Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación “Tolerante”
Eduardo García Gaspar
30 abril 2010
Sección: DERECHOS, FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
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Uno de los más grandes peligros de la educación que se da en escuelas públicas y privadas es la propagación de ideas políticamente correctas en ese momento. Una instancia muy clara de esto es la exaltación de la idea de tolerancia como suele hacerse en libro de texto en México. No es que esa noción sea mala, sino que se enseña incorrectamente.

O mejor dicho, se enseña de una manera políticamente correcta: sin analizarla en su significado y consecuencias, para colocarla como un dogma que debe ser creído al pie de la letra. Se enseña dentro de una falacia, la de la disyuntiva falsa. Si usted no es tolerante, usted es un intolerante… y no hay punto medio, ni posibilidad de razonar.

Tome usted, por ejemplo, una aplicación de la tolerancia. La de que las personas religiosas son por definición intolerantes. No exagero. En varias columnas de opinión se supone esa idea: si cualquiera se atreve a opinar en contra de, por ejemplo, el aborto, en automático se le acusa de religioso intolerante.

El tema merece una segunda opinión, pero sobre todo, un examen más pausado y frío. Creo que antes que nada deben ponerse sobre la mesa las premisas que se usan para opinar que lo mejor que puede suceder es quitarnos de encima las creencias religiosas como condición para ser realmente tolerantes. Concluir eso parte de varias premisas que a todos conviene examinar.

Primera: la premisa de que la tolerancia lo resuelve todo y es lo mejor que nos puede pasar. No necesariamente. La tolerancia, por definición, implica la existencia de cosas con las que no estamos de acuerdo y frente a las que no hacemos nada para evitarlas. Es decir, implica un juicio de actuar o no y por eso, de pensar en las consecuencias de nuestras acciones.

En un extremo de tolerancia, usted tendría que haber permanecido pasivo frente a las matanzas en el régimen nazi. Obviamente no es igual la pasividad frente a ese genocidio que frente a la existencia de un templo de otra religión en su barrio. En un caso conviene la acción en contra de lo que se piensa indebido, pero en el otro no.

Segunda: la premisa de que toda religión es intolerante. No necesariamente. No todas las religiones quieren imponerse sobre el resto por la fuerza. Muchas de ellas, sin embargo, realizan labores de convencimiento, que son en general llamadas misiones de evangelización. Tratar de convencer a otros no puede ser intolerancia, es una acción humana continua y que realiza también el que trata de persuadirnos sobre las bondades de la tolerancia.

Tercera: la premisa de que aceptar cualquier precepto religioso es igual a ser intolerante. No necesariamente. Muchos preceptos religiosos son aplicados sin siquiera cuestionarlos. Por ejemplo, en los Diez Mandamientos se prohibe asesinar a otro ser humano. No creo que nadie piense que esto es una imposición religiosa del Cristianismo, ni que sea un síntoma de intolerancia.

Si alguien cree que todo principio religioso es una imposición intolerante, se enfrentaría al problema de tener que aceptar el robo como algo legal ya que el robo está prohibido en los Diez Mandamientos. Sería un absurdo.

Cuarta: la premisa de que todas las cosas son iguales, de que valen lo mismo y que merecen el mismo respeto. No necesariamente. La tolerancia argumenta que ella es superior a la intolerancia, es decir, niega lo que ella predica. Sí hay cosas que son mejores que otras. Si se tolera la pornografía porque no hacerlo alteraría la libertad de expresión, eso no significa que la pornografía valga lo mismo que El Quijote, ni que un libro de Aristóteles.

Es decir, la tolerancia tiene un disfraz de neutralidad y objetividad, pero no lo es. Ella hace juicios de valor que le convienen, pero pide a otros que suspendan los juicios que no le convienen. Peor aún, obstaculiza el uso de la razón para diferenciar entre lo que en verdad no debe ser tolerado y lo que sí.

Mi punto al examinar estas consideraciones es mostrar la debilidad de un concepto que merece mejor tratamiento. La tolerancia sí puede ser examinada, criticada y afinada para convertirla en algo bueno. No en un concepto impuesto bajo la creencia de que es incuestionable y debe ser aceptado por todos sin limitaciones ni condiciones. Dios no dio el poder de la razón. No usarlo es contrario a nuestra naturaleza.

Post Scriptum

Creo que merece anotarse una idea adicional que sirve para tener una mucho mejor definición de tolerancia. La tolerancia tiene dos elementos pocas veces reconocidos:

• Enfrentar una situación con la que no se está de acuerdo y que contradice creencias propias.

• Soportar esa situación sin tomar acción contra ella, es decir, dejar que exista.

La clave de la tolerancia bien entendida es, por tanto, una decisión de actuar o no actuar en contra de esa situación a la que se considera opuesta a creencias. Tolerar, en otras palabras, no es permanecer pasivo, sino tomar una decisión de acción o no acción. Y el criterio seguido para tomar esa decisión es uno de prudencia, que es el elemento perdido en los libros de texto por causa de la corrección política.

La prudencia es una virtud que permite prever y valorar las consecuencias de las acciones. Esto puede ejemplificarse en un caso concreto: un templo de la religión A se establece en un barrio donde domina la religión B. Oponerse o no a ese templo de otra religión es una decisión basada en la prudencia. Si se opone a ese nuevo templo, debe preverse al menos una consecuencia lógica: la de aceptar que se prohiban las misiones de la religión B donde otra religiones sean las dominantes. Si se tolera ese nuevo templo, habrá otras consecuencias, como la adhesión a la religión A de personas que antes profesaban la religión B.

El examen de consecuencias ayudará a tomar la decisión de actuar o no, de tolerar o no.


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