Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igual, en Diferente Escala
Eduardo García Gaspar
10 octubre 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Durante la semana, hubo una noticia minúscula. En Morelia dejaron de funcionar varios cientos de taxis. Protestaban porque el gobierno estatal había tolerado la existencia de taxis piratas, es decir, sin permiso especial del gobierno. Quieren tener el monopolio de ese servicio y lo piden al único que puede crear monopolios, el gobierno.

La pequeña noticia es proporcional a la importancia de otro evento al que los medios han dado mucha más difusión. Es lo mismo, pero en escalas diferentes. Se trata de maestros disidentes del sindicato nacional. Protestan en grande en contra de la Alianza por la Calidad de la Educación.  Se reportó que harían marchas en el DF, desde luego, más un plantón indefinido.

Entre otras cosas, protestan porque se les retirará la conquista laboral de poder heredar sus puestos y deberá ser evaluado su desempeño. Es lo mismo que lo de los taxistas en Morelia. Taxistas y maestros pretenden lograr que el gobierno ceda a sus peticiones. No es diferente a casos en los que empresarios piden algo que les conviene, como cerrar fronteras a competidores.

Las escalas son diferentes, las protestas de tamaño distinto, las peticiones variadas, pero la esencia es igual: un grupo, sindicato, asociación, lo que sea, se une y organiza para demandar algo que es de su beneficio y presiona al gobierno con amenazas para lograr el favor. Es un cabildeo violento que no admite negociación, sino concesión inmediata.

No es propiamente corporativismo. En el corporativismo, la concesión de favores es mutua: el gobierno cede a las peticiones y la entidad favorecida está obligada a devolver el favor con algo. Por ejemplo, un gobierno concede licencias de taxis a alguna organización y ésta se obliga a llamar a sus agremiados a hacer algo en el futuro cuando el gobernante lo pida, como ir a marchas de apoyo.

En este cabildeo violento de taxistas en Morelia y de maestros disidentes, no parece haber esta correspondencia favorable mutua. Quienes protestan lo hacen sin que se sientan comprometidos a dar nada a cambio. Sólo desean que sus peticiones sean concedidas y ya.

El problema de esta estructura de poder político es obvio. El gobierno se transforma en una entidad con poder suficiente como para dar concesiones sectoriales. Es como un repartidor de favores especiales a grupos organizados de presión, los que cuando mucho reconocen que es el poder de facto. En pocas palabras, ésta es la estructura política en México y muchas otras partes.

No sorprende, por tanto, que el gobierno falle en las funciones que son su razón de ser, como en labores de combate a la criminalidad. Está tan sujeto a presiones de grupos que se olvida del resto de responsabilidades que tiene. Peor aún, si acaso alguna de las protestas de esos grupos comete actos criminales, será imposible aplicar la ley. Por eso en México es más sencillo meter a la cárcel a un doctor que saca radiografías a un criminal, que imponer el orden en quienes impiden la circulación de personas.

La raíz de este problema es una filosófica, de manera de entender a la naturaleza humana. Cuando no se comprende la existencia de seres individuales y a la sociedad se le entiende como formada por sectores en conflicto permanente, lo único que tiene sentido es un gobierno encargado de repartir concesiones y favores. Y esto crea grupos de pedigüeños que se organizan con el incentivo de lograr su beneficio.

Sería muy diferente la labor de un gobierno que tiene la visión, no de grupos ni clases, sino de personas a las que nada tiene que repartir, sino sólo proteger en sus personas y sus bienes. Creo que fue Lázaro Cárdenas quien introdujo esta distorsión en la política mexicana, con sus sectores que eran parte de un partido político único.

Desmantelar esta terrible equivocación tiene dos problemas serios. Por un lado, será un trabajo de tiempo el cambiar la visión sectorial a una personal. Por otro, los grupos organizados presentarán una resistencia violenta ante cualquier amenaza que toque sus bolsillos, como los taxis y los maestros.

El tema bien vale una segunda opinión para poder comprender lo que está detrás de noticias que en apariencia son diferentes, pero que tienen una misma cepa, la de un gobierno mal plantado de origen.

Post Scriptum

La concepción de un gobierno como repartidor de beneficios, que es la esencia de la mentalidad cardenista que el PRI implantó, es una modalidad de los regímenes sustentados en la acumulación del poder en el gobierno. Acumular poder y recursos es la única manera en la que un gobierno puede convertirse en repartidor; con recursos limitados, sería imposible.

Esta modalidad es muy similar a la de las monarquías ilustradas y que se sustentaban en la idea de ser los gobernantes los únicos capaces, por lo que debían tener el poder para decidir ellos el destino de sus gobernados. Repartir concesiones y favores implica la suposición de saber a quién dar y a quién no, lo que crea un incentivo perverso a la sumisión y la corrupción.

Esta visión del gobierno cuya labor central es la de repartir es la misma que sostiene el intervencionismo estatal: para intervenir debe suponerse, por necesidad lógica, que el gobierno sabe más que los ciudadanos. Esta es la razón del choque brutal entre el intervencionismo y el liberalismo que cree que las personas saben más de sus asuntos que los gobernantes.

El choque entre estas mentalidades se percibe claramente en la crisis financiera actual. Para unos, el culpable es la libertad excesiva; para otros es la falta de libertad. Sergio Sarmiento escribió el 8 de octubre 2008 (Grupo Reforma) algo valioso:

La verdad es que la crisis surge no de una falta de regulación, sino de una política monetaria y fiscal excesivamente laxa en Estados Unidos. Toda burbuja en la historia ha sido producto de un exceso de crédito o de consumo. La actual, expresada en hipotecas y bolsas, fue promovida por una política monetaria excesivamente laxa de la Reserva Federal …] durante los años en que Alan Greenspan encabezó la institución y que no se ha moderado en los años de Ben Bernanke. La política monetaria de la Reserva Federal creó una tasa de interés negativa durante un periodo demasiado prolongado[…] Toda crisis lleva dentro de sí las semillas de una recuperación… siempre y cuando los gobiernos no intervengan y compliquen el problema. No hay dinero gubernamental que pueda detener un desplome financiero como el que estamos viviendo hoy. Hay que dejar que los mercados caigan hasta donde deben hacerlo y se recuperen por sí mismos.

La política intervencionista de fijar la tasa de interés con la idea de que eso es bueno para estimular a la economía necesariamente supone que Greenspan y su gente saben más que el resto. No es cierto. Rothbard tenía la razón.

Un buen ejemplo del cabildeo violento es la siguiente noticia (Grupo Reforma, 12 octubre 2008):

La presidenta nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo [durante el] 26 Consejo Nacional Extraordinario del SNTE en la que demandó que el Gobierno amplíe el presupuesto para educación en 5 mil millones de pesos y amenazando con movilizaciones si no se cumple su petición, la dirigente dio muestras de su “generosidad” hacia los 59 líderes seccionales al regalarles un exclusivo Hummer 2009 modelo H3 a cada uno.


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