Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Marginación Intencional
Eduardo García Gaspar
9 junio 2004
Sección: DERECHOS, EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Aunque ya no tanto en las noticias, existe un asunto nacional de sumo interés y que involucra a un 10 por ciento de la población o un poco menos.

Me refiero a la comunidad que se ha llamado indígena, o sea, el tema de las etnias. En palabras sencillas se tienen dos posiciones con respecto a esta comunidad de personas en México.

Con variaciones internas, el asunto indígena ha sido enfocado bajo dos ópticas muy distintas.

Una de ellas indica que indígenas o no, todos los ciudadanos del país son mexicanos y tienen un trato de iguales ante la ley. Esta forma de pensar está fuertemente inclinada a considerar a los indígenas como cualquier otro mexicano y por eso resulta obvio que sea deseable el integrar a esas comunidades a la vida normal y actual del país.

El otro enfoque presenta una opción muy diferente, basada en considerar a los indígenas como una comunidad separada del resto de los mexicanos y merecedora de tratamientos especiales en la ley, incluso con aceptación de regulaciones en sus comunidades que estén de acuerdo a los usos y costumbres de cada comunidad. Hay en esta óptica un deseo fuerte para mantener y conservar el estado actual de esas personas.

Desde luego, existen enfrentamientos entre quienes que sostienen una de esas dos posiciones y la conciliación entre ambos bandos no es algo que pueda esperarse en el corto plazo.

Los antecedentes históricos de los enfrentamientos tienen un origen lógico a partir del arribo de los europeos en América, cuando inició la discusión de quiénes eran los habitantes de este continente. Hubo opiniones de todos tipos: que eran o no capaces de pensar, que eran o no nobles salvajes, que debían o no ser integrados a la vida normal del país…

Entre esas discusiones me parece de interés la opinión de los liberales en el siglo 19, con la posición juarista que propugnaba la integración del indio a la sociedad mexicana, sin concesiones especiales ni tratamientos diferentes.

En la actualidad, la discusión sobre el trato a los grupos indígenas surgió de nuevo y tiene esas dos ópticas que he mencionado. El asunto es importante por tratarse de varios millones de seres humanos con altos niveles de pobreza.

Lo que quiero señalar es un peligro grave que contiene en sí misma la serie de opiniones que desea mantener a las comunidades indígenas bajo las reglas de sus costumbres ancestrales, separados del resto de la sociedad, en un deseo de conservar las culturas originales de esos pueblos.

Desde luego, la pretensión de amparo cultural no es mala en sí misma y difícilmente puede argumentarse contra ella.

Sin embargo, el precio pagado por esa preservación cultural muy bien puede estar significando el mantenimiento de los niveles de pobreza y el impedimento de progreso de esas comunidades. Todas las comunidades en todo el mundo han progresado y cambiando. Han evolucionado, se han reformado, han progresado.

Resultaría absurdo pretender el mantenimiento de la cultura medieval o el de la vida de los esclavos, y éste es el peligro que se corre.

Es decir, al estar queriendo lograr una conservación cultural muy bien puede estarse teniendo un efecto colateral indeseable, que es la cancelación de la posibilidad de evolución y reforma de la comunidad protegida. Similar a congelar en el tiempo y mantener estáticas a comunidades cuyos miembros no compartirían los beneficios del progreso.

Sin duda eso es muy cruel y da la apariencia de querer tener un zoológico humano para ser admirado por quienes niegan la posibilidad de evolución a algunas personas. Se trata de una política de discriminación, con apariencia benévola, por medio de la que se impide el acceso de una personas a la posibilidad de cambiar.

Es políticamente correcta la posición de quienes luchan por la preservación cultural de los indígenas y por ello quienes la critican sueles ser objeto de insultos, pero no de argumentaciones.

Sin embargo, esa postura no está libre de defectos. Yo he querido señalar uno de ellos, que me parece muy serio. No creo que nadie tenga el derecho de estacionar la vida de un grupo de personas a las que por ley se les obligue a congelarse en el tiempo, sin posibilidad de evolucionar y mejorar.

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