grandes ideas

El gobernante que quiere ser admirado. Eso debe hacer un gobernante para llegar a ser respetado y admirado. Maquiavelo tiene consejos para ese gobernante. Entre ellos está el evitar intraquilizar al ciudadano.

Introducción

El gran tema de Maquiavelo es el gobernante que quiere ser admirado. Y lo que él debe hacer.

La idea seleccionada para esta carta es de la obra Nicolás MaquiaveloDe principatibus. México. Trillas, XXI «De cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado», pp. 293-300.

En el inicio de ese capítulo, el autor hace una afirmación que es un consejo al príncipe, es decir, al gobernante.

El gobernante que quiere ser admirado: grandes acciones

Dice que es necesaria la realización de grandes hechos para que el príncipe sea estimado por sus súbditos. Necesita el gobernante también ser ejemplo de acciones excepcionales.

Y como es costumbre en Maquiavelo, él proporciona un ejemplo que prueba su tesis, el de Fernando de Aragón.

Este monarca ha sido el autor de admirables hazañas, como la conquista de Granada y también de muchas otras proezas. Estas acciones han mantenido a los súbditos de ese rey, admirados, ocupados, sorprendidos.

Osado y épico

El gobernante que quiere ser admirado debe ser ejemplo de osadías y acciones épicas.

Tiene que hacer cosas notables en la vida civil, para lo bueno y para lo malo, encontrando formas de premiar y castigar. Todo para hacer que de él se hable mucho.

El gobernante, sigue aconsejando el autor, debe usar artificios y habilidades para que de él se hable otorgándole la reputación de persona grande, superior, de hombre de ingenio y luces.

Ser claro, tener posiciones definidas

Maquiavelo, después de hablar un tanto en general, llega a un punto específico.

El gobernante que quiere ser admirado debe tener posiciones claras. Debe manifestarse sin dudas a favor o en contra de alguien y hacerlo sin precaución.

El tomar partido en alguna cuestión es mucho más aconsejable para el gobernante que adoptar una situación de neutralidad. Podría suceder que dos reinos vecinos llegaran a las armas. Está situación creará una circunstancia en la que el príncipe tema al vencedor de esa guerra.

Es de mayor provecho abrir con claridad la posición personal y declararse a favor de uno de ellos. De no hacer esto, siempre existe la posibilidad de que el príncipe sea presa del vencedor y el vencido mirará con gusto y con satisfacción ese castigo a la neutralidad.

Y es que el que resulta ganador en el conflicto no verá con buenos ojos a amigos que no le ayudan en la adversidad. Por su parte el vencido no acogerá al príncipe por causa de no haber ido antes en su ayuda y defensa.

Los que no son amigos del gobernante solicitarán de él su neutralidad; pero el que es su amigo pedirá su intervención.

Los príncipes indecisos que no enfrentan la decisión y rehuyen el peligro permaneciendo neutrales, las más de las veces terminan arruinados.

Sin embargo, cuando el gobernante se abre e interviene sin dudar en apoyo de la parte vencedora, ésta sentirá obligación y deuda ante su aliado. Las victorias además, nunca son tan decisivas como para que el vencedor carezca de una reacción de agradecimiento al príncipe que lo ayudó.

Y si resulta que si el príncipe brindó su ayuda al perdedor, él príncipe será acogido por aquél y mientras pueda le dará su ayuda.

Pero hay más consejos al respecto. Si las dos fuerzas en conflicto no son de temer, es incluso mucho más aconsejable y prudente el tomar partido y adherirse a una de las partes.

Más aún, el príncipe debe estar alerta y vigilar con cautela para no hacerse aliado de otro mucho más poderoso que él, pues eso significaría quedar a su merced.

Virtuoso él y los adjuntos

En la siguiente parte de este capítulo Maquiavelo continúa dando consejos al gobernante que quiere ser admirado.

Dice el autor que para lograr eso el gobernante debe ser amante de la virtud. Debe ese príncipe también dar cabida a personas virtuosas, dar protección y honor a quienes lo merecen por sus méritos y acogiendo a los que se distinguen en algún arte.

Crear tranquilidad y paz

Es aquí donde el autor entra a otros terrenos. Ha dejado de dar consejos sobre alianzas y guerras para entrar al campo del gobierno de su ciudad o región. Y lo hace con igual estilo, con economía de palabras y hablando directo.

El gobernante que quiere ser admirado y querido debe ser capaz de animar y de alentar a sus súbditos al ejercicio tranquilo de sus profesiones, oficios y ocupaciones.

Debe crear un ambiente de tranquilidad, paz y sosiego para que el que trabaje lo haga sin otra preocupación que la de su industria. Sea en la agricultura, en el comercio o en cualquier actividad, el ciudadano debe tener un sentimiento de tranquilidad.

Los ciudadanos bajo el dominio del gobernante no deben sentir temores que les impidan embellecer sus propiedades y agrandarlas. Debe el gobernante que quiere ser admirado hacer que el ciudadano se sienta seguro de que la autoridad no le arrebatará esas propiedades personales.

El príncipe, añade el autor, debe dar premios a esos que tienen esas iniciativas y a todo esfuerzo que persiga engrandecer a la ciudad o al reino.

Más aún, Maquiavelo aconseja al gobernante que quiere ser admirado que sus ciudadanos no deban sentir sobrecogimiento, ni temor por cuestiones fiscales al abrir un negocio propio.

Fiesta y contacto

No queda sin aconsejar lo que ahora es visto como obvio. El gobernante que quiere ser admirado debe encontrar los momentos y las circunstancias adecuadas para que con fiestas y espectáculos el pueblo se mantenga ocupado.

Más aún, el gobernante debe tener contacto con sus ciudadanos. Las ciudades, por lo general, se encuentran divididas en barrios donde habitan personas de diferentes tipos y con cada uno de ellos debe reunirse con periodicidad.

Así va a dar ejemplo de humanidad y de magnificencia, pero desde luego cuidando siempre su imagen de dignidad y de majestad, que es algo que jamás debe faltarle.

Al final, lo que ese capítulo deja, fuera de sus consejos sobre alianzas bélicas, es algo novedoso: la confianza y la tranquilidad del ciudadano en su relación con la autoridad es un factor positivo para el bienestar.

Lo que Maquiavelo confirma a su estilo es la bondad de dar al ciudadano tranquilidad y confianza, dejándolos libres de tomar iniciativas y de progresar.

Y una cosa más…

Los consejos de Maquiavelo al gobernante que desea ser admirado suponen a un gobernante talentoso, que se rodea de talentosos y que eso le vacuna contra el fenómeno del embrutecimiento que el poder ocasiona.

[La columna fue revisada en 2019-07]