La desigualdad auto-producida. Las personas toman decisiones que producen desigualdad entre ellas. Decisiones que hacen a unos ricos y a otros no tanto. El obsesionado la igualdad tendrá que anular libertades para hacerlas iguales.

Cada persona crea desigualdad propia y ajena

La persona A toma la decisión de estudiar una cierta carrera en una cierta universidad. La persona B decide estudiar otra carrera en otra universidad. 

Las dos fueron libres en sus decisiones y crearon por eso, desigualdad entre ellas.

Un economista presenta un ejemplo real en el Reino Unido. Un real caso de desigualdad auto-producida.

«Una encuesta realizada por el Sunday Times muestra que el salario promedio, solo seis meses después de graduarse [de ciertas carreras], es de más de £ 40,000. Si, por el contrario, va a Worcester para estudiar teatro y danza, o a Liverpool Hope para psicología, puede esperar alrededor de £ 13,000, casi la mitad del valor de los ingresos promedio de toda la fuerza laboral en general». Ormerod, Paul. Against the Grain: Insights from an Economic Contrarian. London Publishing Partnership. Kindle Edition. Mi traducción.

Por lo tanto

Esquemáticamente, puede eso verse mejor añadiendo alguna exageración para mayor claridad.

• La persona A decide estudiar una carrera de ingeniería. O quizá alguna de negocios, o finanzas.

• La persona B decide estudiar una carrera de letras españolas. O tal vez una de actuación teatral.

Cada persona tomó una decisión personal libre que producirá diferencias entre ellas. Diferencias económicas notables. Fueron ellas las que decidieron conductas que producen desigualdad entre ellas.

La conclusión es obvia. Quien quiera lograr igualdad económica entre esas dos personas tendrá que obligarlas a estudiar la misma carrera para que ambas tengan ingresos iguales. Ni A ni B tendrán ya libertad personal.

Más desigualdad auto-producida, otro caso

Piense usted en dos jugadores de futbol. Ambos iguales en potencial y habilidades. Los dos tendrán, si todo sigue igual, una carrera exitosa e ingresos similares.

Sin embargo, el jugador C toma la decisión de llevar una vida ordenada y disciplinada. Entrena tiempo adicional. Cuida su alimentación. Por su parte, el jugador D se deja llevar a un estilo de vida de excesos y desórdenes. Cada uno tomó libremente esa decisión personal.

Y esa decisión tendrá consecuencias en sus ingresos futuros. Quien entre ellos quiera lograr igualdad material tendrá que obligar a uno a llevar una vida ordenada. O, al otro a llevar una vida de excesos.

Desigualdad auto-producida

Lo que he querido proponer es que existe un tipo de desigualdad que es producida por las personas mismas. Producida por decisiones que ellas toman con libertad. La desigualdad auto-producida y que es efecto de la libertad.

Decisiones como las de estudiar una carrera o no. Como qué carrera estudiar. Como qué tipo de vida llevar. Como ahorrar o no. Decisiones personales y libres que tienen un impacto directo en la situación material de ellas y que producen desigualdad.

El problema del igualador

Si alguien ambicionara igualar las situaciones materiales de las personas tendrá que aceptar que para hacerlo tendría que anular la libertad de decisión personal. 

Tendría que obligarlas a estudiar lo mismo. A llevar la misma vida. A ahorrar la misma cantidad. Tendría, en resumen, que hacerlas copias muy similares. Es decir, para evitar la desigualdad auto-producida el igualador tendría que regir la vida de todos haciendo desaparecer su libertad.

Las cosas se complican aún más

A la desigualdad auto-producida debe agregarse un tipo de desigualdad adicional. La desigualdad producida por las habilidades y talentos naturales de las personas y que varían notablemente entre ellas.

Esas habilidades y talentos producen diferencias. No todos pueden ser Michael Phelps. Querer igualarlo con el resto obligaría al igualador en jefe a ponerle peso adicional al cuerpo de nadador para que este no fuese superior al resto de las personas.

El cuento Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut, ilustra llamativamente esta posibilidad de ejercicio del poder para lograr la igualdad.

Una novela, Facial Justice, cuenta una distopía. En ella las personas se hacen cirugía para no tener ventajas de belleza ni desventajas de fealdad.

Esa literatura narra el problema del igualador. Debe él alterar la apariencia de las personas para implantar la justicia facial, el derecho a no ser feo o la obligación de no ser bello. Y debe evitar que los más inteligentes piensen, para que ellos no superen a los menos inteligentes.

Más dificultades del igualador

Al problema de la desigualdad auto-producida que enfrenta el igualador, tendrá este que alterar las diferencias corporales y físicas de las personas. Ellas producirán desigualdad material y se deberán anular para lograr igualdad de resultados en la vida de todos.

Y eso tiene una consecuencia paradójica. Para lograr la igualdad es necesario que exista un mando central con poder suficiente como para anular la libertad de todos y así hacerlos iguales. La consecuencia no es percibida con facilidad.

Para lograr esa igualdad general de resultados materiales tendrá que existir una entidad desigual, la del agente igualador en jefe. Este será notablemente desigual al resto. La desigualdad no desaparecerá, al contrario se hará mayor.

La desigualdad auto-producida es libertad

Mi propósito al presentar ese tipo de desigualdad, inevitable, ha sido enfatizar el peligro que contienen las políticas que buscan igualdad material. Ellas siempre presentan la fuerte probabilidad de que para implantarlas se necesitará reducir a la libertad personal.

Y otra cosa más…

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