Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Burro Indiferente
Eduardo García Gaspar
2 febrero 2010
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


En la narración que recuerdo, dos reinos se encontraban en guerra peleando por el dominio de uno sobre otro. Esto tenía atemorizada a la población de ambas partes. Sus pobladores vivían en constante temor, pues no había semana en la que no vieran tropas enemigas marchar por sus tierras.

Un cierto día, en una pequeña pradera, cerca de un bosque, el leñador de palacio cargaba los costales de su burro. Con la leña recolectada podría hacer buenos fuegos en el palacio y calentar las habitaciones reales. Estaba la carga casi lista cuando el leñador escuchó el ruido que más temía, el de las tropas enemigas que se acercaban.

De inmediato terminó de cargar la leña y trató de apresurar el caminar del burro, el que marchaba ahora más lento que de costumbre. Por más que lo jalaba del hocico y lo golpeaba en la cola, el burro se negaba a caminar con más prisa. Fue entonces que el leñador decidió usar su retórica.

Se puso frente al burro y con gran seriedad le explicó las razones por las que debería apresurarse. El burro, se cuenta, lo escuchó con gran atención. Terminada la exposición de las razones del leñador, fue ahora turno de hablar del burro.

Lo que dijo fue más o menos lo siguiente: “¿Por qué debo apresurar el paso con carga tan pesada? ¿Por qué debo temer a quienes ya están a la vista? ¿Qué harán ellos conmigo? Bajo tu dominio llevo leña al palacio de un rey y bajo el dominio del otro rey harán lo mismo conmigo. No tengo nada que ganar ni que perder con uno ni con otro”.

Esopo, que es quien cuenta esta fábula, hace explícita una moraleja: un cambio de amo no significa nada para la gente. Ellos permanecerán iguales bajo las órdenes de uno que de otro. No tiene para ellos ningún caso realizar nada extraordinario.

La historia tiene más sentido del que se le suele dar. En una primera impresión, se puede ver el panorama de los gobernantes y los gobernados, dos clases separadas y que forman una situación en la que el gobernado crea indiferencia: le da lo mismo quién gobierne. Llevado a tiempos democráticos el cuento narra una historia parecida.

Ya no hay una guerra con tropas que marchan unas contra otras. Ahora existen campañas electorales, que son guerras de otro tipo, pero guerras al fin. El ciudadano las presencia y muchos de ellos logran desarrollar tanta apatía que se considera bueno cuando vota la mitad. Es despego, desdén incluso y hasta fastidio. ¿Qué más da quién gane?

Pero en un segundo examen, la reacción del burro tiene un interés adicional. Le da lo mismo quién gobierne. El se distancia del gobernante, al que ve con desgano y desinterés. Y esa actitud tiene una consecuencia que es la importante: le provoca una decisión muy lógica, la de no hacer nada extraordinario.

No camina de prisa, simplemente camina con lentitud. No tiene ninguna lógica el hacer más, ni el pensar más. Es una decisión absolutamente racional dentro de esa mentalidad de fastidio y desdén. La historia es curiosa más por esta reacción que por las palabras del burro. Si se vive dentro de un sistema en el que quien cuenta es sólo el que gobierna, el resto sale sobrando.

Un cambio de amo nada significa para el burro. Igual que nada significa para un empleado el cambio de propietario de una empresa si él piensa que todo lo que se espera es seguir haciendo lo mismo cumpliendo órdenes. ¿Para qué trabajar de más? Esto es muy claro, me parece, en la burocracia también.

Pero, lo peor, puede darse también en los gobiernos. Imagine usted la mentalidad que posee un venezolano o un cubano. Pensará que da lo mismo quien gobierne de la misma manera, pues eso será sólo un cambio allá arriba que a él lo dejará exactamente igual. Y reaccionará con esa displicencia y apatía.

El asunto es importante porque la vitalidad de los países no está en sus gobiernos, sino en sus habitantes y sus iniciativas. Son los pobladores quienes crean riqueza y prosperidad, no los gobiernos. Por eso es que los grandes gobiernos que quieren dominar a sus ciudadanos son la más grande plaga que puede azotar a una nación.

Al anular las nociones de trabajo, de esfuerzo, de iniciativa, crean sociedades pasivas con ciudadanos sin aspiraciones y que sólo aplican sus talentos a la cruel tarea de manifestar su indiferencia en loas a quien sea que sea su amo en ese momento.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras