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Capitalismo: Éticamente Neutral
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 2006
Sección: ETICA, Sección: AmaYi
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¿Cómo se comportaría una economía en la que todos sus participantes fueran santos? Exactamente igual a una economía en la que sus participantes fueran personas imperfectas.

Una de las grandes fallas de la ciencia económica es la existencia de ideas equivocadas sobre ella. Todos o casi todos reconocen que los mercados libres producen prosperidad y elevan el bienestar de las personas. Pero al mismo tiempo, son demasiados los que piensan que la inmoralidad es inherente al capitalismo; que en él los participantes siempre actúan de manera reprobable, con egoísmo, codicia y engaño.

Kirzner entra a ese problema proponiendo una solución inteligente y razonada que lleva a la conclusión de que el capitalismo es un sistema moralmente neutral, en el que pueden tener entrada las conductas reprobables, pero que ellas no son parte esencial del sistema. Los mercados libres no son por definición procesos en los que se requiere obligadamente cometer acciones inmorales

La idea reportada en esta carta fue encontrada en el libro, Badcock, Cristopher, Williams, Walter E., et al. (2004). ECONOMY AND VIRTUE. (Dennis O’Keeffe). London. The Institute of Economic Affairs. chapter 5, Economic science and the morality of capitalism, Israel M. Kirzner, pp. 88-100, ISBN 0-255-365047.

El gran tema

El autor señala el tema con claridad. Kirzner explora un viejo tema de la ciencia económica, el de una falla en el entendimiento de esa disciplina: la creencia muy difundida de que una sociedad exitosa de mercados libres es necesariamente una sociedad inmoral.

Pensar que los mercados libres ineludiblemente se sostienen en conductas moralmente reprobables es consecuencia de un mal entendimiento de la economía.

Examinar el tema ayudará e comprender mejor a esta ciencia y contribuirá a entender mejor al capitalismo y su imagen moral.

La ciencia económica, a través del tiempo, ha provisto con explicaciones los logros de los mercados libres para elevar la riqueza de las naciones, para promover intercambios que benefician por definición a todas las partes involucradas, para alcanzar una asignación eficiente y responsable de recursos escasos, para la coordinación de los miembros de una sociedad.

La economía, en otras palabras, ha servido para probar las ventajas del capitalismo, por lo que los enemigos de éste consideran a la ciencia económica como el enemigo que debe ser acusado.

La ciencia económica ilustra y prueba con argumentos las ventajas de los mercados libres. Es lógico que quien no cree en los mercados libres quiera desacreditar a la ciencia que los justifica .

Con frecuencia la ciencia económica ha sido expuesta y explicada de tal manera que se hace ver que los beneficios de los mercados libres tienen un origen malicioso, el de conductas inmorales.

Se dice que, por definición incluso, las acciones realizadas en un sistema capitalista deben ser contrarias a los principios éticos. Se afirma que son personas egoístas y materialistas las que toman decisiones inmorales o al menos de dudoso mérito en los mercados libres.

La economía no ha podido deshacerse de la imagen del homo economicus sobre el que se presupone que está fundamentada y que obliga a pensar en la existencia de personas egoístas, inmisericordes que deben a todas luces ser reprobadas.

La realidad es ésa. Sí, los mercados libres logran resultados superiores, generan mayor riqueza y bienestar. De eso no hay duda.

Pero los enemigos de los mercados libres y las malas explicaciones de algunos economistas han propagada una idea errónea, la de que esos mercados necesitan para su funcionamiento conductas éticamente reprobables por parte de sus participantes.

La verdad es que la ciencia económica no requiere el supuesto de ese rudo homo economicus que no se detiene ante nada. La ciencia económica tan sólo necesita de personas “racionales”, es decir, gente que manifiesta consistentemente un interés propio, lo que ella pretende realizar, donde caben perfectamente los motivos altruistas de cada persona.

A lo que se refiere Kirzner es al abandono de la idea de que existen deseos económicos por un lado y deseos que no lo son como algo totalmente diferente. Esta distinción es inválida y sin embargo muchos economistas la promueven al sostener que el objetivo económico es la maximización de la riqueza medida en dinero.

Hay una creencia muy difundida que señala que el éxito del capitalismo tiene su origen en la libertad que tienen los mercados espontáneos para admitir las acciones de individuos codiciosos, fraudulentos, mentirosos y explotadores.

Incluso aunque la opinión pública no crea esta idea tanto como antes, la realidad es que se ha creado un cierto nivel de cinismo al respecto.

La supuesta inmoralidad del capitalismo se considera un precio que debe pagarse a cambio de los éxitos materiales de los mercados libres y el alto nivel de vida que producen.

Un mercado hipotético: el de personas santas y puras

Con esa actitud cínica prevaleciente, la reacción de los enemigos del capitalismo es natural: toda falla en la economía libre, de cualquier tipo, es usada por ellos para argumentar que la inmoralidad tiene malas consecuencias.

Kirzner, por tanto, es enfático en señalar el error de creer que la falta de moral es una manera de crear prosperidad como un requisito del capitalismo.

La clave está en hacer una diferenciación que no es común.

• Una cosa es afirmar que las personas son guiadas por algo como una mano invisible para coordinar sus decisiones con las de los demás, cuando ellas tan sólo consideran sus intereses personales.

• Y otra cosa muy diferente es creer que esa mano invisible o coordinación espontánea deriva su sagacidad estrictamente de las acciones inmorales de quienes actúan en el mercado; lo que es falso.

Para enfatizar el punto, el autor utiliza una situación hipotética, el de un mercado libre en el que participan únicamente santos, personas con las más altruistas y elevadas motivaciones. Esta sociedad imaginaria es una idea fascinante.

¿Cómo se comportarían estas personas cuya motivación primordial y única es ayudar a otros?

¿Cuál sería el comportamiento de esos santos cuando hacen compras, cuando administran empresas?

La contestación a estas preguntas es usualmente la de afirmar que todo el sistema de precios de un mercado libre se desplomaría. Se desmoronaría, se dice, incluso si se incorporara la idea de anexar ese altruismo en el interés personal porque desaparecería la búsqueda de la utilidad o beneficio.

Se argumentaría que en una sociedad de santos altruistas no habría manera de usar la noción de maximizar beneficios que es lo que se necesita en la teoría microeconómica.

Se pensaría que las personas que únicamente piensan en el bienestar ajeno no podrían intentar subir los precios todo lo posible, ni pagar a sus trabajadores lo menos que se pueda, ni buscar los más baratos proveedores.

Eso se pensaría, pero la verdad es que es falso.

La realidad es que en esa sociedad de santos aparecería también ese comportamiento que lleva a la maximización de los beneficios. Igual que en una sociedad de personas imperfectas.

La razón de esta realidad inevitable se explica al entender que los beneficios obtenidos en una sociedad de santos serían dedicados a acciones elevadas y filantrópicas. No serán dedicadas a acciones mundanas y materialistas, pero sí a esos actos altruistas.

Ésta es la diferencia y nada más. Tanto el que tenga los objetivos más pedestres como el que tenga las más elevadas motivaciones, actuarán de la misma manera.

El punto central es entender que el maximizar beneficios es un objetivo instrumental, un medio para luego realizar otras acciones decididas por cada persona.

Kirzner, por esto, dice que todos, santos y pecadores, tendrán el mismo objetivo, el de lograr un máximo de beneficios para luego usarlos como ellos decidan.

Es una distinción razonada y sólida, pues separa a dos elementos muy diferentes: uno es el obtener beneficios derivados de la actividad económica, el otro es lo que se hace con esos beneficios.

Los beneficios personales y su uso

Consecuentemente, el sistema de precios, los mercados libres y el capitalismo, no dependen de motivos egoístas, ni materialistas; dependen de los propósitos humanos.

Quien en un sistema de división de trabajo y libertad de iniciativa quiera dedicarse a los más elevados ideales tendrá el mismo incentivo para maximizar sus objetivos que quien sólo tenga preocupaciones extraordinariamente frívolas.

Esta idea es sencilla y simple, pero merece ser señalada muy explícitamente por una razón.

Los críticos del capitalismo han tomado al deseo de maximizar beneficios como centro de sus ataques y formado la imagen del emprendedor como alguien sin sentimientos, egoísta, pérfido y astuto, que desea explotar a los demás con una deshonestidad esencial. Es un clisé falaz que sin embargo parece haber echado raíces en personas que tienen esa creencia.

La verdad es otra. Las utilidades, los beneficios no son los objetivos centrales y últimos; lo son los objetivos de uso o consumo de esos beneficios. Los beneficios son instrumentales nada más.

Si hay algo moral o inmoral eso no depende de la búsqueda de beneficios sino de lo que con ellos se haga. Es lógico, por tanto, el aceptar que el maximizar beneficios o utilidades no puede usarse como evidencia de la falta de elevadas motivaciones ni para lanzar acusaciones de conducta inmoral.

Una aclaración debe ser hecha. Kirzner afirma que no sostiene él que quien busca maximizar sus beneficios carece necesariamente de todo interés en el bienestar, por ejemplo, de sus empleados, trabajadores, o clientes. Simplemente coloca ese bienestar en un sitio secundario con respecto al uso que dará a sus beneficios.

Por tanto, ningún problema hay en utilizar la noción de los mercados libres en casos en los que se busca maximizar sus beneficios para propósitos personales. Quien tiene altas preocupaciones altruistas y quien no las tiene actúan de la misma manera, aunque con diferentes objetivos.

La situación imaginaria de un mercado con personas todas santas y puras, sin embargo, no implica que en el mundo real los capitalistas deban ser investidos con un aire de santidad.

Pero sí significa aceptar que en un sentido trascendente el capitalismo tiene una moralidad neutral, es como una herramienta para lograr los medios que permitan realizar los propósitos personales.

Las economías capitalistas, ciertamente, no han sido siempre campos de acción de gente sin fallas y éticamente ejemplares, pero eso significa que sean herramientas que requieren intrínsecamente conductas inmorales.

La tesis de Kirzner es por tanto la de aceptar que la prosperidad del capitalismo, que es su más clave atributo, es algo que no depende de los principios éticos de quienes allí participan. A esto debe agregarse un elemento importante, los derechos de propiedad.

Debe aceptarse que el capitalismo puede ser escenario de conductas ejemplares, pero también de acciones reprobables. En el caso de estas conductas éticamente negativas, sin embargo, los derechos de propiedad que son parte del capitalismo tienden a eliminar el daño de esas acciones que son realmente nauseabundas.

Un sistema legal eficiente de defensa de los derechos de propiedad debe tener como resultado que las acciones reprobables sean de menores consecuencias que donde esos derechos no sean bien defendidos.

Es decir, el capitalismo, gracias a su defensa de la propiedad privada, tiene en sí mismo este mecanismo que previene las consecuencias de acciones inmorales.

Un resumen

Hasta aquí, la idea de que el capitalismo es exitoso pero está fundado en la aceptación de conductas inmorales ha sido probada como falsa:

• Es falso que el éxito de los mercados libres para satisfacer necesidades y coordinar planes individuales, dependa necesariamente de objetivos materialistas de consumo de los participantes.

• Es falso que ese éxito de los mercados libres dependa de actos inmorales por parte de los emprendedores.

• Los mercados libres son éticamente neutrales, permiten por tanto acciones reprobables, pero sus reglas protegen a los participantes del daño posible producido por esas acciones.

En todas estas consideraciones, sin embargo, no debe perderse de vista un punto vital.

Un mercado libre es un maravilloso sistema, un arreglo social que se fundamenta en la división del trabajo, la especialización, la coordinación por medio de los precios y la iniciativa del emprendedor.

De esta manera sublima y canaliza los potenciales productivos de los participantes para ampliar la satisfacción de necesidades de los demás.

La neutralidad moral de un mercado libre no es garantía de que los beneficios obtenidos por los participantes no provengan de acciones inmorales e indebidas. Lo que esa neutralidad moral significa es que las acciones inmorales no son parte esencial del éxito de los mercados libres.

Esto hace perfectamente posible el sostener ideas que apoyen acciones éticas al mismo tiempo que ser partidario de los mercados libres.

Más aún, no exime de la responsabilidad de condenar acciones deplorables, de codicia, fraude, engaño y corrupción, las que seguramente se encontrarán en mercados libres, al igual que en otros sistemas.

Sin duda, nuestro mundo real muestra a seres humanos imperfectos, capaces de actos reprobables, pero esto no debe llevarnos a concluir erróneamente que los mercados libres están sostenidos en la inmoralidad.

Podemos intentar mejorar la realidad capitalista sin poner en riesgo a sus logros; podemos educar para elevar nuestras motivaciones, sin atentar contra ese maravilloso y delicado proceso, que hace posible que personas desconocidas entre sí se apoyen en la satisfacción mutua de sus necesidades y propósitos.

Kirzner, al final, hace una súplica. Los economistas deben mostrar al resto su ciencia de tal forma que no se creen nociones erróneas de ella, como la que el autor ha tratado.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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