Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ponerse a Temblar
Eduardo García Gaspar
19 enero 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La gran mayoría de los mexicanos piensa que una institución sin fines de lucro es superior a una empresa que persigue utilidades.

Digo que en general creemos que querer ganar dinero es una postura moralmente inferior a la de no querer ganar dinero. Todo un clisé.

Quienes así piensan cometen un error fuerte que los lleva a entender mal las realidades de todos los días.

Por ejemplo, el sindicato del IMSS y muchos más no tienen fines de lucro y, sin embargo, ansían dinero a toda costa, incluso lastimando severamente al resto de la sociedad. Es mucho más beneficioso tener a, por ejemplo, Kellog’s, que quiere tener utilidades vendiendo cereales, que a ese sindicato que no quiere ganar dinero.

Lo que sucede es que no pensamos bien cuando creemos que eso del afán de lucro es algo malo que fomenta el egoísmo.

Realmente, a diario, en las instituciones sin ese “afán”, el egoísmo queda sin control. Vamos a suponer lo siguiente, un empresario, el que sea, verdaderamente obsesionado con ganar todo el dinero que pueda, cuanto más mejor y sin otra preocupación que ésa. ¿Cómo lo va a poder hacer?

Él va a invertir su dinero en la empresa que mejor potencial tenga en su opinión personal, lo que curiosamente significa que va a invertir en algo que se necesita en la comunidad. Si no se necesita en la comunidad lo que el empresario ofrecerá, es obvio que no invertirá en ello porque eso no le dará utilidades.

Sus ansias de ganar dinero se orientarán sin pensarlo hacia cosas que la comunidad requiere, hacia eso para lo que existe una demanda insatisfecha. También es esto curioso porque, sin buscarlo, intentará satisfacer necesidades ajenas. Todo por querer ganar más dinero. Y la cosa no se queda allí.

Querrá poner los precios más altos posibles a sus productos, pero no lo podrá hacer. No podrá poner esos precios altos, porque si lo hace las personas no comprarán su producto y preferirán comprar los de otros, comprar sustitutos, o de plano no comprarlos.

También esto llama la atención, porque la competencia impedirá que ese empresario sediento de utilidades pueda hacer lo que él quiera con los precios y la calidad de su producto. Gracias a la competencia sus ambiciones tendrán que ser acotadas a un solo medio para ganar dinero: dar al cliente lo que quiere y al precio mejor que se pueda.

Tenemos pues que ese temido afán de lucro que mueve al empresario resulta de gran beneficio para todos en la comunidad, pues producirá bienes que satisfacen necesidades reales. Y, de hecho, hará que todos los recursos del empresario sean puestos al servicio de los consumidores.

El empresario podrá ser el dueño legal de la empresa, pero quien usará esa empresa a su entera conveniencia será el resto de la sociedad.

Todo esto será posible siempre que se cumplan las condiciones de un mercado libre, al que cualquiera pueda entrar y del que pueda salir, y en el que impere la aplicación de leyes simples que castiguen el incumplimiento de contratos, los robos, fraudes y daños en las personas.

Por eso, le digo, cuando veo frente a mí a un empresario ansioso de ganar mucho dinero no tengo miedo, pues sé que sus ansias tienen límites que un mercado libre impone.

Cuando escucho que alguien habla de ganar dinero, eso me tranquiliza. Pero cuando escucho hablar de no tener afán de lucro, tiemblo, porque ése creerá tener una posición moral superior que le permite hacer lo que no se debe.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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