Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Socialistas y Liberales
Eduardo García Gaspar
25 octubre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fui puesto contra la pared. Un buen amigo me retó a responder con el menor número de palabras posibles cuál era en mi opinión la mejor política que podía adoptarse en un país. Habíamos estado hablando de esas cuestiones y él quiso llegar a un acuerdo final posible.

Mi respuesta fue sencilla, pues hace ya años había escrito yo un largo ensayo sobre el tema.

La mejor política posible es el principio de la fragmentación del poder para dar entrada a la libertad de las personas y aprovechar sus talentos. En el terreno del poder político, le dije a mi amigo, se trataba de romper el poder de los gobernantes para evitar sistemas totalitarios, por medio de lo que todos sabemos, las funciones legislativa, judicial y ejecutiva. Más elecciones y autonomías estatales.

En el lado del poder cultural, la fragmentación viene de las libertades de expresión, religión, manifestación, creencias, enseñanza y demás. Hasta aquí, me imagino, nadie está en desacuerdo, o casi nadie. Todos tenemos respeto por esas libertades. El asunto terminaría allí si no fuera por el terreno que no hemos tocado, el de la economía y que es en el que se dan los grandes desacuerdos. Grandes y fuertes.

Si todos o casi todos desean las libertades políticas y de expresión, la conclusión más lógica sería que también las mismas libertades se quisieran tener en el campo de la economía. Y por tanto, terminaríamos teniendo un sistema capitalista similar al de lugares como Hong Kong, Australia, Singapur y otros. Pero aquí no existe ese consenso: muchos desean las libertades políticas y de expresión, pero no quieren las libertades económicas.

Eso es lo que diferencia a los partidos políticos más que otra cosa. Ningún partido en su sano juicio propone limitar las libertades políticas, de expresión o de religión (aunque hay casos como Venezuela o Irán). Pero en el momento de hablar de la economía, entonces sí hay diferencias grandes. Por ejemplo, el PRD apoya la limitación de las libertades económicas, el PAN no llega a tal extremo, pero suele ser vago al respecto. Es la diferencia entre los socialistas y los liberales.

Al llegar a este punto, en la conversación con mi amigo, surgió otra de sus preguntas directas: ¿cuál es la mejor política económica? Si somos congruentes, le dije, la mejor política económica es la de mercados libres y competencia entre empresas privadas. Es poner a los particulares en una posición de riesgo personal de sus recursos por medio de sus empresas, las que pelean por la preferencia del consumidor.

Esto suele causar el rechazo de los socialistas, los que se inclinan por lo opuesto: mercados muy regulados, empresas estatales, fronteras controladas, regulación de precios y en general las cosas opuestas al mercado libre. El temor de los socialistas es justificado.

Le tienen recelo a la acumulación de poder económico y en eso son iguales a los liberales, quienes también vemos con sospecha al poder excesivo. Esta similitud entre liberales y socialistas no ha sido mencionada todo lo que pudiera serlo y lo merece. Es una coincidencia afortunada.

Si ambos bandos tenemos recelo del exceso del poder, ya hay un punto común de partida en la posibilidad de acuerdos entre todos y eso es bueno para casos como el de México en el que los partidos con diferentes inclinaciones suelen entercarse en sus posiciones. Por lo menos ahora pueden partir de la misma preocupación y comenzar a dialogar.

Y esto es lo que me ha permitido llegar al punto que bien creo que vale una segunda opinión: el establecer puentes de diálogo y comunes denominadores entre partidos con diferentes creencias. Se trata de evitar la suspensión de acuerdos, los enfrentamientos tercos, reconociendo al menos que lo que les preocupa a los dos es el abuso del poder que pueden hacer empresas, pero también gobiernos y otras instituciones.

El diálogo, por tanto, se concentraría en las mejores políticas específicas para evitar el exceso del poder y su eventual abuso. ¿Cómo hacer eso? Socialistas y liberales, me imagino, tienen respeto por Montesquieu y sus ideas políticas y este autor da una clave para ambos. El poder se combate usando al mismo poder como control, rompiéndolo en partes. La idea es prometedora y, lo mejor, puede ser el inicio de una conversación fructífera entre ambos. La necesitamos.


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1 comentario en “Socialistas y Liberales”
  1. angel Dijo:

    gracias por la ayuda





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