Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernantes Confundidos
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los gobiernos, en serio, actúan como aquel que piensa que para hacer llover lo que se necesita es que la gente lleve paraguas. Piense usted en la lógica del balcón de la burocracia. El gobernante asoma a la ventana y ve que cuando llueve la gente se cubre con paraguas. Su hallazgo le parece interesante y piensa en él.

Tiempo después, su país enfrenta una sequía y para solucionarla, el gobernante emite una ley que obliga a los ciudadanos a llevar siempre por la calle un paraguas. La confusión es explicable: no entendió ni la causa ni el efecto. Obviamente su ley no dará resultado, pero si acaso se tiene una pequeña llovizna, nadie será capaz de convencerle de aceptar su error y creerá que hacen falta más paraguas.

No sé la razón, pero la confusión entre causas y efectos es común en quienes ven la realidad desde la ventana de una oficina de gobierno. Un gran ejemplo es el error que cometen muchos y que fue uno de los rasgos de la Gran Depresión.

Es la creencia de que los salarios altos, decretados por ley, son de beneficio económico. Lo que los gobernantes ven desde su ventana es un par de cosas. Ven que la gente tiene más ingresos y que eso les hace vivir mejor. Así, ligan entre sí a una bonanza económica con ingresos crecientes y en su mente se plantean la opción: si obligo a elevar los salarios entonces tendremos más prosperidad.

Durante la Gran Depresión, esa confusión fue tomada en serio. No sólo los gobernantes estaban convencidos de que era cierta. También muchos empresarios y, por supuesto, los sindicatos. Además, alguien les dio una teoría: con ingresos más altos, la gente comprará más y eso elevará la demanda y se tendrá gran prosperidad.

Cierto que para creer eso se necesita ser un tanto ingenuo, o bien sucumbir a la presión de la opinión mayoritaria, pero basta con pensar un poco para ver la confusión. Es parecida a la de los paraguas y lo que hace es confundir causas con efectos. Es este caso es la bonanza económica la que produce los ingresos más altos y no al revés.

Pero sucede algo que no agrada al gobernante. Si el crecimiento económico eleva ingresos, entonces lo opuesto es también cierto: un decrecimiento económico los reduce. No hay manera de salir de esa consecuencia. Las proporciones varían, pero el principio se mantiene en los dos sentidos y es entonces que pasa algo interesante.

Si el gobernante mantiene su idea de que los ingresos son los que producen en crecimiento económico, va a hacer algo terrible. Va a hacer todo lo que esté a su disposición para impedir que en una recesión bajen los salarios (como lo hizo López Portillo en 1982, con aumentos legales). Con la lógica al revés, las consecuencias de esa decisión son nefastas: se producirá intencionalmente desempleo.

En una depresión o recesión, la causa de la elevación de los ingresos produce el efecto contrario, la reducción de ellos. Si se mantienen altos, por el medio que sea, se produce una cantidad demandada de trabajo menor a la posible en caso de que los ingresos bajaran. No es un panorama agradable, pero es la realidad.

En este momento suele haber rasgaduras de vestimentas, lamentaciones de insensibilidad y reclamos de falta de humanismo. Con todo y eso, la realidad se impondrá: en una crisis como la actual, si se manipulan a la alza los salarios, se creará desempleo, que es lo que sucedió en la Gran Depresión. Y sucederá ahora si lo mismo se hace.

Es muy lamentable que suceda, pero no hay remedio y el error de origen está en esa confusión entre causa y efecto. Si acaso se viera correctamente la dirección causal, el gobernante actuaría de otra manera muy diferente, preocupándose de lo que es causa de la bonanza económica y no de su efecto en mayores ingresos.

La buena noticia es que se sabe de sobra qué es lo que causa un crecimiento sólido de la economía. Se llama creación de capital (en su sentido más amplio) y para lograrlo, se necesita un estado de derecho. Con la productividad subiendo, los ingresos también lo harán.

Todo lo que he querido señalar es un error básico de origen de una mala situación económica en cualquier lugar y que es esa confusión entre causa y efecto. No es algo ideológico, ni depende de creencias políticas. Es una realidad demostrable en teoría y en la práctica.

Post Scriptum

Insisto en un punto que me parece vital y que contribuye a mantener la confusión entre causa y efecto en el caso de los salarios, especialmente los mínimos. La mejor manera de mostrarlo es reseñar con brevedad un suceso personal.

Cuando expresé en una ocasión que parte de la solución de una recesión económica es mantener flexibles los salarios, dejando que fluctúen y se reduzcan, dos personas reaccionaron notablemente. Una de ellas me lanzó una serie de epítetos que no podría reproducir aquí, pero que me calificaban de uno de los más insensibles seres humanos que han existido, más el consabido “fascista”; contra eso, nada puedo hacer, pues no argumenta, nada más insulta.

La otra persona, mucho más mesurada, argumentó en contra, con razonamientos más políticos que económicos. Su principal defensa estuvo basada en la necesidad de que el gobierno mantuviera los ingresos de las personas en el nivel anterior por los medios que fuesen. Nunca pude hacerme comprender: no son razonamientos políticos, sino económicos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



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  1. Ana Victoria H. Dijo:

    Muy buen artículo!





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