Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia de la Repetición
Leonardo Girondella Mora
20 octubre 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
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Esta falacia es una de las más sencillas de comprender —se trata de la justificación de una conclusión cualquiera sustentada en su repetición frecuente y numerosa: ya que se oye en todas partes y todos la repiten, debe ser cierta. Su esencia es la de la repetición.

Un buen ejemplo de esta falacia es la argumentación utilizada en México para mantener al monopolio estatal petrolero en manos del gobierno —se repite una y otra vez que el petróleo es de los mexicanos y eso, durante años, ha creado una conclusión que se piensa es sólida. El error es notorio, pues la repetición de algo no puede ser tomado como una evidencia en su favor.

En su versión más pura, consiste en la repetición constante de una aseveración, la que sea, creyendo que al cabo del tiempo terminará por ser aceptada —si un candidato político hace del “cambio” un tema de su campaña, la repetición permitirá que sea creída por algunos sin mayor razonamiento adicional: ni siquiera tendrá que definir a qué cambio se refiere. Y puede llegar a tal punto en el que ya se considere inútil criticarlo.

En una versión más amplia, esta falacia puede verse en la aceptación de una conclusión por el simple hecho de que es la más repetida por la gente, que es el argumentum ad numeram: cuanta más gente lo cree y repite, más cierto es.

La falacia es sencilla de demostrar como falsa en terrenos de las ciencias —por mucho que alguien repita que la plata crece en los árboles de higo, nadie lo creerá; por muchos que crean que la tierra es plana, tampoco será creído, al menos en estos tiempos. Pero las dificultades surgen en terrenos considerados menos exactos.

Estos son terrenos de connotaciones dadas a palabras —por ejemplo, si la especulación es siempre rodeada de sentimientos negativos, la repetición de esas circunstancias tenderá a crear una actitud negativa de la palabra sin mayor análisis: quienes oigan hablar de especuladores serán seguras víctimas de esa repetición. Si cada vez que se dice capitalismo se añade el calificativo salvaje, sucederá lo mismo: la ad nauseam habrá logrado probar una conclusión.

Como en otros casos, esta falacia comete el error de introducir una justificación que es irrelevante para la conclusión —si se quiere concluir que dos más dos son cinco, la repetición de tal conclusión no resulta una prueba siquiera débil de su verdad. El mismo principio aplica a otras opiniones, por ejemplo, cuando se repite que el capitalismo explota a los trabajadores: si los explota o no, eso no puede probarse como cierto por su repetición.

Detrás del descubrimiento de la falacia de la repetición hay una actitud admirable de independencia personal que se revela a conformarse con las opiniones aceptadas sin mayor análisis —por ejemplo, la tremenda repetición de la tolerancia como la gran virtud es tomada por unos como prueba de la conclusión, pero que otros se nieguen a aceptar el argumento, es un buen síntoma de razonamiento independiente.


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