Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Premio al Esfuerzo
Eduardo García Gaspar
7 abril 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tengo la fuerte impresión de que a quien tiene gente bajo su mando le sucede algo similar a lo que les acontece a los profesores de adolescentes. Me refiero a la distinción entre esfuerzo y resultados. Lo explico con una historia personal.

Durante los años que di clases en una universidad, al devolver trabajos corregidos con bajas calificaciones, los alumnos protestaban con un alegato muy particular. Uno de los casos lo ejemplifica muy bien. Un alumno había presentado un trabajo realmente malo: mal escrito, con un mal análisis y con un tema ajeno a lo solicitado. Le di una calificación de reprobado.

Fue a verme a protestar tal calificación, afirmando sin duda alguna en su mente que merecía una calificación mucho mayor, de un 90 sobre 100 al menos. La justificación de tal reclamo fue el esfuerzo que había hecho para hacer el trabajo. Igual que otros alumnos, él creía que el esfuerzo se calificaba y le hacía merecedor de una calificación alta.

Es, en resumen, un problema, el de no distinguir entre esfuerzo y resultados. No es que se menosprecie el esfuerzo, pero eso no es lo que se califica. Se califica, como en el mundo real, por los resultados. Además de presentar una dificultad enorme para ser calificado, el esfuerzo debe ser considerado una constante en todos los alumnos.

Es posible que esa reacción del alumno para calificar su esfuerzo haya sido fomentada por el mismo sistema educativo que le ha envuelto en una maraña de derechos y reclamos que se le ha dicho que tiene. Y, más o menos lo mismo, va para el caso de empleados que alegan la misma excusa, la de poner gran esfuerzo, pero tener malos resultados.

En México, por ejemplo, hay una regla ética laboral que todo empleado conoce: es la de tener derecho a tres meses de sueldo y veinte días por año en caso de despido (hasta allí llega la ética laboral en el país). Se le ve como un derecho moral más que parte de una ley y muestra esa misma mentalidad, la de reclamar derechos sin contrapartidas.

Vuelvo al caso de los alumnos. Las universidades son negocios curiosos: el cliente paga por aprender, pero lograr que lo haga significará en varias ocasiones hacerle la vida difícil al alumno, exigirle, llamarle la atención, hacerlo trabajar y calificarlo sobre las bases más reales posibles. No hacer eso es engañarlo, igual que se engañaría a un consumidor que compra un producto de mala calidad.

En una empresa, si no se le da al empleado una retroalimentación válida y realista sobre su desempeño, también se le estará engañando: se le hará creer que tiene capacidades y habilidades que en realidad no posee. Y esto es otro fraude.

Este fraude puede en buena parte surgir del error de dar al esfuerzo una valoración mayor a la que merece. El esfuerzo es una variable de la calificación del alumno, pero una que no puede sino alterar levemente su calificación. Para un profesor es muy difícil conocer el esfuerzo realizado que está muy sujeto a ser exagerado por parte del estudiante. Es mejor colocar todo el énfasis en los resultados.

Obviamente, hay profesores que estarán en contra de lo que digo, que premiarán el esfuerzo por encima de los resultados del alumno. A ellos los mueven buenas intenciones, pero también creo, las ganas de evitar discusiones con alumnos. Ellos llegan a ser verdaderamente molestos e irracionales cuando discuten sus calificaciones. Subir calificaciones por esfuerzo es buena manera de quitarse este problema.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar el peligro que existe. Es el peligro de hacer de las universidades un mundo desapegado de la realidad, como una fantasía en la que cualquiera obtiene el título. Y eso es un fraude, es dar una credencial a quien no la merece, a quien dañará a otros y a sí mismo.

Las universidades son instituciones elitistas en las que debe predominar y ganar el mérito personal, el uso de la razón y los resultados. El esfuerzo es una constante que nunca debe ser el principal criterio de evaluación. Darle al alumno una vida placentera desconectada del mundo es un error garrafal.

Y, por lo menos en mi experiencia de profesor, una de las más difíciles de las situaciones fue la de darme cuenta de que alguno de los alumnos simplemente no tiene el cerebro que se requiere para tener un título universitario. Es una situación cruel de la que uno puede evadirse convenciéndose de que calificar el esfuerzo es una buena opción.

Post Scriptum

Recuerdo una ocasión en la que un alumno que había sacado una calificación ínfima en uno de los trabajo parciales del semestre, fue a verme. Alegó que su trabajo merecía una calificación mayor, mucho mayor. Su comportamiento era altanero al principio, luego fue cambiando a un actitud que solicitaba misericordia y caridad. La situación fue realmente molesta y me costó trabajo no modificar su calificación. Al final creo que él entendió que poner otra calificación era igual a mentir y que yo no podía aceptar la propuesta que me hacía, la de decir una mentira.


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No hay comentarios en “Premio al Esfuerzo”
  1. gardoben Dijo:

    Soy alumno de una de las mejores universidades de México y quiero decirles que en el semestre que curso existen alumnos que sorprende que hayan podido llegar hasta aquí, pues no tienen capacidad y creo que eso se debe a que los profesores los aprueban por quitarse de encima la pena de reprobarlos. Esos alumnos hacen que las clases tengan menos calidad.





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