Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Quizá Esté en el Aire
Eduardo García Gaspar
6 junio 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me da una impresión totalmente subjetiva que una idea anda flotando en el aire, pero que ella aún no ha tomado una forma real.

Quizá sea porque me he enfrentado a esta idea en varias ocasiones durante los últimos meses y ha sido mencionada por personas totalmente separadas. Intentaré concretarla lo mejor posible.

Ante todo, es una idea que propone un giro en la forma de pensar, o mejor dicho, de proponer las prioridades de nuestras vidas.

Un ejemplo concreto que escuché fue la crítica muy severa a un empresario cuya prioridad se enfocaba totalmente a lo tecnológico; nada había para él que no pudiera ser resuelto por medio de la adquisición de la mejor tecnología.

Lo que se comentó fue que si bien la tecnología era una maravilla, no podía volverse el remedio de todos nuestros males.

Mi bienamada Macintosh es la mejor computadora del mundo, un mundo delante de las PCs normales y me alegra tenerla; pero no va a resolver todo lo que yo tengo que hacer, como ese empresario sigue pensando. Si hacemos de lado a la tecnología, por un momento, nos quedamos con otro elemento, él único posible.

Ese elemento es el agente que desarrolla la tecnología, la persona humana. Y esta idea naciente pone todo su énfasis en este elemento, el ser humano.

Según esta idea, hay algo más de fondo que hacer: hay que saber leer, hay que saber escribir y hay que saber aritmética. Pero no solamente eso. Hay que saber leer, pero sobre todo hay que leer. De nada sirve saber leer si no se lee. Hay que saber escribir, pero también hay que escribir.

Si alguien sabe escribir y no lo hace, eso es un desperdicio de recursos y un daño persona terrible; y de ese mismo empresario se comentó también que no sabía escribir, pues cometía errores serios de ortografía en sus notas. Hay que saber hacer aritmética, pero aplicarla y saber cuándo se usa qué operación.

Si alguien no sabe usar la lectura, la escritura, ni los números, no tiene caso que le den la mejor tecnología. Será un fracaso.

Lo que esta idea que flota en el aire enfatiza es algo bastante simple: lo que debe recibir atención es la persona humana para que lea, escriba y haga números; que haga todo eso en la práctica, todos los días. Como consecuencia, esa persona vivirá mejor. Es una especie de regreso a lo esencial, al uso de las disciplinas básicas para dominarlas.

Por ejemplo, una persona dijo que según el censo el analfabetismo es de menos de 10%, pero que eso no importa, pues en realidad la forma de medir analfabetismo no es contar quienes dicen que saben leer, sino quienes leen libros o periódicos.

Esto es interesante porque cambia el eje de la educación en México, del terrible énfasis en la educación universitaria subsidiada a la elevación urgente de la calidad de educación básica.

Por una sencilla razón, el que no sale bien educado de la primaria nunca podrá ser un buen profesionista. Si no lee, ni escribe, ni hace números, no podrá estudiar en una universidad.

Pero la cosa se pone más interesante en otra faceta de esa idea que le digo que flota en el aire, cuando ella enfatiza la necesidad de desarrollar la responsabilidad personal para hacer a la gente fuerte por convicción propia.

Sí, se propone que volvamos a tener valores y a ser conservadores.

Esto es igual a tener a los Diez Mandamientos, con una diferencia, respetarlos y llamar a las cosas por su nombre. Lo que está mal lo sigue estando aunque le pongamos otro nombre.

Pongo un ejemplo que me tocó escuchar: una psicóloga de las que se dan aires de modernidad, habló de una pareja de hermanos que haciendo sus cosas acabó por embarazar a la hermana, una situación a la que ella calificó de “una exploración natural de la sexualidad humana que merece respeto”.

Es cierto, le digo que yo lo oí. Eso se llama incesto y está mal, muy mal.

Y es que parece que en esta época existen demasiadas defensas de grupos que se sienten discriminados, cuando en realidad lo que hemos discriminado y hecho de la lado es a la ética muy simple y sencilla que llama a las cosas por su nombre, sin eufemismos, y se inspira en sentimientos de amor, no de odios, ni de separaciones, ni de ataques, ni de nacionalismos.

La tecnología es una maravilla, pero más útil de verdad es tener principios éticos que funcionen, que podamos leer, que podamos escribir y que podamos contar.

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