Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Compre su Estación
Eduardo García Gaspar
15 noviembre 2004
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El programa de radio que tuve durante cuatro meses me dio una serie amplia de lecciones, de las que pude sacar conclusiones ricas en experiencia, como la siguiente.

Uno de los radioescuchas, que con frecuencia llamaba, solía expresar opiniones contrarias a las mías y lo hacía casi por principio.

En el programa de despedida no pudo faltar su llamada, en la que dijo que mi programa debía haber sido “más plural”. Con eso quiso significar que debía haber presentado opiniones como las suyas, contrarias a las mías, en una proporción similar para todas.

Él se quedó muy satisfecho y yo me quedé pensando. Él repitió una idea muy coreada y yo recordé el viejo problema de los periódicos que dan espacio a las cartas al lector.

Eso de ser plural por fuerza es basura intelectual, que como tal suele ser muy atractiva: una caja muy bonita que por dentro no tiene nada. La cuestión está así con ese ejemplo de las cartas de los lectores a los medios impresos.

Una serie de lectores envían sus misivas al medio y el medio selecciona las que va a publicar utilizando un criterio, el que sea. No publica todas, sólo algunas de ellas. Más aún, quienes escriben a los periódicos no pueden exigir la publicación de sus comentarios.

Podrán quererla y desearla, pero no es algo exigible. Es el medio que decide eso y lo hace por una razón muy clara pero pocas veces mencionada: es el propietario del medio quien tiene el poder de uso de su propiedad, o bien lo tiene ése en quien él delegue ese poder.

Es igual al poder que usted tiene para dejar entrar personas a su casa. Nadie en su sano juicio puede reclamar que usted no invita a su casa a muestras representativas de la sociedad.

Usted es el propietario y usted decide. Lo mismo pasa con las tiendas cuando ellas resuelven qué artículos vender. Si la tienda decide no vender papas fritas, ella lo puede hacer y su decisión es tan respetable como la contraria.

Cuando alguien, por ejemplo, prohíbe a ciertas tiendas a no vender cigarros, en realidad está afectando los derechos de propiedad de la tienda, como se quiso hacer en México con las farmacias.

En un programa de radio, por tanto, el deseo de pluralidad que pide dar tiempo a la expresión de puntos de vista opuestos y que suena tan bonito, es literalmente una violación del derecho de propiedad.

Imagínese usted un mitin político del PRI al que llega el PAN a pedir pluralidad para que todos oigan opiniones diferentes. No va. Nadie tiene el derecho de exigir que en un programa de radio se le dé cabida como obligación a las opiniones de otros.

La decisión de hacerlo o no, es del propietario. Y si alguien se queja de que así se violan sus libertades, al no aceptar trasmitir su llamada al aire, está equivocado. No se le viola ninguna libertad de expresión ni cosa por el estilo, tan solo se le impide entrar a una propiedad privada. Eso es todo.

Igual que usted negaría la entrada a su casa a quien a usted no le cae bien. Y si esa persona quiere expresar sus puntos de vista, que se consiga su programa de radio o que se compre su estación.

El asunto viene a colación porque suelen levantarse altares a la pluralidad y olvidarse de las libertades. Tanto sucede esto que con facilidad podrá darse la situación de que algún despistado crea que los medios deben dar cancha a todos por obligación legal.

El pluralismo no es malo en sí mismo, pero se convierte en una superstición cuando sustituye a valores sólidos como los derechos de propiedad. El pluralismo, como se llama ahora a la diversidad de opiniones, es positivo y enriquece a las sociedades que lo tienen.

Las sociedades abiertas, que admiten emigrantes por ejemplo, suelen enriquecerse de las contribuciones de ellos, con EEUU como una muestra muy clara de lo que eso puede lograr. Sin embargo, la pluralidad no puede atacar a los principios mismos que la hacen florecer.

Lo que he querido hacer en esta segunda opinión es llamar la atención sobre un fenómeno que me parece peligroso.

Estoy seguro que muchas personas vieron positivamente el reclamo de ese radioescucha que reclamaba pluralidad en mi programa, sin percibir que dentro de ese reclamo podía estar escondido un ataque a derechos fundamentales de la persona.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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