Capitalismo: Éticamente Neutral

Todos o casi todos reconocen que los mercados libres producen prosperidad y elevan el bienestar de las personas. Pero al mismo tiempo, son demasiados los que piensan que la inmoralidad es inherente al capitalismo; que en él los participantes siempre actúan de manera reprobable, con egoísmo, codicia y engaño.

Kirzner razona sobre eso y llega a la conclusión de que el capitalismo es un sistema moralmente neutral, en el que pueden tener entrada las conductas reprobables, pero que ellas no son parte esencial del sistema. Los mercados libres no son por definición procesos en los que se requiere obligadamente cometer acciones inmorales

¿Cómo se comportaría una economía en la que todos sus participantes fueran santos? Exactamente igual a una economía en la que sus participantes fueran personas imperfectas.

 

El tema central

Kirzner explora un viejo tema de la ciencia económica: la creencia muy difundida de que una sociedad exitosa de mercados libres es necesariamente una sociedad inmoral. Pensar que los mercados libres ineludiblemente se sostienen en conductas moralmente reprobables es consecuencia de un mal entendimiento de la economía.

La ciencia económica, a través del tiempo, ha provisto con explicaciones los logros de los mercados libres para elevar la riqueza de las naciones, para promover intercambios que benefician por definición a todas las partes involucradas, para alcanzar una asignación eficiente y responsable de recursos escasos, para la coordinación de los miembros de una sociedad.

La ciencia económica ilustra y prueba con argumentos las ventajas de los mercados libres. Es lógico que quien no cree en los mercados libres quiera desacreditar a la ciencia que los justifica .

Con frecuencia la ciencia económica ha sido expuesta y explicada de tal manera que se hace ver que los beneficios de los mercados libres tienen un origen malicioso, el de conductas inmorales.

Se dice que, por definición incluso, las acciones realizadas en un sistema capitalista deben ser contrarias a los principios éticos. Se afirma que son personas egoístas y materialistas las que toman decisiones inmorales o al menos de dudoso mérito en los mercados libres.

La economía no ha podido deshacerse de la imagen del homo economicus sobre el que se presupone que está fundamentada y que obliga a pensar en la existencia de personas egoístas, inmisericordes que deben a todas luces ser reprobadas.

Sí, los mercados libres logran resultados superiores, generan mayor riqueza y bienestar. De eso no hay duda. Pero los enemigos de los mercados libres y las malas explicaciones de algunos economistas han propagada una idea errónea, la de que esos mercados necesitan para su funcionamiento conductas éticamente reprobables por parte de sus participantes.

La verdad es que la ciencia económica no requiere el supuesto de ese rudo homo economicus que no se detiene ante nada. La ciencia económica tan sólo necesita de personas «racionales», que manifiestan consistentemente un interés propio, donde caben perfectamente los motivos altruistas.

A lo que se refiere Kirzner es al abandono de la idea de que existen deseos económicos por un lado y deseos que no lo son como algo totalmente diferente. Esta distinción es inválida y sin embargo muchos economistas la promueven al sostener que el objetivo económico es la maximización de la riqueza medida en dinero.

Un mercado de personas santas y puras

Kirzner es enfático en señalar el error de creer que la falta de moral es una manera de crear prosperidad como un requisito del capitalismo.

La clave está en hacer una diferenciación.

• Una cosa es afirmar que las personas son guiadas por algo como una mano invisible para coordinar sus decisiones con las de los demás, cuando ellas tan sólo consideran sus intereses personales.

• Y otra cosa muy diferente es creer que esa mano invisible o coordinación espontánea deriva su sagacidad estrictamente de las acciones inmorales de quienes actúan en el mercado; lo que es falso.

Para enfatizar el punto, el autor utiliza una situación hipotética, el de un mercado libre en el que participan únicamente santos, personas con las más altruistas y elevadas motivaciones.

¿Cómo se comportarían estas personas santas y puras cuya motivación primordial y única es ayudar a otros? ¿Cuál sería el comportamiento de esos santos cuando compran, venden,o administran empresas?

La respuesta usual a estas preguntas es afirmar que todo el sistema de precios de un mercado libre se desplomaría. Se desmoronaría porque desaparecería entre esos santos la búsqueda de la utilidad o beneficio, dicen.

Se pensaría que las personas que únicamente piensan en el bienestar ajeno no podrían intentar subir los precios todo lo posible, ni pagar a sus trabajadores lo menos que se pueda, ni buscar a los más baratos proveedores.

Eso se pensaría, pero la verdad es que es falso.

La realidad es que en esa sociedad de santos aparecería también ese comportamiento que lleva a la maximización de los beneficios. Igual que en una sociedad de personas imperfectas.

La razón de esta realidad inevitable se explica al entender que los beneficios obtenidos en una sociedad de santos serían dedicados a acciones elevadas y filantrópicas. No serán dedicadas a acciones mundanas y materialistas, pero sí a esos actos altruistas.

Tanto el que tenga los objetivos más pedestres como el que tenga las más elevadas motivaciones, actuarán de la misma manera. El punto central es entender que el maximizar beneficios es un objetivo instrumental, un medio para luego realizar otras acciones decididas por cada persona.

Santos y pecadores, según Kirzner, tendrán el mismo objetivo, el de lograr un máximo de beneficios para luego usarlos como ellos decidan.

Es una distinción razonada y sólida, pues separa a dos elementos muy diferentes: uno es el obtener beneficios derivados de la actividad económica, el otro es lo que se hace con esos beneficios.

Los beneficios personales y su uso

Consecuentemente, el sistema de precios, los mercados libres y el capitalismo, no dependen de motivos egoístas, ni materialistas; dependen de los propósitos humanos.

Quien en un sistema de división de trabajo y libertad de iniciativa quiera dedicarse a los más elevados ideales tendrá el mismo incentivo para maximizar sus objetivos que quien sólo tenga preocupaciones extraordinariamente frívolas.

Los críticos del capitalismo han tomado al deseo de maximizar beneficios como centro de sus ataques y formado la imagen del emprendedor como alguien sin sentimientos, egoísta, pérfido y astuto, que desea explotar a los demás con una deshonestidad esencial. Es un clisé falaz que sin embargo parece haber echado raíces en personas que tienen esa creencia.

La verdad es otra. Las utilidades, los beneficios no son los objetivos centrales y últimos; lo son los objetivos de uso o consumo de esos beneficios. Los beneficios son instrumentales nada más.

Si hay algo moral o inmoral eso no depende de la búsqueda de beneficios sino de lo que con ellos se haga. El maximizar beneficios o utilidades no puede usarse como evidencia de la falta de elevadas motivaciones ni para lanzar acusaciones de conducta inmoral.

Kirzner afirma que no sostiene él que quien busca maximizar sus beneficios carece necesariamente de todo interés en el bienestar, por ejemplo, de sus empleados, trabajadores, o clientes. Simplemente coloca ese bienestar en un sitio secundario con respecto al uso que dará a sus beneficios.

Por tanto, ningún problema hay en utilizar la noción de los mercados libres en casos en los que se busca maximizar sus beneficios para propósitos personales. Quien tiene altas preocupaciones altruistas y quien no las tiene actúan de la misma manera, aunque con diferentes objetivos.

Las economías capitalistas, ciertamente, no han sido siempre campos de acción de gente sin fallas y éticamente ejemplares, pero eso significa que sean herramientas que requieren intrínsecamente conductas inmorales.

Un resumen

Hasta aquí, la idea de que el capitalismo es exitoso y ese éxito tiene su origen en conductas inmorales ha sido probada como falsa:

• Es falso que el éxito de los mercados libres para satisfacer necesidades y coordinar planes individuales, dependa necesariamente de objetivos materialistas de consumo de los participantes.

• Es falso que ese éxito de los mercados libres dependa de actos inmorales por parte de los emprendedores.

• Los mercados libres son éticamente neutrales, permiten por tanto acciones reprobables, pero sus reglas protegen a los participantes del daño posible producido por esas acciones.

En todas estas consideraciones, sin embargo, no debe perderse de vista un punto vital.

Un mercado libre es un maravilloso sistema, un arreglo social que se fundamenta en la división del trabajo, la especialización, la coordinación por medio de los precios y la iniciativa del emprendedor.

De esta manera sublima y canaliza los potenciales productivos de los participantes para ampliar la satisfacción de necesidades de los demás.

La neutralidad moral de un mercado libre no es garantía de que los beneficios obtenidos por los participantes no provengan de acciones inmorales e indebidas. Lo que esa neutralidad moral significa es que las acciones inmorales no son parte esencial del éxito de los mercados libres.

Esto hace perfectamente posible el sostener ideas que apoyen acciones éticas al mismo tiempo que ser partidario de los mercados libres.

Más aún, no exime de la responsabilidad de condenar acciones deplorables, de codicia, fraude, engaño y corrupción, las que seguramente se encontrarán en mercados libres, al igual que en otros sistemas.

Sin duda, nuestro mundo real muestra a seres humanos imperfectos, capaces de actos reprobables, pero esto no debe llevarnos a concluir erróneamente que los mercados libres están sostenidos en la inmoralidad.

Podemos intentar mejorar la realidad capitalista sin poner en riesgo a sus logros; podemos educar para elevar nuestras motivaciones, sin atentar contra ese maravilloso y delicado proceso, que hace posible que personas desconocidas entre sí se apoyen en la satisfacción mutua de sus necesidades y propósitos.

Kirzner, al final, hace una súplica. Los economistas deben mostrar al resto su ciencia de tal forma que no se creen nociones erróneas de ella, como la que el autor ha tratado.

 

Nota del editor

La idea reportada en esta carta fue encontrada en el libro, Badcock, Cristopher, Williams, Walter E., et al. (2004). Economy and virtue. (Dennis O’Keeffe). London. The Institute of Economic Affairs. chapter 5, Economic science and the morality of capitalism, Israel M. Kirzner, pp. 88-100.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *