Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Divorcio Es Más Fácil
Leonardo Girondella Mora
26 mayo 2008
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
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Es un tema de muchas conversaciones y también causa de preocupación —el divorcio, se dice, ha aumentado en proporciones enormes. Los comentarios son positivos ya que al menos aceptan que el divorcio es malo, que debía darse en menores números. No es que no se acepte al divorciado, pero sí es que no se desea que lo sea.

Los estudios al respecto suelen ser de tipo estadístico —toman a poblaciones casadas y a divorciadas, miden en ellas una serie de variables y llegan a la conclusión de que las diferencias pueden ser causas de mantener el matrimonio o de separación. Y así llegan a conclusiones que son más o menos conocidas.

Por ejemplo, si se es un católico practicante, las probabilidades de divorcio son menores —igual que el tener hijas y no hijos, el casarse en edades menos jóvenes, el no haber cohabitado antes del matrimonio y tener un trabajo estable. Algunos de esos “descubrimientos” tienen sentido práctico, otros sorprenden, pero en general creo que no mencionan el origen causal de los divorcios.

Por ejemplo, en los estudios se encuentra consistentemente que las personas con fuertes convicciones religiosas tienen una proporción pequeña de los divorcios —no creo que eso cause estupor: será perfectamente lógico entender que si las religiones tienen mandamientos que ven al matrimonio como un compromiso serio y reprueben el divorcio, quienes tengan esa religión sigan esos preceptos.

Tomo otro hallazgo de esos estudios —se dice que los divorcios son más frecuentes entre personas que han vivido juntas antes de casarse oficialmente. Tampoco creo que eso cause sorpresa, pues puede pensarse que quienes así actúan tienden a tener una opinión no muy alta del matrimonio. Por igual es posible imaginar que quien tiene un trabajo estable sufre menos problemas familiares que quien no goza de esa estabilidad —los problemas se llevan del trabajo a la casa.

Pueden hacer mil estudios más y encontrar más variables asociadas con los divorcios, que sin duda eso ayudará —pero también es posible que colabore a perder el sentido en un tema de tanta envergadura. Yo parto de otro punto, no tanto de los estudios, como de la mera aplicación de la lógica.

Si observo que los divorcios se elevan, eso me lleva a concluir que se trata de una acción voluntaria, tomada libremente por más personas —y el actuar así, sigo concluyendo, muestra que más personas piensan que vivirán mejor divorciadas que casadas. El divorcio para ellas es preferible al matrimonio. Y eso puede deberse a lo siguiente nada más:

• El matrimonio ha perdido valor con respecto a tiempo atrás.

• El divorcio ha ganado valor con respecto a tiempo atrás.

• O las dos cosas anteriores.

Es decir, explico el mayor número de divorcios como una pérdida del valor del matrimonio, una elevación del valor del divorcio, o las dos cosas al mismo tiempo —hablo de valor, de la apreciación que la persona tiene por el matrimonio y por el divorcio. Esto me lleva a terrenos que en parte muestran esas investigaciones, pero también más allá de eso.

Ahora se entiende mejor la razón por la que una persona religiosa tiende a mantener su matrimonio más que quien no lo es —lo hace porque tiene un alto valor del matrimonio y un bajo valor del divorcio. Sus creencias le hacen pensar así y actuar congruentemente con ellas. Pero esto lleva a un colofón más de fondo.

Si el matrimonio ha perdido valor en general y el divorcio lo ha ganado, me atrevo a concluir que la defensa del matrimonio ha sido mala y la defensa del divorcio ha sido buena. Quienes han defendido al matrimonio han hecho una mala tarea —y quienes han alabado al divorcio lo han hecho mejor.

Y eso se debe a que el divorcio es una opción más cómoda y fácil —salirse de un juego que no agrada es sencillo y quita problemas personales, no muy distinto a buscar un nuevo trabajo. Lo que digo es que la tendencia humana natural está más inclinada al divorcio que al matrimonio por siempre. Quienes “venden” el divorcio tienen una tarea más fácil que quienes tratan de convencer sobre el matrimonio.

A los humanos no gustan los problemas y gustan de ahorrase todo el trabajo que pueden —son seres a quienes con facilidad mueve la idea del placer y los aleja toda posibilidad de problemas. Ergo, el divorcio es bienvenido como una solución sencilla. Con esa naturaleza humana, sigo mi razonamiento, el matrimonio suele ser entendido de manera equivocada.

Cuando alguien se casa, le suelen decir, que va a ser feliz, muy feliz —y sinceramente lo será, pero no de la manera hedonista que suele entenderse y que consiste en alejarse de problemas y vivir en una utopia sin preocupaciones. Si alguien desea quitarse preocupaciones como meta de la vida, será mejor que se vaya a un monasterio de alguna religión que predique la renuncia al mundo.

El matrimonio ha sido mal explicado en lo general —yo no me caso para ser feliz: contraigo matrimonio para hacer feliz a mi esposa, una promesa que también aplica a ella. Y eso se intentará no en el vacío, sino en medio del mundo real que está lleno de defectos y complicaciones y que deberán enfrentarse juntos. Habrá momentos enormes de felicidad, pero también de infelicidad y eso es inevitable.

Concluyo con lo que ya debe ser obvio para el lector: si los divorcios se elevan ello tiene una causa central que es la elevación del egoísmo y sus correlativos —es decir, de la disminución de la capacidad de amar a otros.

Podrá decirse que una encuesta muestra que los divorcios son menos probables si la persona pertenece al Partido Republicano en los EEUU —si acaso alguien piensa que cambiando de un partido a otro evitará el divorcio se equivoca de cabo a rabo. El divorcio sí será mucho menos probable entre quienes aman y saben que amar no es una emoción caprichosa sino un acto de voluntad. El divorcio lo produce el egoísmo elevado que promueven los defensores de los divorcios sencillos.

Nota del Editor

Véase Chispa de Arranque, para profundizar en la idea de que el amor no es una emoción incontrolable, sino un acto voluntario.


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