El pueblo, ¿qué es? definición de un término colectivo vago y resbaladizo. De mucho provecho en la retórica populista.

¿Qué es realmente?

Es un asunto de definición. Un problema de significado. Una dificultad de imprecisión e indefinición.

Es un vocablo que puede acomodarse a cualquier definición, la que más convenga a la persona que lo emplea.

Pueblo y democracia

Es una palabra que es determinante en una democracia.

Definiendo a la democracia como el sistema que coloca la soberanía en la gente y propone que el gobierno obedezca el mandato de ella, el concepto es inevitable.

La soberanía radica en el pueblo, se dice. O bien, se habla de la voluntad del pueblo.

El problema, por supuesto, es que nadie sabe bien a bien quién y qué es. A lo máximo que llega la democracia es a medir las preferencias populares mediante las elecciones.

El pueblo, aclaraciones

En su intención original, suponía que designaba a las personas que tenían la capacidad de votar en asuntos públicos, un real privilegio.

Eran los tiempos, por ejemplo, en los que solo votaban hombres, de cierta edad y propietarios de tierras. El supuesto de esta limitación era uno de preparación y conocimiento.

Los votantes fueron ampliándose para incluir a no propietarios, a mujeres e incluso a jóvenes muy jóvenes. Se trataba de ser incluyente y de respetar eso de la representatividad.

El efecto neto del aumento del número de votantes, su definición fue ante todo ese, una cantidad de personas mucho mayor.

Pero no solo eso. Es obvio que aumentó la variedad de opiniones y se redujo la calidad del votante (educación formal, conocimiento, experiencia).

El pueblo es ahora una entidad más compleja, diversa y no necesariamente más preparada para ejercer un voto pensado y meditado (seguramente lo opuesto).

Ahora un segmento mayoritario especial

Hubo otra complicación en este proceso, la introducción de una connotación particular que cambió su significado en algunas partes. Bajo esta perspectiva, se volvió una noción selectiva.

No todas las personas son pueblo, sino solamente unas, las que están en los ingresos más bajos, los menos educados, los miserables y pobres.

Esta reducción de la idea es notable, por ejemplo, en México, donde ser pueblo es más o menos igual a ser pobre, poco educado, «vulnerable» en el idioma político de moda.

No puede ya ser pueblo, el de clase media, el educado, mucho menos el de ingresos altos, el propietario.

Un cambio importante

El giro es de unos 180 grados. Antes era definido como votante, estaba formado por los preparados, propietarios, con ingresos altos. Y, en general, se refería a todos sin excepción.

Ahora el es entendido como lo opuesto, el pobre, con ingresos bajos, de baja educación. El profesionista exitoso ya no puede ser pueblo, ni el empresario, ni el ejecutivo firmas comerciales.

Cierto que todos votan, o pueden hacerlo, pero esta nueva connotación ha cambiado a la democracia. Y ha dado entrada al populismo.

«La voluntad del pueblo»

Si se pensaba que el gobierno, antes, obedecía el mandato del pueblo mediante el mecanismo del voto, ahora la cosa cambia.

La democracia es el gobierno que se asigna la función de hacer la voluntad del pueblo, en ese sentido reducido, y eso significa protegerlo, cuidarlo, cobijarlo de males sin fin.

Visto de manera simple. La democracia popular es un gobierno que tiene como función gobernar en su beneficio definido como los desprotegidos y vulnerables, no del resto.

A los demás se ignora, o incluso se sacrifica en bien del pueblo redefinido.

De ser un sistema de gobierno universal, que considera y gobierna para todos, el nuevo gobierno popular gobierna para unos solamente. Para los definidos como tal y a quienes busca proteger de toda posible necesidad.

El gobierno democrático se volvió una agencia de trabajadores sociales, no de gobernantes en el sentido original.

Democracia redefinida

La democracia, entonces, no tiene ya esa naturaleza realmente universal, la de ser un gobierno para todos.

La democracia ahora es mucho más un gobierno que vende protección al segmento de votantes mayoritarias, al que llama pueblo.

Y deja de considerar que también existen otras personas. A ellas, en el mejor de los casos las olvida. En el peor, las sacrifica buscando medios para financiar los privilegios con los que persuade al pueblo de votar a su favor.

Democracia. Antes, doctrina favorable a la intervención del pueblo en el Gobierno. Ahora, doctrina política favorable a la intervención del Gobierno en el pueblo“.  Diccionario Políticamente Incorrecto de Carlos Rodríguez Braun, citado en rolvlog.blogspot.mx

El clisé, mito y recurso retórico

Es un clisé, de los más grandes. Tanto que es un mito que fascina a los que tienen el vicio de usar como sujetos de frases al «pueblo».

Un libro lo expone muy bien. Inicia hablando de la Revolución Mexicana,

«hubo una vez un momento en que ‘el pueblo’ de México cobró conciencia de sí mismo y de la condición intolerable en que vivía, y tomó las armas masivamente contra sus opresores».

Es fascinante el uso del vocablo como un sujeto individualizado que actúa al unísono.

Significaría el improbable hecho de que en esos tiempos, con 15 millones de habitantes, todos hubieran pensado lo mismo, al mismo tiempo y llegando a las mismas conclusiones.

Después de que el pueblo cobró conciencia de sí mismo, de su condición insoportable y de tomar las armas en una lucha, al

«margen de las incidentales rencillas de sus caudillos; ‘el pueblo’ triunfó y se dio a sí mismo una Constitución admirable, justa, casi perfecta».

De nuevo ese sujeto mítico que ahora triunfa y no solo eso. También se otorga una ley suprema de excelencia. Pero, siempre hay un pero…

luego llegaron unos malos gobernantes y la traicionaron”.

El elemento es obligado y establece al villano que lastima al pueblo. No se detiene allí, el villano enfrenta a un héroe,

«gracias a Dios llegó un general bueno (Lázaro Cárdenas) que la cumplió, pero otros malos gobernantes volvieron a traicionarla».

Pero la victoria fue temporal, la Revolución

«sigue, traicionada, en espera de que un nuevo líder la reivindique, o la violencia justiciera resurja, como en 1910».

Un mito

Los cinco entrecomillados anteriores son de Krauze, E. (2010). De Héroes y Mitos. Mexico D.F.: Tusquets Editores, p. 29.

Los usuarios del término pueblo-mito son los gobernantes mismos, especialmente aquellos que lo toman como bandera que guía sus actos.

Todo lo que hacen es por él y para él, dicen en sus discursos. Los sufridos, humildes, pobres, que, piensan, sólo ellos entienden y, por tanto, pueden representar.

Igualmente, son usuarios del sujeto pueblo-mito, quienes en la academia explican así la historia nacional y universal. «El pueblo francés tuvo conciencia de su estado… Hidalgo tomó para sí los reclamos del pueblo… el pueblo venezolano pide una nueva revolución».

Figura del lenguaje

Es un error de uso del idioma, en realidad. El nombre técnico es sinécdoque y uno de sus tipos en el tipo de frases en el que el todo representa una parte.

Como cuando alguien dice, “China vendió textiles a México” y en realidad significa que algunos chinos vendieron telas a algunos mexicanos.

El problema surge por una confusión mental, muy similar a la que se comete cuando se dice que «la sociedad se dio a sí misma leyes justas».

Es físicamente imposible, pero se acepta como un modo de hablar. El problema es creer que es real esa figura del lenguaje.

Por ejemplo, existen buenas evidencias en el sentido de que la Revolución Mexicana fue considerada por la mayoría de las personas como una calamidad y un desastre que alteró sus vidas con robos, matanzas y violaciones.

En realidad, nunca hubo eso de un pueblo que tomó conciencia de sí mismo y de sus condiciones. Casi cualquier libro de historia lo demuestra.

Post Scriptum

Existe más material sobre el tema general en ContraPeso.info: Clisés, donde quizá sea de interés Las Culpas Colectivas.