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Marx: Tejido de Falacias
Selección de ContraPeso.info
1 enero 2011
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
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Este resumen toma una idea de Rothbard: su crítica del materialismo histórico y las falacias que contiene, tantas que resulta imposible defenderlo. Sin embargo, la herencia intelectual que ha dejado es de consideración a pesar de su falsedad.

Aún hoy, nociones como la lucha de clases son usadas para explicar la realidad dando como resultado explicaciones tan falsas como lo es el materialismo dialéctico. Quizá un análisis como éste ayude a retirar parte de esa mala herencia mental.

La idea fue encontrada en Rothbard, Murray Newton (1995). CLASSICAL ECONOMICS: AN AUSTRIAN PERSPECTIVE ON THE HISTORY OF ECONOMIC THOUGHT. Aldershot, Hants, England ; Brookfield, Vt., USA. E. Elgar Pub, pp. 371-385

El autor examina en esta parte el sistema marxista, en concreto, el materialismo dialéctico, la lucha de clases, la noción de ideología y el concepto de clase social.

Su primer paso, sin embargo, es ver un punto general: la estrategia marxista en la dialéctica materialista de la historia.

Es una dialéctica que, según Marx, tiene poder para hacer comprender todo cambio histórico y que permite pronosticar el arribo de una inevitable revolución comunista.

Son los terrenos en los que cabe la lucha de clases y que fueron presentados por Marx de manera no sistemática, en partes de obras y en pasajes que se encuentran esparcidos. Obviamente esto presenta una dificultad mayor.

Además, el examen se complica por la terminología usada, que es siempre vaga y confusa, sin que exista una expresión clara de las leyes y los principios que propone.

Marx reclama el haber descubierto leyes en la historia, a las que considera científicas y no místicas, con las que realizó pronósticos que han sido totalmente erróneos (lo que ha dado material infinito a los marxistas para justificar esos errores).

La dialéctica materialista se sustenta en la creencia de sociedades humanas en las que al mismo tiempo y en las mismas situaciones suceden conflictos o tendencias que se contradicen, lo que hace sencillo predecir cualquier cosa: sólo basta determinar lo que alguien considera una contradicción en cierto momento y la predicción será sencilla.

Esto mismo escribió Marx a Engels al mencionar que pronósticos suyos hechos en una columna para el New York Tribune le darán la razón suceda lo que suceda.

En resumen, Rothbard señala una estrategia marxista que se sustenta en una presentación revuelta de ideas que usan términos vagos, dentro de una dialéctica con mecanismos ambiguos, que permite predecir lo que sea y que al final el mismo autor acepta haber fracasado.

A continuación, como primer paso específico, se examina el materialismo histórico, un nodo clave para el sistema marxista.

La base del materialismo histórico está en un concepto, el de las fuerzas materiales de producción. Son las fuerzas que producen todos los sucesos y cambios en la historia, pero que nunca son definidas con claridad.

Quizá lo mejor que puede hacerse, según Rothbard, es entenderlas como métodos tecnológicos de producción, como el uso del vapor o la electricidad.

A las fuerzas materiales de producción, Marx añade otro concepto, el de modos de producción, que parecen poder también entenderse como lo mismo que las fuerzas materiales de producción, es decir las tecnologías de producción.

Estos modos de producción son la causa única de otro concepto vago, el de las relaciones de producción o relaciones sociales de producción.

Básico es comprender que según Marx las relaciones de producción o relaciones sociales de producción se crean sin importar la voluntad de las personas. Puede pensarse que este nuevo concepto se refiere a las relaciones legales y de propiedad.

Ahora, se toman a las relaciones de producción, todas ellas, para formar la estructura económica de la sociedad que es la base de otra cosa, a la que Marx llama superestructura y que incluye todo el resto de la sociedad: religión, ciencias naturales, filosofías y todas las formas de conciencia.

En resumen, lo que Marx propone es un materialismo histórico que se sustenta en las fuerzas materiales de producción o los modos de producción, los que en total producen otra cosa que se llama relaciones sociales de producción y que forman la estructura económica de la sociedad.

Sobre esa estructura se crea a su vez el resto de la sociedad, la superestructura.

En las misma palabras de Marx puede verse más o menos claro el mecanismo de cambios históricos, cuando escribió que el molino manual produjo al señor feudal y el molino de vapor al industrial capitalista.

En otras palabras, todo cambio histórico se debe a un cambio en la tecnología de producción y nada más que eso. Es una mono-causalidad tecnológica de toda la historia.

La falacia primera es sencilla de encontrar al tratar de explicar de dónde procede la tecnología. Marx la toma como dada y no da más explicaciones.

Si Marx aceptara que la tecnología es producida por la mente humana, su materialismo se destruiría. La propuesta de Marx es que la tecnología dicta al resto de las personas, independiente de su voluntad y conocimiento.

Si no explica el origen de los modos de producción, es decir de la tecnología, tampoco explica el origen de los cambios tecnológicos. Simplemente Marx los introduce en sus sistema sin explicación. Los cambios tecnológicos, los que sean, aparecen sin que se explique cómo sucedió.

Las máquinas, dice Rothbard, son ideas que han tomado cuerpo. La tecnología requiere de invenciones previas, lo que requiere capital y ahorro. Son los derechos legales y de propiedad los que determinan si hay o no ahorro e inversión y de allí procede la tecnología.

De las ideas, principios, leyes y propiedades viene la tecnología, no al revés.

Y más aún, sin división de trabajo, no habría inversión en máquinas. En lenguaje marxista es la superestructura la que crea la base y no al revés, como afirma Marx.

Pero hay otra falla en esa explicación de la historia por medio del materialismo marxista. La existencia de la misma tecnología en tiempos de los sumerios, no produjo allí al feudalismo. Y, dice Rothbard, hubo capitalismo antes de la tecnología que según Marx originó al capitalismo.

Al ver una exhibición de locomotoras eléctricas, Marx apuntó que la electricidad causaría la inevitable revolución comunista.

Debería el materialismo histórico tener además otra explicación: si la base tecnológica determina en cada momento a la superestructura existe la posibilidad de que un cambio en los modos de producción modifique suavemente a la superestructura y no violentamente con una revolución.

Más aún, si la tecnología determina a las relaciones sociales, debe haber algo que retrase el cambio y eso no puede ser el factor humano por definición. Tiene que ser otra cosa, porque las personas no tienen voluntad según el materialismo dialéctico.

La explicación es una dada, sin razones: las relaciones de producción encadenan a las fuerzas productivas y nada más, sin explicación de otras posibilidades.

Si se quiere tener un mecanismo de causas, él es el opuesto al de Marx: de las ideas se va a los sistemas de propiedad que fomentan o impiden el crecimiento del ahorro y la inversión, y, por tanto, del desarrollo tecnológico.

Los marxistas han querido salir del problema argumentando que la relación señalada por Marx no es lineal, y que a veces la superestructura influye en la base, lo que contradice lo escrito por Marx: la historia está afectada por una sola causa, la tecnología (cuyo origen no se explica).

De allí pasa Rothbard a examinar la lucha de clases, otro concepto fundamental del materialismo dialéctico.

Si cabe la posibilidad de que exista una contradicción continua entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción sin que suceda otra cosa más, el marxismo da entrada a la lucha de clases. Ella es la causa que mueve hacia la revolución que no hay manera de evitar.

Las clases son creadas por las relaciones sociales de producción: las clases dominantes son las que encadenan o impiden el cambio de la clase que emerge. Entre las dos clases surge un conflicto que sigue sin remedio el proceso del materialismo dialéctico y hace triunfar a la nueva clase.

El triunfo de la nueva clase da pie a una nueva época en la que todo sucede normalmente, hasta que surge algún desarrollo tecnológico que establece una contradicción y por tanto, otro conflicto entre la clase dominante del momento y la nueva clase que surge.

Entonces, para el marxismo el materialismo dialéctico explica que dentro de un cierto sistema socio económico, como por ejemplo, el feudalismo, surge una contradicción, la que sea, por causas tecnológicas que le hará desaparecer para dar lugar a la siguiente inevitable etapa, el capitalismo, por ejemplo.

A su vez en el capitalismo se presentará otra contradicción, también por motivos tecnológicos, que inevitablemente dará lugar a otra etapa, en este caso el triunfo de otra nueva clase que surge y es opuesta a la clase dominante anterior.

Esa explicación tiene un problema, pues no hay una asociación entre una cierta tecnología y una cierta clase. ¿Qué relación hay entre el molino manual u otras herramientas de esos tiempos y los señores feudales?

Ellos muy bien podrían haber usado innovaciones, como las máquinas de vapor. Y los capitalistas podrían pasar del vapor a la electricidad.

Además, debe explicarse la razón por la que después de la revolución proletaria que sigue sin remedio después del capitalismo, allí se detiene todo.

Sería más lógico seguir el proceso y proponer que los nuevos tiempos después del capitalismo también contendrán otra contradicción por causa de un cambio tecnológico.

La nueva edad a la que se llegará, dice Marx, es una sociedad sin clases, de absoluta igualdad, sin gobierno y sin división del trabajo. Esta idea ha sido ampliamente criticada porque la nueva época en realidad si tendrá clases, la de los gobernantes y la de los gobernados.

Marx no puso mucha atención en la descripción de los nuevos tiempos, su interés, dice Rothbard, estaba enfocado a explicar los cambios y el arribo de la sociedad sin clases.

Viene ahora el turno del examen de la ideología.

La tesis de Marx es que cada persona tiene sus ideas y pensamientos predeterminados por la clase a la que pertenece. No sus intereses individuales, sino los de su clase, lo que es una falla grande.

No hay respuesta para la pregunta lógica siguiente, la de qué es lo que hace que la persona deje de lado a sus intereses propios y considere los de su clase exclusivamente.

Lo que Marx dice es que el interés de clase determina todo el pensamiento de la persona, su ideología, es decir, una falsa conciencia para la defensa de la clase a la que pertenece. Es otra falla del marxismo.

Si la persona defiende sin saberlo una ideología de clase, entonces eso mismo hacen Marx y Engels, ambos claramente burgueses. Nada hay que justifique que ellos son la excepción a la regla que proponen (aunque se ha argumentado que los intelectuales con la excepción de las reglas que ellos propone para los demás).

La ideología que las personas tienen, la involuntaria que defiende a su clase, es falsa según Marx. Por tanto, habría que responder por qué le sirve mejor a una clase una ideología falsa que una verdadera.

Y más aún, realmente no hay necesidad de ideología alguna para mantener oprimido a nadie, ya que según los mismos marxistas, el cambio histórico será dependiente de las fuerzas materiales de producción y no de la voluntad humana.

Muy ligado a todo lo anterior está el concepto de clase y que es vital para el materialismo dialéctico. Una clase social es un grupo de personas que tienen algo en común, dice Rothbard, como por ejemplo, las personas que miden más de 1.90 m.

La posibilidad de tener clases de personas no tiene límite. Para algunos usos, estas clases pueden ser de utilidad.

Ninguna de las clases posibles interesa a Marx, a menos que ellas puedan estar en conflicto inherente. Dentro de un mercado libre, no existe ese conflicto, ya que las personas actúan siguiendo sus propios intereses en actividades de coordinación mutua, no los de su clase.

Sin embargo, sí existe una realidad de conflicto entre clases, cuando algunas de ellas usan el poder estatal. Una clase será la beneficiada y otra la dañada.

En el sistema marxista, existen dos grandes clases nada más, quienes dominan y quienes son dominados.

Esto es claro en el análisis marxista del despotismo oriental, donde existe la clase dominante que usa el poder gubernamental en su provecho, y la clase dominada por la anterior. Es claro que se trata del poder gubernamental como criterio de creación de las dos clases.

Sin embargo, ese criterio cambia en el sistema marxista cuando llega a la época capitalista. El cambio no es explicado. Ahora la clase dominante es otra distinta, e incluye a quien contrata trabajadores, no sólo quien tiene el poder político.

Es cierto que Marx pensaba que la clase capitalista dominaba el estado, aclara Rothbard, pero sólo como el ejecutor de la clase gubernamental previa a la existencia de la contratación de obreros.

Este cambio produce una situación única no explicada: la opresión de tiempos anteriores de una clase sobre otra se da en dos planos y no en uno, el estatal y el de contratación.

Marx afirma además que el interés capitalista es uno de clase, una tesis que no explica la competencia que se da entre las empresas y que no muestra ningún interés en común.

Excepto que ese interés capitalista se concreta, por ejemplo, con las empresas de un sector que buscan la intervención estatal en su beneficio. Ese interés sectorial no existe antes de la intervención estatal, es ella la que lo crea, no el mercado libre.

Tampoco, sigue Rothbard, existe un interés de clase en los trabajadores.

Entre ellos también hay competencia, como entre las empresas. Y si alguna parte de los trabajadores se une convenciendo al gobierno de darles privilegios especiales, entonces sí puede hablarse de un interés de grupo. El que lo crea es el gobierno, no un mercado libre de esa intervención.

Es decir, cualquier grupo o clase, como sea que se defina, puede crear intereses de clase sólo cuando el gobierno intervenga otorgando privilegios. Puede ser un grupo de empresarios, un sindicato de trabajadores, un partido político, o cualquier otro grupo.

El conflicto entre clases sólo puede ser creado por la intervención estatal. No existe dentro de un mercado libre.

Marx enfrentó una dificultad, la realidad de que los capitalistas no actúan como miembros de una clase monolítica. Tampoco los trabajadores.

En la realidad se tiene un mundo mucho más complejo que no admite con facilidad un análisis basado en la existencia de dos clases plenamente identificadas y únicas. Pero eso era lo que el marxismo necesitaba para sustentar el materialismo dialéctico.

En sus escritos, dice Rothbard, Marx y Engels se vieron forzados a hablar de muchas clases y de diversos grupos, reconociendo de manera implícita la debilidad del mecanismo de las dos clases únicas.

Es imposible estudiar los complejos eventos de la historia con una herramienta tan primitiva como el conflicto entre dos clases.

Dice Rothbard que en los millones de palabras dedicados a tratar la noción de clase, Marx jamás la definió. Incluso reconoció que existen grupos intermedios, como la clase media, lo que según él era irrelevante porque la polarización social era inevitable y avanzaba.

Y, además, de manera explícita se reconoce esta falla en las mismas palabras de Marx, en el último capítulo del Capital III.

Examinar uno de los pilares del marxismo, el materialismo dialéctico, es de utilidad a pesar de ser una idea ya abandonada. Por principio de cuentas, es un acto que ayuda a ejercitar la habilidad de análisis encontrando fallas y errores.

Pero, sobre todo, pone sobre la mesa un hecho notable, el de que una teoría como el marxismo, tan falsa y llena de errores, haya cautivado a tantos durante tanto tiempo, incluso ahora.

Ha sido dicho, y Rothbard también lo menciona en otras partes, que los autores que escriben de manera confusa, vaga y contradictoria, creando teorías enormes en millones de palabras que quieren explicarlo todo, tienen un atractivo especial: la creación de acólitos cuya misión en la vida es aclarar lo que su héroe intentó decir y por qué no puede ser desechado a pesar de todos sus errores.

En la página 433, Rothbard escribe,

Así, Karl Marx creó lo que parece al observador superficial un sistema impresionante e integrado de pensamiento, que explica a la economía, a la historia del mundo e incluso el funcionamiento del universo. En realidad él creó un real tejido de falacias. Todos y cada uno de los puntos nodales de su teoría es equivocado y falaz…

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


4 Comentarios en “Marx: Tejido de Falacias”
  1. romulo Dijo:

    buen dato

  2. José Luís Samper Dijo:

    Pues sí, el marxismos no es otra cosa que un espectro, y como tal se nutre y crece de la oscuridad. La presencia de la luz lo desvanece.

  3. Corina Dijo:

    Eso pasa cuando los humanos quieren convertirse en Dios, es el engaño para la humanidad que viene desde que Eva y Adan cayeron ante el encanto de la serpiente, en que los humanos pueden ser superiores a Dios, Y ahi estan las consecuencias-

  4. droctavio Dijo:

    Con respeto al autor del resumen, anoto que Rothbard fue un gran economista y que este es un ejemplo de su manera de pensar, siempre congruente con ideales libertarios. El resumen pone énfasis en las partes medulares de su crítica.
    No creo que sea porque se haya creido Dios, aunque hay evidencias de enorme soberbia en su persona, pero Marx sí acomodó la realidad a una teoría demasiado estrecha, que era la suya con leyes inevitables.





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