Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Materialismo Igualitario
Leonardo Girondella Mora
17 abril 2017
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El reclamo de igualdad y las quejas contra la desigualdad tienen un peligroso elemento materialista —especialmente riesgoso cuando la fuente del reclamo es algún ministro religioso.

El usual punto de partida es algo como esto:

«El 1% más rico del mundo ya posee tanta riqueza como el resto de los habitantes del planeta, advirtió este lunes la organización sin fines de lucro Oxfam» BBC

¿Cuál es el estándar usado? La riqueza, el dinero o capital o posesiones de un conjunto de personas y comparado contra el mismo parámetro de otras. La medida usada es estrictamente material.

Material y con problemas internos de lógica, pero eso poco importa para servir de apoyo a las ideas personales —como las de un ateo que las usa sin sorpresa para nadie. Para él no existe lo espiritual.

La sorpresa, al menos para mí, está en encontrar personas espirituales, incluso ministros religiosos, que usan exclusivamente ese estándar materialista. No sería lo esperado de ellos.

Este es el elemento materialista peligroso que enfatizo: el que personas de naturaleza espiritual hayan reducido el problema de desigualdad a lo material —incluso sacerdotes y creyentes.

Este fenómeno debe ser resaltado: el dinero ha sido colocado como la medida por excelencia de la desigualdad y de la pobreza —es decir, la pobreza y la desigualdad han sido reducidas a una dimensión material.

Resulta extraordinario que personas espirituales hayan caído en esa reducción materialista.

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La medición monetaria y materialista tiene sus problemas propios.

Siendo un estándar de posesión de bienes reconocidos expresados en capital reportado cuantificable ignora posesiones propias no reportadas y no fácilmente cuantificables.

Hay evidencias de que los pobres no lo son tanto en realidad; tienen recursos y no son insignificantes:

«El volumen juntado por los pobres es inmenso: 40 veces toda la ayuda exterior del mundo desde 1945. En Egipto, por ejemplo, hemos estimado que la riqueza acumulada por los pobres es 55 veces la suma de toda la inversión directa extranjera registrada allí, Canal de Suez y represa de Assuán incluidos. En Haití, el país más deprimido de América Latina, los activos totales de los pobres representan más de 150 veces toda la inversión extranjera recibida desde que se independizaron de Francia, en 1804. Si los Estados Unidos elevaran su presupuesto de ayuda exterior al nivel que las Naciones Unidas recomiendan —0.7% del ingreso nacional— le tomaría al país más rico del mundo más de 150 años transferir a los pobres del mundo recursos equivalentes a los que ellos ya poseen». Hernando de Soto

Pero lo vital no es este aspecto de las dificultades de medir recursos poseídos, sino el considerar otras dimensiones y manifestaciones de desigualdad y pobreza.

¿Hay algo más allá del dinero? Por supuesto y por eso resulta algo digno de apuntar el que quienes señalan al dinero como una maldición moderna hagan uso del dinero como medición exclusiva de pobreza y de desigualdad —sería mejor tener una mejor definición de pobreza y desigualdad.

Una definición más amplia y rica, menos materialista y reduccionista.

Quizá puedan, por ejemplo, usarse mediciones de educación como criterio de pobreza y riqueza, especialmente en los niveles primarios —donde una buena educación de calidad contara de tal manera que el dinero importara menos.

O bien, para las personas religiosas y espirituales, ¿acaso no sería pobre el millonario de conducta reprobable y rico aquel pobre que tiene una vida ejemplar?

Hago referencia a la pobreza moral, un padecimiento que es independiente de la pobreza monetaria —y que suele ser ignorada consistentemente incluso por ministros religiosos.

También, en otra faceta, sería muy razonable seguir considerando como pobres a quienes viven gracias a ayudas gubernamentales a pesar de no caer dentro de las clasificaciones tradicionales de pobreza.

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Ha sido mi intención resaltar una reducción materialista de la noción de pobreza y de desigualdad, expresada como posesiones monetarias —lo que considero un error cuando se comete por parte de personas que son contrarias al materialismo actual.

Por ejemplo, este caso

«Vera López [obispo de Saltillo, México] dijo que éstas son las consecuencias de que desde la“época del ex presidente Miguel de la Madrid el gobierno mexicano haya asumido con todas sus fuerzas el proyecto económico del nuevo capitalismo, el capitalismo neoliberal, que no permite que el Estado intervenga para distribuir la riqueza para que las personas se vayan integrando a un mejor nivel de vida, sino que propone todo lo contrario». La Jornada

La riqueza a la que se refiere es meramente material y no considera a lo espiritual. Sorprende que quienes están encargados de lo espiritual coloquen su atención principal en lo material.

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