Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Silla de Villa
Eduardo García Gaspar
1 junio 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La noticia fue de escasa importancia. Sin embargo, resulta útil para mostrar una libertad fundamental de los humanos. Fue reportado que una silla de montar, que perteneció a Pancho Villa, ha sido puesta en venta (Grupo Reforma, 29 de mayo).

La silla pasó a ser propiedad de la viuda de Villa y ésta la regaló a un director de cine estadounidense. La propiedad pasó por diversas manos hasta que llegó a alguien que la ha puesto en subasta. Le digo, nada extraordinario, ni fuera de lo común. Es igual al caso de que yo vendiera mi colección de discos de Mozart.

Lo interesante surge cuando se escucha un comentario, el que dice que la silla del personaje pertenece a México y los mexicanos, y que no puede ser propiedad de nadie. Que ella debe ser devuelta al país y colocada en algún museo de historia. Es un clisé, bastante común, y que es sumamente interesante de examinar.

Puede examinarse cronológicamente. La silla de montar, según se reportó, fue mandada hacer por el mismo Villa. Algún artesano la hizo e intercambió la silla por una cantidad de dinero, que hizo a Villa el propietario legítimo (si es que efectivamente le pagó). La propiedad de Villa fue heredada a la viuda. Tampoco hay nada anormal aquí.

Y la viuda, por el motivo que sea, hizo lo que quiso con esa propiedad suya. En este caso, la regaló a alguien. Nada anormal tampoco. Es perfectamente legal y no se ha violado ningún principio ético.  El director de cine que la recibió y la dejó como herencia a una persona, la que ahora la está subastando.

En ninguna parte de ese proceso se advierte nada que no sea el ejercicio de voluntad libre sobre las propiedades personales. Quien reclama que la silla de Villa es propiedad del pueblo mexicano tendría que mostrar en qué momento la silla cambio de propiedad perteneciendo a un país y no a una persona. Demostrar que antes la silla tuvo un propietario colectivo nacional (lo que sea que eso quiera decir).

En este caso, como fue reportada la noticia, la cadena de propiedad y su traslado es limpia y conocida, incluso después de ser robada se recuperó. Su dueño actual tiene el mismo derecho de venderla como la viuda de Villa de regalarla. Es un asunto de propiedad y libertad de posesión: el dueño puede hacer lo que quiera con la silla.

Incluso podría destruirla, si eso le place. Imagine usted esa posibilidad, la de destruir la silla. Si lo hace se perdería un objeto de cierto valor y el dueño actual comprende que no le conviene hacerlo. Si se quiere deshacer de ella, la puede vender en una buena cantidad. En la subasta el precio solicitado es de 2.5 millones de dólares. Muy claro es que no le conviene destruirla.

El mismo principio aplica a otros casos. Imagine usted una pintura de la época de la colonia que en cambios de propiedad termina en las manos de usted. La pintura es valiosa y suya. Nadie puede reclamar que es de los mexicanos. Usted la heredó de alguien que la compró, el que a su vez la recibió como regalo. ¿No le gusta la pintura? Véndala.

Mi punto es deshacerme de un clisé odioso por colectivista y fácil: no hay propiedades nacionales válidas y lógicas. Si acaso un campesino encuentra en sus tierras, un par de vasijas antiguas, que datan de varios siglos, ellas son suyas y de nadie más. Estaban en su propiedad. Pueden ser vasijas valiosas o no, que eso no importa, son del campesino porque no puede identificarse la cadena de propiedad anterior.

El principio debe aplicar como un eje central de determinación de propiedades personales. Por supuesto, se presentarán dificultades cuando los traslados de propiedad no sean claros. Por ejemplo, usted encuentra un tesoro sumergido en el mar dentro de un galeón español del siglo 16. ¿A quién pertenece? Podría ser suyo, pero quizá los descendientes del propietario original podrían presentar un reclamo.

También, imagine usted la propiedad de una joya en la actualidad, que usted heredó de su familia pero que en el siglo 17 fue robada por un pirata. ¿Difícil solución? Claro que sí. Pero aún así, el principio central es que la joya es propiedad de alguien concreto, no de un país y su gente.

La silla de Villa, según lo que se reportó, tiene una cadena legítima de propiedades en la que no parece haber irregularidades. Su actual propietario tiene todo el derecho de poseerla y, por tanto, venderla si quiere. Reclamar que esa silla es de los mexicanos es absurdo. Si algún mexicano la quiere, que la compre, la done a un museo y asunto arreglado.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


2 Comentarios en “La Silla de Villa”
  1. Ruben Rodriguez Dijo:

    El problema es que muchos siguen pensando – erróneamente – que ciertas cosas son "propiedad de la nación". Un ejemplo claro (y por el que he tenido que discutir varias veces) es el penacho de Moctezuma que se encuentra en un museo en Australia.

  2. ALBERTO GONZALEZ Dijo:

    El asunto es que alguien debe de validar la autenticidad de que pertenecio al gral. francisco villa no es creible que la sra. luz corral se la haya regalado al productor siendo que en esa epoca era muy pobre ella y no se podia dar el lujo de regalar una pieza asi de importante, ya cualquiera se quiere colgar del nombre de pancho villa para vender algo que no tiene el valor ni la originalidad de la historia no nos debemos dejar llevar por palabras lo importante son hechos que validen las cosas. NOTA DEL EDITOR: correcto y, si es cierto, el punto se mantiene, el propietario puede hacer con su propiedad lo que él quiera.





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