Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es Empresa, es Vaca
Eduardo García Gaspar
28 octubre 2010
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
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Es uno de los clisés más sagrados que se sufren en México. Está envuelto en un patriotismo fuerte y lo acompaña una comprensión desafortunada de soberanía. Me refiero a ese sentimiento que se expresa en la frase de que “Pemex es de todos los mexicanos y beneficia al país”.

No es propiamente una idea. Es más un sentimiento o una emoción y, por eso, es imposible de ser tratado de manera racional y demostrar su error. Su justificación es meramente romántica y apasionada, como lo es casi todo el nacionalismo, por lo que no aspiro a convencer a nadie convencido de que esa frase es falsa… todo lo que intento es mostrar la realidad.

Comencemos con un dato fascinante, el de la carga fiscal de empresas petroleras. Hace unas semanas, un reportaje (Grupo Reforma, 13 septiembre 2010) hizo una comparación. La carga fiscal del monopolio petrolero mexicano es de 58 por ciento sobre ingresos. Vendió en 2008, 98 mil millones y el gobierno le cargó 57 mil de impuestos de varios tipos.

La conclusión es lógica: efectivamente, Pemex produce ingresos sustanciales al gobierno y con esos ingresos se pagan buena cantidad de sus gastos. Lo interesante esta en la comparación con otras empresas petroleras. En Venezuela, esa carga fiscal es de 20 por ciento, casi tres veces menor a la de Pemex.

En Brasil, la carga fiscal a Petrobras, según el reportaje, es de 9 por ciento. En China es el 5, en España casi 3. En Noruega, 17. En fin, el punto está claro: la empresa estatal de petróleo en México tiene una carga fiscal exorbitante. Esto prueba sin duda una realidad: sí, es cierto que ese monopolio es la empresa que proporcionalmente más da a su gobierno.

Y, por esa razón, no hay duda de que es la empresa que más ayuda a cubrir el gasto del gobierno nacional. Por supuesto, no todo ese gasto se va a obras de beneficio público. Los ingresos de Pemex ayudan a pagar una gran burocracia y sus gastos anexos. Sólo una proporción reducida se usa en servicios públicos y similares.

Ahora la realidad puede percibirse con mayor exactitud: el monopolio mexicano sólo tiene esa justificación, la de pagar impuestos descomunales que se usan para cubrir una buena parte del presupuesto del gobierno. Eso es todo. No hay más. Pemex no es de los mexicanos, es del gobierno.

Suponga ahora usted otro escenario que complementa la realidad anterior. Imagine usted que se privatiza Pemex y que se vende en partes quedando tres o cuatro empresas privadas a cargo de la explotación del petróleo. En este caso, esas empresas pagarían impuestos similares a las de otras partes del mundo: quizá tan altos como en Francia (20%), o tan bajos como en España (3%).

El resultado neto sería una reducción de los ingresos gubernamentales (no necesariamente proporcional). No creo que exista inversionista alguno que se sienta atraído a invertir en una empresa que paga casi 60 por ciento de impuestos sobre ingresos, cuando otras existen que pagan hasta una 20 veces menos.

La cosa se pone aún más interesante por otra razón: bajo la fachada emocional y nacionalista, de que Pemex es de todos los mexicanos, hay una realidad mucho más pedestre, la de que sólo siendo propiedad estatal es posible ordeñar en tal cuantía a esa empresa. No hay accionistas que protesten. Y, lo mejor, no hay quiebra posible. Si se necesita, el gobierno la mantendrá viva todo lo que pueda, con prestamos externos.

Con esto nos acercamos al final. No hay manera de que una empresa puede permanecer viva con esa carga fiscal. No contará con fondos para exploraciones, investigaciones, construcciones, inversiones. Los fondos que podrían haberse usado así, se han ido al presupuesto de gasto federal.

Tarde o temprano, abierta o calladamente, la empresa enfrentará crisis. Podrá solventar muchas, pero será cada vez más débil y endeudada. Todo, porque no es vista como una empresa sino como una fuente sin fondo de ingresos. Así será tratada, como un botín porque en realidad a nadie se le presentan cuentas, nadie en lo personal ha invertido dinero allí por decisión personal.

Estas y otras razones pueden usarse para probar la terrible miopía de tratar a Pemex no como si fuese una empresa y demostrar que es una fantasía creer que la empresa es de todos y que es fuente de soberanía. No es de todos, es de la burocracia en turno. No es fuente de soberanía, es causa de pobreza.

Post Scriptum

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