La definición de un concepto de naturaleza política que tiene elementos muy particulares. Un término que es usado con descuido como insulto. ¿Qué es Fascismo? Su correcta comprensión y las razones por las que no debe ser usado con el descuido propio de insultos genéricos.

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Introducción

Un problema del término ‘fascismo’ es la flexibilidad de su uso en la actualidad. Es utilizado como un insulto común y por eso ha perdido su significado real.

En lo que sigue intento hacer precisiones al respecto del significado de fascismo.

Antes de seguir, insisto en la frecuencia de su uso, un uso equivocado que lo hace un calificativo político sin contenido. Por ejemplo, es costumbre más o menos establecida el llamar ‘fascista’ a quien sea que no esté de acuerdo con la posición propia.

La connotación general de ese uso ordinario es una de represión o imposición. A quien se quiere acusar de ser autoritario se le suele llamar ‘fascista’ —cometiendo el error de no comprender su real significado.

Fascismo, definición y elementos

Una definición de fascismo integra elementos claros para un arreglo social o un régimen de gobierno.

1. Visión colectiva

El fascismo tiene una fuerte visión colectiva y no personal. Comprende a la sociedad como una colectividad dentro de la que existen más colectividades. Nunca llega al nivel del individuo —cuyas libertades son permitidas mientras no impidan esas ideas colectivas.

2. No democracia

El Fascismo rechaza con determinación las nociones democráticas que se basan en la igualdad esencial de cada persona. Su base es jerárquica, por la que se aceptan como deseables desigualdades entre personas, dependiendo de las colectividades a las que pertenecen.

3. Estado máximo

Toma al Estado como un objeto digno del más elevado culto. Sobre lo que nada puede colocarse y ante lo que la persona debe someterse sin condición. Esto acarrea la idea del líder carismático que encarna al Estado y quien es así un objeto de culto.

4. Expansión territorial

El fascismo tiene ambiciones muy claras de expansión territorial. Es un imperialismo esencial que requiere ese sometimiento ante al Estado. Exige a la persona tener un sentido de sacrificio personal muy desarrollado —ella debe entender que nada hay más grande que ofrecer su vida por el Estado.

5. Guerra bienvenida

Es natural que por lo anterior, la guerra sea vista por el fascismo como un bien en sí mismo. Es un medio para su expansión y una manera de desarrollar el heroísmo hasta sus últimas consecuencias en bien de la gloria estatal. Este belicismo es el que logra seres humanos virtuosos.

Archiv M027 Besuch Hitlers im Braunen Haus, Benito Mussolini und Rudolf Hess treffen ein, 1930er«Archiv M027 Besuch Hitlers im Braunen Haus, Benito Mussolini und Rudolf Hess treffen ein, 1930er» by Hans-Michael Tappen is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

6. Gloria y símbolos

Las apariencias son importantes para el fascismo. La gloria nacional debe estar representada en símbolos, banderas, edificios, celebraciones, galas, efemérides, frases destinadas a glorificar al Estado y alabar a sus líderes.

7. Nacionalismo

El fascismo contiene un componente nacionalista muy fuerte que se cimienta en una cultura única sin variaciones, poseída por personas que se enorgullecen de ella y la consideran superior a cualquiera.

Los elementos extranjeros son siempre causa de sospecha y temor, lo que le lleva a una xenofobia sistemática. Y también, racismo.

8. Prohibido disentir

Considerándose siempre en una posición de guerra, el fascismo tiene una actitud muy férrea ante todo lo que pueda verse como un riesgo para el Estado. Por eso, toda disensión es considerada como traición nacional y el pensamiento libre es calificado como inseguridad estatal.

9. No libertad de expresión

Los medios de comunicación y sistemas educativos son tomados por el Estado para la difusión de sus ideales. En ellos se ensalza a los líderes y se glorifica al Estado. El cine, por igual, es un instrumento de propaganda de las ideas imperialistas y la gloria estatal —no es sorprendente que Mussolini fundara Cinecitta.

10. No capitalismo

Sin libertades políticas, ni de expresión, el fascismo también limita severamente las libertades económicas. Lo hace con una mentalidad corporativista que fomenta una fuerte asociación entre grandes intereses económicos y el gobierno, típicamente industrias protegidas públicas o privadas, incluyendo sindicatos.


«Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo —dos formas de estatismo y colectivismo— y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa»

Mario Vargas Llosa

En resumen

El fascismo es una de las variantes de arreglos políticos basados en la concentración del poder en una autoridad que tiene una misión considerada la más alta posible. Allí no puede ponerse en riesgo permitiendo libertades personales.

Debe comprenderse en resumen como un «Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del siglo XX, y que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista».

En todos esos arreglos políticos de concentración de poder en los gobiernos se cumplen tres requisitos que son sus comunes denominadores, consecuencia de su gobierno totalitario:

Uno, la inexistencia de libertades políticas reales —incluso a pesar de la existencia nominal de partidos de oposición, elecciones y cámaras de legisladores.

Dos, la inexistencia de libertades culturales —sean de expresión, educación, religión o de otro tipo.

Un indicativo poderoso de la existencia de este tipo de regímenes es la escasa o nula cantidad y libertad de medios de comunicación.

Tres, la inexistencia práctica de libertades económicas —este tipo de actividad se realiza bajo la extrema vigilancia estatal y, si acaso, actividades pequeñas son dejadas a personas.


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[Actualización última: 2021-10]