Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hombres y Mujeres
Eduardo García Gaspar
18 enero 2006
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Quizá el punto de partida para una saludable conversación es la pregunta de si mujeres y hombres son iguales o no. Si somos capaces de no brincar de inmediato del nuestros asientos, quizá podamos llegar a conclusiones interesantes.

El tema es fascinante y lo sería más si pudiera ser siempre tratado con sosiego… porque demasiadas veces la vehemencia se convierte en obstáculo imposible que vuelve a las conversaciones peleas sin consecuencias positivas.

La primera reacción, supongo, es pensar que son diferentes. Hay notables diferencias entre ambos. Y no son diferencias superficiales. La naturaleza de ambos cuerpos es real y no es pequeña. Esa naturaleza, sin duda, tiene consecuencias más allá de lo biológico, llegando a establecer personalidades diferentes (por ejemplo, el hecho de llevar a los hijos dentro del cuerpo, me parece, debe producir efectos notables).

En este sentido, los deseos de igualación entre mujeres y hombres no tienen sentido. Y sin embargo, elevando el nivel de abstracción, debemos ver que ambos son lo mismo, eso que llamamos género humano.

Somos, mujeres y hombres, personas, de lo que podemos sacar una conclusión que me parece es aceptable: hay dos maneras de ser persona, la del hombre y la de la mujer. Y esto nos lleva a otra resolución que quizá pueda ser aceptada sin problemas: la de rechazar el extremo que entiende a ambos como absolutamente diferentes, y también abandonar el otro extremo, el de entender a los dos como enteramente iguales.

Somos iguales en un sentido, pero diferentes en otro. El asunto es más complicado que el propuesto por esos dos extremos. Siendo ambos personas, por ejemplo, somos idénticos en cuanto a los derechos y obligaciones que emanan de esa naturaleza: mujeres y hombres son igualmente dignos e igualmente valiosos. La concepción cristiana, por ejemplo, en el Génesis lo muestra claramente: ambos somos hijos de Dios.

Bajo la ley somos iguales también. Es una igualdad genérica, idéntica para los dos. Pero las cosas se complican con esas dos maneras de ser humanos, la femenina y la masculina. ¿Imponen distinciones esas dos maneras? Sin duda, pues de lo contrario no serían diferencias y habría una sola manera de ser humano… pero resulta que hay dos.

Hasta aquí podemos llegar a otra conclusión que parece obvia: esas diferencias de sexo existen y son reales, pero no pueden anular la idéntica naturaleza humana. Esto llevaría a tener acuerdos básicos en el sentido de que es igualmente reprobable matar, robar, lastimar, o defraudar a cualquiera de los dos.

No creo que exista gran problema en aceptar razonablemente lo anterior y adentrarnos ahora en más vericuetos. La esencia humana es idéntica, pero hay dos maneras de ser humano, la femenina y la masculina. Ninguna de ellas es superior a la otra y más aún, podemos aceptar que se trata de formas complementarias del ser humano. Esto es lógicamente atractivo y compatible con, por ejemplo, la concepción cristiana y la historia humana.

La familia tiene ese eje humano de complemento entre ambas formas del ser humano. Incluso podemos llegar a otra conclusión: si hay dos formas de ser humanos y si los extremos de hacerlas totalmente iguales o totalmente diferentes son desechadas, también podemos aceptar que la masculinización de la mujer o la feminización del hombre van en contra de la aceptación de dos maneras de ser humano. Y sobre esta base es que podemos entrar en las discusiones de hoy.

Se alega que ha existido discriminación contra la mujer, lo que es cierto, pero debe ser estudiado con más profundidad que lo usual. Una discriminación en contra de su esencia humana es sin duda real e inaceptable. Pero no es tan claro el asunto de una discriminación remediada por la masculinización de la mujer… que es donde las discusiones deberían darse y donde no creo que existan acuerdos fáciles.

¿Es por definición discriminatorio el que una mujer sea madre de familia si así lo decide ella? No lo creo. Y no lo creo porque tampoco lo sería la posición contraria, la de un hombre que acepte ser el responsable del manejo del hogar. Es decir, si introducimos la libertad de decisión, el asunto puede aclararse más. Y eso es lo que necesitamos, más orden en la conversación y menos vehemencia en las posiciones.

POST SCRIPTUM

Hay una interesante discusión al respecto, muy breve, en Ratzinger, Joseph (2005). DIOS Y EL MUNDO: UNA CONVERSACIÓN CON PETER SEEWALD. Barcelona. Debolsillo/Random House Mondadori. 8497938127. pp 77-79. Es un libro muy recomendable.

Las quejas y reclamos de discriminación femenina tienen validez esencial, pero pueden estar aquejadas de análisis inexactos y razonamientos débiles. Por ejemplo, los estudios de menores ingresos de mujeres versus hombres deben mantener constantes a variables como edad, estudios profesionales, años de experiencia, tipo de empresa, sector económico y similares, pues de lo contrario sería una comparación inválida. Y por otro lado, sería absurdo reclamar discriminación femenina por el hecho de tener equipos deportivos diferenciados por sexo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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