Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mentir Con la Igualdad
Eduardo García Gaspar
17 mayo 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


En la oficina de un amigo hay un cuadro con una leyenda: “Las mentes comunes se preocupan de las personas, las mentes promedio se preocupan de los eventos, las mentes altas se ocupan de las ideas que explican a las personas y los eventos”.

La dichosa frase tiene cierto sentido.

La recordé cuando estaba viendo la televisión. Era un programa de los de chismes de celebridades. Fue una pena. Estaba diseñado para personas cuya mente no daba para más allá de lo que cierto artista había dicho, del divorcio de otra celebridad y de la más reciente operación plástica de no sé quién. Posterior al programa uno tiene la sensación de saber menos que antes. Mi amigo dice que ésas son las mentes comunes.

Las mentes promedio, dice él, son las que están informadas básicamente por la televisión y los libros que son éxitos comerciales: saben de los sucesos políticos recientes, de los datos económicos reportados ayer, del último documental del Discovery o del History Channel. Tienen datos e información, pero les es difícil interpretarlos. Son las mentes promedio.

Las mentes altas son las que encuentran placer en el manejo de ideas que explican a los sucesos y a las personas. Son los sanos escépticos que leen, especialmente libros. Dice que estas personas son las que menos opiniones ofrecen, contrario a los dos grupos anteriores que son fuentes inagotables de opiniones. Las mentes altas ofrecen explicaciones, a veces buenas, de lo que sucede. Son de los que dependemos el resto y de cuyos logros vivimos.

Si lo que mi amigo dice tiene apariencia elitista es porque lo es. No todos somos iguales, suele decir. A lo que añade: “Nuestros derechos y obligaciones son iguales para todos, pero las capacidades que tenemos no son definitivamente iguales”. Cualquiera que haya sido profesor puede constatar esa realidad. No todos los alumnos son iguales en sus capacidades.

Para muchos, ésa es una opinión elitista que debe evitarse. No importa que sea real y que cualquiera puede atestiguarla, nos debemos abstener de hacerla. No hace mucho que leí algo que llamó mi atención.

Decía el escrito que la educación actual nos impide emitir juicios, que nos pide considerar por igual a, por ejemplo, todas las culturas, lo que colocaría al mismo nivel a los aztecas y a los griegos… aunque es obvio que los griegos tenían una cultura superior.

Para un patriota nacionalista mexicano esa aseveración puede llegar a ser vista como un insulto. Y es para evitar herir susceptibilidades que la educación actual coloca a los buenos modales por encima de la realidad. Ya no se trata de conocer, sino de quedar bien con el resto. Se prohibe, dado el énfasis en la diversidad y la tolerancia, emitir juicios. Es una lástima, porque son los juicios lo que nos permite avanzar.

Peor aún, por otra razón. Si se da por supuesto que todo es igualmente respetable, se sigue por necesidad lo que acontece: usted se entera hasta el cansancio de los hechos y decires de las celebridades del momento y de las modas intelectuales del instante, porque todas ellas son consideradas igualmente dignas de ser publicadas. Y al mismo tiempo se le niega validez a quien emite juicios diciendo que no todo es igual.

Tome usted el ejemplo más obvio, el de la educación. El clisé aceptado y popular es el de aceptar que todos tienen derecho a la educación. Es correcto y digno, pero cuando entramos al terreno de la educación superior ya no es tan claro ese clisé.

Si usted dice que no todos deben entrar a una universidad lo van a ver como un ogro lleno de prejuicios. Al contrario, le dirán, todos tienen el derecho a la educación superior, ignorando que no todos tienen la capacidad de realizar esos estudios.

Según mi amigo todo es una cuestión de balance entre libertad e igualdad, con los tiempos actuales poniendo demasiado énfasis en la igualdad. Si usted deja a la gente libre, necesariamente habrá desigualdades porque unos tendrán mejor desempeño que otros y no habrá manera de evitarlo. Si usted valora más a la igualdad, entonces dejará de tener el beneficio de los logros de los mejor dotados y eso lastimará a todos.

Nuestros tiempos son unos que se inclinan exageradamente por la igualdad, el respeto y la tolerancia. Y así confunden a la buena educación con la prohibición de juicios.

POST SCRIPTUM

La tesis de que dependemos de las contribuciones de los más dotados fue mencionada en una columna de Charles Murray en el WSJ (18 enero 2007, “Aztecs vs Greeks”) en la que se habla de:

In professions screened for IQ by educational requirements–medicine, engineering, law, the sciences and academia–the great majority of people must, by the nature of the selection process, have IQs over 120. Evidence about who enters occupations where the screening is not directly linked to IQ indicates that people with IQs of 120 or higher also occupy large proportions of positions in the upper reaches of corporate America and the senior ranks of government. People in the top 10% of intelligence produce most of the books and newspaper articles we read and the television programs and movies we watch. They are the people in the laboratories and at workstations who invent our new pharmaceuticals, computer chips, software and every other form of advanced technology. Combine these groups, and the top 10% of the intelligence distribution has a huge influence on whether our economy is vital or stagnant, our culture healthy or sick, our institutions secure or endangered.


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