conducta enséñela en casa. Vuelva a sus hijos virtuosos. Sea un ejemplo para otros, incluso aceptando consecuencias malas. tenga la esperanza de que sea usted un ejemplo que se vuelva viral, con un mensaje claro de ser virtuoso. La virtud necesita de buena dosis de valentía.

La esperanza que debe alimentarnos no es realmente la de tener una sociedad activista y con ánimos; tampoco un proyecto de nación. La meta es menos ambiciosa y es personal, ser «una buena persona», alguien virtuoso y, poco a poco, tener una sociedad mayoritariamente virtuosa.

Creo que es una enfermedad de nuestros tiempos el desarrollar grandes sueños de gran envergadura que cambien a todos gracias a un cambio gubernamental. Es suponer que cambiando ciertos agregados sociales se podrá alterar mágicamente a la nación entera.

Eso nunca sucederá y si se intenta mucho me temo que las cosas empeorarán. Conviene ser menos ambicioso, menos codicioso. Cambie usted primero y hágase virtuoso. Sea una buena persona.

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