El dilema de la pena de muerte: argumentos a favor y en contra. Opositores y partidarios discuten sobre dos aspectos centrales: efectividad y moralidad. Un análisis del castigo.

Introducción

Un análisis razonable de la pena de muerte debe incluir incluye dos aspectos:

• Efectividad de la pena de muerte —el que mide si la pena de muerte produce resultados y reduce crímenes graves futuros, no los produce.

• Moralidad de la pena de muerte —el que considera si es moralmente justificable el quitar la vida a quienes han cometido crímenes mayores.

Efectividad de la pena de muerte

Las opiniones se dividen en dos posiciones centrales. Hay quienes afirman que sí tiene efectos mientras otros dicen que no.

Si los tiene, el dilema de la pena de muerte eso tendría en favor la disponibilidad de una solución clara y sólida. Si no tiene efectos, es decir, si no previene crímenes como los que castiga, la posición en contra de la pena e de muerte apuntaría que no tiene sentido aplicarla.

Sí funciona

¿Funciona la pena de muerte? La respuesta más lógica que existe, al menos en teoría es que sí.

El favor de la pena de muerte se sostiene que ella previene más asesinatos sentando un precedente público, un estímulo negativo tangible, grave y visible. Un castigo grande para una pena grande.

Quien sea que tiene frente a sí la decisión de matar a otro, sabe que el castigo que puede recibir es ejemplar. Lo pensará más de una vez antes de hacerlo. La pena de muerte es un incentivo negativo considerable.

No funciona

Existen personas que están en contra de la pena de muerte. Suelen ellas decir que no tiene sentido matar a culpables de grandes crímenes porque ese castigo no previene crímenes de igual magnitud.

Afirman en contra de la pena de muerte que no produce un efecto de disuasión. Es decir, no evita crímenes futuros similares a los que castiga. Si esto es cierto, entonces no tiene mucho sentido aplicar la pena de muerte y el dilema se soluciona.

La evidencia: sí funciona

La realidad parece demostrar que sí funciona. Hay evidencia fuerte señala que existe una relación negativa entre la aplicación de la pena de muerte y los asesinatos. Cuando una sube, los otros bajan, y viceversa.

La realidad es que existen datos convincentes al respecto. La pena de muerte sí tiene ese efecto disuasivo. Si otros estudios indicaran lo contrario, la conclusión sería la natural. Haría falta investigar más y ninguna de las partes tiene aún la razón.

El dilema de la pena de muerte tiene una solución posible obtenida de la evidencia empírica posible de obtener. Quienes están en favor o en contra de la pena de muerte podrían solucionar su discusión con esos datos.

Moralidad la pena de muerte

¿Es moral la pena de muerte? Este es el segundo aspecto del quienes argumentan en favor o en contra de la pena.

Es contraria a la moral

El opositor a la pena de muerte objetará que aunque la implantación de la pena de muerte produzca resultados y evite crímenes, ella es inmoral.

Afirmará que tiene la autoridad para matar como castigo al criminal, así sea por los más terribles crímenes.

El argumento es muy poderoso y convincente. Suele ser el final de muchas discusiones, incluso de aquellas en las que se acepta el poder disuasivo del castigo máximo.

No es contraria a la moral

Quienes están a favor de la pena de muerte reconocen que el argumento moral es fuerte y que no tiene una solución simple. Efectivamente, la pena de muerte es el más alto castigo posible y la autoridad que posea esa facultad debe ser en extremo vigilada.

Los partidarios de la pena de muerte agregan un argumento se peso en la discusión del dilema. Dicen que ese argumento moral solo ha puesto atención en el criminal y su castigo. Pero que olvida la otra parte, la de las víctimas potenciales.

Por ejemplo, Isaac Ehrlich de la Universidad de Búfalo, en un estudio clásico, reportó sus hallazgos en el American Economic Review de 1975. Por cada pena de muerte ejecutada se evitaron ocho muertes de personas inocentes.

Si la pena de muerte no puede aplicarse porque nadie puede quitar la vida a otro, eso significa que al no aplicarla se estarán teniendo muertes mayores a las que se podían tener. Habrá gente inocente que morirá por no aplicar la pena de muerte.

La discusión moral

Con independencia de si es o no moral que la autoridad, después de un debido proceso, dicte una sentencia de muerte, a esa discusión debe añadirse las consecuencias de aprobarla o negarla.

El dilema que tiene frente a sí el gobernante en el caso de la pena de muerte no es diferente en su esencia al de todo el sistema judicial y policiaco de un país.

El mal manejo y el mal funcionamiento de esa obligación del gobierno resultará en la elevación de víctimas inocentes que podía haberse evitado. No castigar al robo debidamente tendrá como efecto colateral un incremento de los robos.

Los castigos y penas impuestos por la ley y aplicados por el sistema judicial tienen un sentido claro de castigar y disuadir con un principio de proporcionalidad.

El dilema no es sólo aplicable a la pena de muerte, sino a todo el sistema de persecución de delitos. Si se acepta que la pena de muerte disminuye el número de asesinatos, el no aplicarla significa aceptar que en el futuro serán asesinadas personas inocentes y que eso podía haber sido evitado.

Igual que el caso en el que la autoridad no castigase con eficiencia a ladrones, cuyo resultado sería un aumento de las víctimas de robo. La impunidad eleva el número de víctimas de delitos.

La cuestión en última instancia es el plantearse en lo personal qué haría uno sabiendo esto. La solución no es sencilla, pero sí hay un principio subyacente. En ciertos casos extremos la pena de muerte sí está justificada, no en sí misma, sino por las vidas de inocentes que eso salvará.

En resumen

Un planteamiento del dilema de la pena de muerte, como el anterior, tiene un defecto sensible. El de la percepción. Las muertes evitadas de inocentes jamás serán vistas pues no son realidades que se perciban.

Son hechos que no ocurrieron todavía y, por eso, a pesar de ser reales, no son tangibles y tienen poco peso probatorio en razonamientos superficiales.

El dilema es claro:

1. Si la pena de muerte no funciona como disuasión de grandes delitos (lo que debe ser demostrado) puede ser puesta de lado sin consecuencias en terceros inocentes.

2. Si la pena de muerte funciona, deberá aplicarse. No hacerlo significará dejar que se asesine a terceros inocentes.

Bonus scriptum: más sobre estar a favor o en contra de la pena de muerte.

Pena De Muerte: Opiniones

Por Leonardo Girondella Mora –   8 diciembre, 2008

Quiero usar un reportaje de hace tiempo, cuando fue reportada una serie de respuestas que son dignas de volver a exponer (El Norte). El periódico entrevistó a una serie de personajes de Monterrey, México, haciéndoles una pregunta:

¿Está de acuerdo o no con la pena de muerte para secuestradores que asesinan a sus víctimas? ¿Por qué?

En ese tiempo, era reciente el asesinato de un muchacho de 14 años, secuestrado y que causó seria indignación y críticas muy fuertes al gobierno.

Uno de los efectos de esa situación fue la discusión en los medios sobre la pena de muerte. Pienso que el muy buen reportaje de El Norte resume admirablemente. Y recientemente, además, el tema volvió a ponerse de actualidad ante una iniciativa en Coahuila, México, para implantarla en ese estado.

En contra de la pena de muerte

Las siguientes fueron las razones que expresaron quienes se opusieron al establecimiento de la pena capital por secuestros:

  • “Creo que la situación de quitarle la vida a alguien también conlleva el riesgo de que pueda haber una equivocación humana por parte del sistema de justicia”.
  • “No tenemos un sistema judicial que funcione y está comprobado que una pena mayor no inhibe el crimen. Es un mito que elevar las penas reduzca el crimen”.
  • “El estándar internacional cada vez es más por prohibir la pena de muerte. Está comprobado amplísimamente que no reduce la tasa de criminalidad”.

Este grupo de opiniones, tiene dos puntos. Uno de ellos es fuerte, el de tener un sistema de policía y justicia que sea de calidad —un requisito fundamental para aplicar una pena de tal tamaño.

El otro punto es muy débil, pues en verdad sí existe evidencia que prueba que la pena de muerte reduce el número de asesinatos. Lo más que podría alegarse es que no existe evidencia en ningún sentido.

Otra opinión:

  • “En casos en que confiesan, hay testigos, caen ‘in fraganti’, pues no me parece tan injusto, pero le tengo pánico a entrarle al ‘ojo por ojo y diente por diente’”. 

La equivocación de esta opinión es la mala interpretación del principio de ojo por ojo y que no se refiere necesariamente a castigos de ese literal tipo, sino a la proporcionalidad entre castigo y delito. Un principio legal siempre intentado en todas partes.

Otras opiniones también en contra:

  • “Es castigar un asesinato con otra muerte. Se crea un círculo vicioso que no se acaba nunca. Estoy de acuerdo con penas más severas que sí se cumplan”.
  • “La muerte… es un acto violento, pero este acto de violencia no se resuelve con la misma violencia”.

Las dos tienen en común un argumento, el de que la violencia genera más violencia en un círculo vicioso. No es un argumento fuerte ya que cualquier pena, la que sea, resulta también una acción violenta destinada a quien antes fue violento.

Más opiniones en contra:

  • “No podemos estar a favor de la muerte, independientemente del delito que se cometió, porque el apoyar la pena de muerte nos degrada como individuos”.
  • “No estamos a favor de la pena de muerte. Las tendencias internacionales tampoco favorecen esta pena porque se violan derechos humanos fundamentales”.
  • “Siempre hay un castigo, pero matar ya es lo peor que puede hacer. Cuando alguien hace una cosa mal, hay que hablar con él para que no haga esas cosas”. 
  • No podría decir que estoy a favor de la pena de muerte, porque estoy a favor de la vida. Creo que deben endurecerse las penas a los secuestradores”. 
  • “Sí me dan muchas ganas de que a los violadores o a los secuestradores se les aplique, pero yo no estoy de acuerdo, conforme a mi creencia religiosa, católica”. 

El patrón común a ellas es el del valor de la vida como derecho humano y que nadie tiene el derecho de quitar.

Es un argumento fuerte y bien sustentado, que ha sido atacado con dos razones principales, la de ciertas conductas delictivas profundamente graves y la de considerar que la pena de muerte previene muertes futuras de inocentes, los que también tienen derecho a la vida.

A favor de la pena de muerte

A favor de la pena de muerte, una de las opiniones trató el razonamiento del incentivo que previene futuros hechos similares:

  • “Para que de esa manera se detengan totalmente. Considero que sea la mejor manera de que se detengan los secuestros”.
  • “Necesitamos sanciones ejemplares, y en los secuestros es la forma más ignominiosa como tratan a sus víctimas, por eso creo que se merecen la pena de muerte”.
  • “Totalmente de acuerdo, soy de las políticas de mano dura y creo que debe haber castigos ejemplares para quien ofende de esa forma a la sociedad”. 
  • “El tema debiera ser la pena de muerte en general para los crímenes que son considerados, además de graves en el aspecto técnico, aberrantes en los hechos”. 
  • “Sí es factible considerar retomar ese tema para casos excepcionales, casos como la tragedia que acabamos de vivir con este niño”.
  • “No creo que sea justo que nadie termine con la vida de otro. Si tú lo haces, mereces castigo ejemplar y tiene que haber castigos ejemplares para que esto se pare”.

Creo que el argumento central en ellas es el de la proporcionalidad —para acciones realmente aberrantes deben tenerse castigos extremos y el mayor de ellos es la pena de muerte. Es un argumento de excepción.

El dilema de la pena de muerte

Mi objetivo al recordar este muy valioso reportaje es enfatizar que las opiniones son solo eso, opiniones que de poco sirven. Pero pueden adquirir un gran valor cuando a ellas se agregan argumentos, es decir, razones que la apoyan.

Sólo cuando se añaden razones es que puede lograrse una discusión productiva.

Por ejemplo, si alguien argumenta que está en desacuerdo con la pena de muerte porque está demostrado que no funciona disminuyendo el número de crímenes que ella castigae, entonces eso permite argumentar en contra exponiendo que sí existe evidencia que prueba la disminución de asesinatos. La discusión se ha vuelto fructífera.

O bien, si alguien argumenta que sí debe aplicarse porque funciona reduciendo el crimen, otra persona puede argumentar que aún así se trata de un terreno moral, el de retirar la vida algo a lo que nadie tiene derecho —lo que puede generar un contra argumento, que es el de también salvar vidas futuras.

Finalmente, más que defender a la pena de muerte, una opción por la que me inclino en casos extremos, lo que quiero es mostrar la importancia de añadir argumentos a las opiniones —si eso no se hace, será imposible la discusión que lleve más tarde a un resultado fructífero.

Y una cosa más…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Pena de Muerte.