Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ir a Él o Traerlo
Eduardo García Gaspar
22 diciembre 2005
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La época de Navidad se presta para hacer más reflexiones que de costumbre, sobre temas más importantes que los usuales. Comparto con usted una de esas meditaciones mías, derivada de los adornos navideños que abundan por todas partes. Me alegra verlos porque son formas de celebración que reconocen la alegría de las fechas.

Pero me inquieta una faceta de esos adornos. Digamos que ponemos un nacimiento y un árbol de Navidad y que eso es motivo de gozo. Nada malo sucede en eso, y sin embargo existe un riesgo de concretar demasiado las cosas en esos adornos y figuras.

La noción de Dios, un ser superior, perfecto, infinito, invisible, es difícil para los humanos que somos imperfectos. Resulta natural que queramos traer hasta nosotros a Dios. Allí es donde tengo problemas, en ese deseo de querer traerlo hacia nosotros.

Creo que debe ser lo opuesto. Somos nosotros los que debemos ir a él, en lugar de traerlo a nuestra existencia. Es nuestra existencia la que debe elevarse y no Dios el que debe aterrizar. Puede sonar etéreo el asunto, pero no lo es, por una razón obvia.

Cuando queremos traer a Dios a nuestra vida, estaremos inclinados a acomodarlo a algo que nos sea conveniente y ventajoso a nuestra vida. Estaremos tentados a encontrar un dios que apruebe nuestras ideas y pensamientos, un dios que nos diga que sí a lo que queramos.

Ése es un dios. No creo que sea Dios. El el dios que nos sirve de pretexto para legitimar lo que deseamos, el dios de las celebraciones superficiales. Me parece lógico que sea exactamente lo contrario lo que debemos hacer. Es decir, somos nosotros los que debemos ir a Dios y acomodarnos a él. No al revés. Hacer esto, desde luego, es mucho menos cómodo y menos placentero. Cuesta trabajo, requiere esfuerzo, pero es mejor y más elevado.

La cuestión está clara en una diferencia grande al momento de las celebraciones, como la de la Navidad. La dualidad clara es la de celebrar por gratificación propia, con adornos, fiestas, regalos, permaneciendo a ese nivel. O realizar esas celebraciones por otra razón: porque Dios debe ser adorado y ante él debemos inclinarnos. La diferencia es abismal.

Al traer a Dios a nosotros somos nosotros el centro de nuestras acciones, pero al ir hacia Dios él es el centro de nuestras acciones. Las cosas se complican porque esa diferencia no es visible a los ojos humanos, sólo puede ser vista por Dios.

El mismo árbol de Navidad, la misma cena de Navidad puede ser que quiera traer a Dios, pero puede ser que quiera ir a Dios. Dentro de un mismo servicio religioso, digamos una misa, la gente que allí acude no puede diferenciarse visiblemente en eso, todo está dentro de ella. Quizá todo lo que pueda decirse al respecto, sea el evitar el énfasis exagerado en las formas, para lograr la concentración en el fondo.

El tema es importante por la flexibilidad potencial que existe en la opción de traer a Dios a nosotros para convertirlo en un dios que nos facilita las cosas que queremos hacer. Es el peligro real de la noción de un “dios personal” en el que muchos dicen creer y que no es en realidad otra cosa que una excusa para hacer lo que uno quiere con el permiso ficticio de un dios que no existe, sino que se fabrica para mayor comodidad. Si Dios existe, él es necesariamente real.

No puede ser personal, ni individual, ni puede él acomodarse a la gente. La cuestión es totalmente al revés. Somos las personas las que debemos someternos por voluntad propia a Dios y ésa es la clave, la del sometimiento voluntario: siendo libres, pudiendo decir que no a Dios, optamos por decir que sí a su voluntad. Y este es el fondo tal vez de muchos sucesos de hoy. Me refiero a la diferencia entre dos entendimientos de la libertad.

La negativa y la positiva. La negativa es la que define a la libertad primitivamente, como la posibilidad de hacer lo que me venga en gana, a lo que se armoniza perfectamente esa idea del dios personal que se fabrica y que autoriza coincidentemente todo lo que se hace.

La otra es la positiva y que significa hacer voluntariamente lo que debe hacerse. Aquí cabe la idea de Dios al que debo aspirar por medio de acciones que me lleven a él. Es exactamente lo opuesto a la libertad negativa, la que mucho me temo es la que infantilmente se ha popularizado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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