Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen y Gobierno
Eduardo García Gaspar
20 noviembre 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Si se hace una lista de las funciones posibles de un gobierno y se colocan ellas en orden de importancia, la primera será sin duda la preservación del orden. Es decir, la protección del ciudadano, su vida y el fruto de su trabajo.

En un lugar muy secundario aparecerán funciones como las de administrar recursos petroleros o promover el turismo hacia el país o realizar eventos artísticos. Es una cuestión de mero sentido común.

Y si se hace una lista de las funciones que el gobierno mexicano tiene se encontrará que ha cometido el mismo error de muchos otros: querer hacer más de lo que puede. Es de sobra conocido el problema y se trata de acumular demasiadas responsabilidades en una sola entidad, tantas que es imposible realizarlas bien. Cuando eso sucede en una empresa, el daño es limitado. Pero cuando eso sucede en un gobierno el quebranto es ilimitado.

Leo Zuckerman (Excelsior) nos ha provisto de algunos datos al respecto de la primera de las funciones de un gobierno. Dice,

“Una estadística macabra del sexenio de Vicente Fox: cada día la delincuencia organizada asesinó a un promedio de 3.7 individuos. Lo peor es que las ejecuciones se han venido acelerando cada año… Los estados más violentos en este rubro son Michoacán, Guerrero, Nuevo León, Tamaulipas, Baja California, Chihuahua, Sinaloa y Tabasco”.

Usted ha leído al respecto: hay decapitaciones, levantones, torturas, asesinatos, balaceras, complicidad policiaca, corrupción, tráfico de drogas, impunidad. Y ante esta realidad las autoridades federales señalan con insistencia que el crimen no ha rebasado al gobierno. Es una de las etapas de la depresión, el negar la realidad. La verdad es otra muy diferente: la policía en México no funciona y por eso la razón central de ser de un gobierno se ha puesto de lado.

Las noticias reportadas indican sin miedo a equivocarse que para los partidos políticos es más importante decidir si van o no a tomar el Congreso de la Unión el 1 de diciembre. Ésa es su preocupación central y a la que dedican sus afanes y esfuerzos. S

us prioridades están torcidas, tanto que quienes hacen política usan la violencia, la misma que aplican los criminales. Quiero decir que no sólo el criminal es violento, sino también buena parte de los actores políticos, quienes bloquean calles, arrojan bombas molotov, colocan explosivos, sitian ciudades, cierran calles.

El punto que quiero señalar es ése. Los mexicanos tenemos dos fuentes de violencia. La más clara de ellas es la generada por el crimen, organizado o no. Es todo eso de los asesinatos diarios, los secuestros, los robos, las drogas. Eso lo vemos y reconocemos. Pero de lo que no nos hemos dado igual cuenta es de la otra fuente de violencia y que no viene de los criminales, sino de quienes aspiran al poder, los políticos mismos y activistas.

Tenemos, por tanto, en este país una autoridad que descuida su función central y que dedica más fondos a satisfacer a grupos de presión que a mantener el orden y aplicar la ley. Y, peor aún, tenemos una autoridad formada por personas que también usan la violencia para buscar su provecho personal, la consecución del poder. Porque eso precisamente es lo que sucede en Oaxaca: no es un reclamo social, es una lucha por el poder.

Los ciudadanos estamos a dos fuegos. Por un lado, nos daña la actividad criminal. Por el otro, nos lastima la lucha por el poder entre la facciones políticas. Desde luego, cuando el gobierno contiene facciones que luchan entre sí por el poder usando amenazas y violencia, descuida sus funciones y permite un vacío de autoridad que es llenado por el crimen.

De por sí, aún sin luchas de poder, el gobierno mexicano erraba al ignorar la importancia de aplicar la ley… entonces ahora es peor, sus preocupaciones son exclusivamente las de llegar al poder.

Insisto, vea usted cómo las discusiones se centran en impedir o no la toma de posesión del presidente electo y similares. En eso se ocupan y a eso se dedican los partidos. Ésa es su prioridad y cómo ocupar calles, o bloquear ciudades, o unirse entre sí.

La situación criminal no ocupa su mente, ni les preocupa. México, por tanto está en una situación muy clara de gobierno: no existe, pues la ley no se aplica. Lo que llamamos gobierno es una serie de facciones en lucha por el poder.


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